Blog Las micro, pequeñas y medianas empresas como punto de entrada para mejorar la alimentación de los consumidores en los barrios informales de África
La Alianza de Bioversity International y el CIAT trabaja con micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) de Kenia para mejorar el acceso a alimentos inocuos, nutritivos y asequibles mediante innovaciones en los mercados, el procesamiento y la gestión de residuos, contribuyendo así a dietas urbanas más saludables.
El tema del Día Mundial de la Alimentación 2025 —"De la mano por una mejor alimentación y un futuro mejor"— refleja estrechamente los esfuerzos de colaboración de la Alianza para impulsar la transformación de los sistemas alimentarios en países de ingresos bajos y medianos. Las mipymes desempeñan un papel fundamental para que los alimentos nutritivos estén disponibles, sean accesibles y tengan precios asequibles, en especial para los consumidores de bajos ingresos que viven en asentamientos informales. Trabajar de la mano con estas empresas contribuye a crear un entorno propicio para una transformación inclusiva y sostenible de los sistemas alimentarios. A continuación, compartimos algunos ejemplos del trabajo de la Alianza con mipymes en África.
Al amanecer, en los mercados informales de Kisumu, el aroma del pescado fresco se mezcla con el olor terroso de las hortalizas africanas de hoja y otros productos alimenticios. Allí, los vendedores organizan cuidadosamente sus productos sobre sacos, papeles y otros materiales extendidos sobre el suelo, o sobre plataformas elevadas de madera, un pequeño gesto que cuenta una gran historia y anuncia una revolución silenciosa en la forma en que se manipulan, comercializan y perciben los alimentos. No son solo mujeres y hombres de negocios; son actores de primera línea en una misión más amplia: lograr que los alimentos nutritivos sean más inocuos, asequibles, disponibles y accesibles para todos.
En los extensos asentamientos informales y los dinámicos corredores comerciales de las zonas urbanas y periurbanas de África, las mipymes hacen mucho más que vender alimentos: influyen en las dietas, sostienen medios de vida y conectan la producción agrícola con el consumo. Estas actividades conforman una parte esencial del entorno alimentario africano, en especial para los millones de consumidores de bajos ingresos que dependen de ellas a diario.
Cuando cuentan con el apoyo adecuado, las mipymes pueden mejorar la alimentación, aumentar los ingresos, generar empleo y facilitar el acceso de las familias de bajos ingresos a alimentos nutritivos.
Consciente de este potencial, el equipo de Entorno Alimentario y Comportamiento del Consumidor (FECB, por sus siglas en inglés) de la Alianza lleva años trabajando en varios países africanos para apoyar a las mipymes, no solo como unidades de negocio, sino como agentes de transformación capaces de promover dietas más saludables, sistemas alimentarios más inocuos y un crecimiento económico inclusivo. Nuestro trabajo abarca diversas regiones de Kenia, desde los dinámicos asentamientos informales de Kisumu y las pequeñas fincas y empresas de Makueni, hasta los corredores de innovación de Nairobi, las cocinas de emprendimientos en Embu y las iniciativas de gestión de residuos en Kiambu y Nairobi. Mediante innovaciones adaptadas a cada contexto, alianzas y fortalecimiento de capacidades, estas intervenciones contribuyen a crear un entorno alimentario más sensible a la nutrición y resiliente.
Créditos de las fotos: arriba a la izquierda: CIAT/Nicanor Odongo; abajo a la izquierda: IITA/Hezekiah Korir; derecha: Biovision Foundation/Noor Khamis. Las dos últimas fotos de la parte inferior: Comfort Worms/George Muturi.
Esta es la historia de cómo el equipo de FECB, mediante un trabajo focalizado con mipymes en Kenia, está construyendo un sistema alimentario más saludable e inclusivo: un mercado, un vendedor y una innovación a la vez.
Revitalización de las hortalizas de hoja africanas y los mercados de pescado en Kisumu
En Kisumu, en el oeste de Kenia, las hortalizas de hoja y el pescado fresco que llenan los puestos de los mercados cada mañana son mucho más que alimentos básicos: constituyen un sustento esencial. Sin embargo, a pesar de su potencial, quienes participan en estas cadenas de valor suelen trabajar en condiciones poco higiénicas, con escasa capacitación empresarial y un acceso limitado a los mercados.
Esto comenzó a cambiar gracias al proyecto HealthyFoodAfrica, en el que los investigadores del FECB que trabajan en el Kisumu Food System Lab (FSL-Ki) colaboraron con el Gobierno del Condado de Kisumu, vendedores de mercado y procesadores de hortalizas africanas de hoja (ALV) y pescado en asentamientos urbanos informales de Kisumu para replantear estas cadenas de valor desde sus bases. Los vendedores recibieron capacitación en gestión empresarial, educación financiera e inocuidad alimentaria, lo que les permitió administrar sus negocios de forma más eficiente e higiénica. En el mercado de pescado se introdujeron rejillas de secado para evitar que el pescado y sus productos se secaran directamente sobre el suelo. También se incorporaron plataformas y puestos elevados para que los vendedores pudieran colocar el pescado y las hortalizas sobre superficies limpias y elevadas, en lugar de hacerlo sobre pisos polvorientos o plataformas de madera difíciles de limpiar: una medida sencilla, pero de gran importancia para mejorar la inocuidad de los alimentos. Las rejillas de secado y las plataformas elevadas también tienen en cuenta las necesidades de las mujeres, ya que son ligeras y plegables, lo que facilita que las vendedoras puedan trasladarlas de un lugar a otro.
Crédito de la foto: CIAT/Christine Chege (proyecto HealthyFoodAfrica)
La educación nutricional se integró en cada interacción, para garantizar que los vendedores no solo ofrecieran alimentos saludables, sino que también comprendieran su valor y pudieran promoverlo. Al fortalecer los vínculos con los mercados y ampliar el acceso a infraestructura de venta más segura, el proyecto está ayudando a que las hortalizas de hoja africanas y el pescado —ambos alimentos ricos en nutrientes— lleguen a más hogares en los asentamientos informales, donde la diversidad de la dieta suele ser limitada. A medida que estos pequeños actores fortalecen su posición en el mercado, no solo contribuyen a alimentar a las familias, sino también a impulsar un sistema alimentario urbano más inclusivo y nutritivo.
Estos cambios pueden parecer sencillos, pero tienen un impacto profundo. Con mayores conocimientos y una mejor infraestructura de mercado, los vendedores reportan mejores ventas, relaciones más sólidas con sus clientes y un creciente orgullo por su trabajo.
Los consumidores, a su vez, tienen acceso a alimentos más frescos, inocuos y diversos, directamente en sus propios barrios.
No se trata solo de una mejora del mercado. Es un cambio en términos de dignidad, salud y oportunidades.
Conectando a los agricultores orgánicos con las mesas urbanas: la historia de Viwandani y Makueni
Una historia diferente se desarrollaba en el corredor de Viwandani-Makueni. Por un lado, pequeños productores de Makueni cultivaban frutas y hortalizas orgánicas, pero tenían un acceso limitado a mercados estables para comercializar sus productos. Por el otro, los habitantes de Viwandani, una zona de bajos ingresos de Nairobi, tenían dificultades para encontrar frutas y hortalizas inocuas y asequibles.
Imagina un tomate cosechado esta misma mañana en la zona rural de Makueni y servido esa misma tarde en un plato en Nairobi: inocuo, orgánico y asequible. Esa es la visión que impulsa nuestro proyecto Viwandani–Makueni, que busca cerrar la brecha entre productores y consumidores mediante educación, inocuidad alimentaria y mejores vínculos con los mercados.
Al reconocer esta desconexión, el equipo de FECB y sus socios comenzaron a trabajar para fortalecer las capacidades de los agricultores, de modo que pudieran producir alimentos orgánicos, nutritivos e inocuos y, al mismo tiempo, desenvolverse mejor en los sistemas de mercado que determinan si esos productos llegan a los consumidores. Nuestro enfoque comienza en el suelo. Los agricultores reciben capacitación para cultivar frutas y hortalizas de forma orgánica y segura, garantizando que lo cosechado no solo sea nutritivo, sino también libre de insumos nocivos. Al mismo tiempo, se sensibiliza a las comunidades urbanas sobre el valor de los productos orgánicos e inocuos, lo que contribuye a aumentar la demanda y generar nuevas oportunidades de mercado. A través de la capacitación y el intercambio de conocimientos en las comunidades, tanto agricultores como vendedores comenzaron a adoptar prácticas de inocuidad alimentaria y a comprender el valor de los productos orgánicos, tanto para la salud como para diferenciarse en el mercado.
Crédito de la foto: Fundación Biovision/Noor Khamis
Al vincular directamente a los productores de Makueni con los mercados de Viwandani, los consumidores de esta zona pueden acceder a productos frescos e inocuos. Esta conexión directa hace más eficiente la cadena de suministro y reduce los costos de transacción, lo que permite ofrecer los productos a precios más asequibles para el consumidor final.
Fue mucho más que una intervención para conectar la producción con el mercado. Se trató de un esfuerzo por transformar la dinámica del mercado, alentando a los consumidores urbanos a priorizar alimentos inocuos y libres de químicos, al tiempo que se facilitaba a los agricultores rurales el acceso a esos nuevos mercados sin múltiples intermediarios. Acortar la cadena de suministro no solo permitió ofrecer alimentos nutritivos y asequibles a los habitantes urbanos de bajos ingresos, sino también precios más justos y mayores ingresos para los productores rurales. En la práctica, se creó un círculo virtuoso: fortalecer los medios de vida rurales mientras se mejora la alimentación de la población urbana, demostrando que incluso intervenciones relativamente sencillas pueden conectar sistemas alimentarios fragmentados en beneficio de todos.
Aprovechar la innovación digital con las mipymes: una nueva red alimentaria urbana
Con una red de más de 35.000 vendedores de alimentos, Twiga Foods —una empresa keniana de agtech y logística— representa uno de los modelos más ambiciosos para transformar las cadenas de suministro de alimentos en las ciudades. Los investigadores de FECB identificaron una oportunidad: ¿y si esta red pudiera aprovecharse no solo para generar beneficios económicos, sino también para impulsar sistemas alimentarios urbanos más inclusivos, seguros y con un mayor enfoque nutricional?
A través del proyecto Hungry Cities y en colaboración con Twiga, el equipo introdujo un conjunto de herramientas basadas en tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para mejorar la coordinación entre vendedores, reforzar la trazabilidad y optimizar la logística de distribución. Estas herramientas digitales facilitan una mejor comunicación a lo largo de toda la cadena de valor —desde la finca hasta el punto de venta— y ayudan a integrar a los vendedores de los asentamientos informales en esta red en evolución.
Es importante señalar que la inocuidad alimentaria siguió siendo una prioridad. Los vendedores recibieron capacitación sobre manipulación adecuada de alimentos y buenas prácticas de inocuidad, lo que ayudó a reducir las pérdidas poscosecha en los mercados y a garantizar que los alimentos llegaran frescos y libres de contaminación.
Para los consumidores, especialmente quienes viven en asentamientos informales con acceso limitado a supermercados, esto se tradujo en precios más estables y una disponibilidad constante de alimentos inocuos y nutritivos.
Pero quizá el aspecto más transformador fue la inclusión. Al incorporar a pequeños vendedores —a menudo ignorados— en una cadena de suministro apoyada por tecnología, el proyecto abrió nuevas oportunidades de ingresos y fortaleció el papel del sector alimentario informal en el abastecimiento de las ciudades y el sostenimiento de los medios de vida, un logro clave en un contexto de creciente desigualdad urbana.
En un sistema donde las pérdidas son elevadas y los márgenes reducidos, el modelo de Twiga, respaldado por los hallazgos de nuestra investigación, está ayudando a cambiar esta realidad. No solo se pierde menos alimento, sino que una mayor proporción llega a los consumidores en mejores condiciones, de forma más segura y a precios más asequibles. ¿El resultado? Negocios más eficientes, mayores ingresos para empresas y productores, y mejores dietas para la población urbana de bajos ingresos en Kenia.
Potencial bajo presión: reinventar los snacks y recuperar los cereales en Embu y Nairobi
Los snacks están en todas partes: en las loncheras escolares, en los puestos al borde de la carretera e incluso en los estantes de los supermercados. Pero en Embu y Nairobi, una revolución silenciosa está transformando lo que significa consumir snacks en términos de salud, tradición y oportunidades.
La iniciativa surgió a partir de dos preguntas: ¿y si un puñado de cereales olvidados pudiera dar origen a todo un movimiento? ¿Cómo podemos recuperar cultivos tradicionales y subutilizados de una manera atractiva, rentable y nutritiva?
Esa es la idea que inspira nuestro trabajo con la tecnología de inflado a presión. A partir de investigaciones que evidenciaron la pérdida de diversidad en las dietas y el abandono de cultivos tradicionales, la iniciativa recupera cereales y legumbres ricos en nutrientes, como el sorgo, el mijo perla y los fríjoles jacinto y mungo, no en forma de harina o papilla, sino como snacks modernos y sabrosos.
El equipo de FECB se asoció con DK Engineering Ltd., empresa que desarrolló y fabricó localmente la máquina de inflado a presión. Esta innovación ha llegado a emprendedores y grupos comunitarios, que han recibido capacitación para utilizar el equipo tanto en la alimentación del hogar como en pequeños negocios. No se trataba solo de introducir nuevas máquinas, sino de recuperar el patrimonio alimentario y adaptarlo —de forma atractiva y deliciosa— a los estilos de vida actuales, marcados por un ritmo acelerado.
Los emprendedores y los grupos comunitarios adoptaron rápidamente la innovación, entre ellos Elizaphan Gichangi, de Embu, uno de los primeros en incorporarla. Desde que adquirió una máquina en 2016, Gichangi ha observado un aumento en la demanda de granos que antes eran poco valorados. "Ahora la gente está sembrando lo que antes ignoraba, y también lo está comprando", afirmó. Al adoptar esta tecnología, comenzaron a recuperar cultivos subutilizados, ampliar su producción y generar nuevas fuentes de ingresos mediante la venta de snacks saludables y asequibles. Para mujeres y jóvenes, esto se convirtió en algo más que una oportunidad de negocio: abrió una vía hacia una mayor inclusión económica.
También se promovieron tecnologías complementarias, como parrillas manuales y equipos para elaborar snacks inflados, por su bajo costo y facilidad de uso. Esto permitió que incluso las mipymes más pequeñas pudieran incursionar en la producción de snacks sin necesidad de realizar grandes inversiones iniciales. Con cada grano inflado, esta innovación contribuye a combatir la malnutrición, reducir el desperdicio de alimentos y generar oportunidades de empleo rural, demostrando cómo el conocimiento alimentario tradicional y la tecnología moderna pueden integrarse para responder a los desafíos actuales de los sistemas alimentarios.
No se trata solo de snacks. Se trata de impulsar economías locales circulares, reducir el desperdicio de alimentos y convertir los desafíos nutricionales en oportunidades de emprendimiento, grano a grano.
Producción y consumo sostenibles: transformación de las cadenas de valor de frutas en Makueni
En los campos secos y bañados por el sol del condado de Makueni, los mangos prosperan. Su madurez dorada es motivo de orgullo y una fuente de ingresos para los agricultores locales, pero también de preocupación. Debido a los cortos periodos de cosecha y al acceso limitado a almacenamiento en frío, hasta el 60 % de los mangos cosechados se pierde antes de llegar al mercado. En una región que ya enfrenta una alta variabilidad climática y márgenes de ganancia reducidos, este nivel de desperdicio es más que una oportunidad perdida: es un problema sistémico.
En el marco de la Iniciativa de CGIAR sobre Agroecología, el equipo de FECB, junto con otros investigadores de la Alianza, centros de CGIAR y socios, se propuso cambiar esta situación. ¿El objetivo? Integrar principios agroecológicos en la cadena de valor del mango, fortalecer los vínculos comerciales entre los productores y la empresa procesadora, y demostrar cómo las pequeñas y medianas empresas (pymes) pueden impulsar la transformación hacia sistemas alimentarios sostenibles mediante prácticas de producción y consumo responsables, mejores vínculos con los mercados para reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos, y la aplicación de principios de economía circular para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
En el centro de la solución se encontraba un procesador privado innovador, una pequeña empresa con grandes ambiciones. Esta adquiría mangos de grupos de productores comprometidos con prácticas agrícolas orgánicas y agroecológicas, y comenzó a transformar la fruta fresca en mango deshidratado destinado tanto al mercado local como a mercados internacionales. La Iniciativa de CGIAR sobre Agroecología capacitó a los productores de mango en la adopción de principios agroecológicos, prácticas de manejo de finca, enfoques de agricultura sostenible adaptada al clima, manejo del producto, fijación de precios y comercialización. La pyme, por su parte, recibió capacitación en varios temas, entre ellos principios agroecológicos, abastecimiento de productos, vínculos con los mercados y reciclaje de residuos.
El impacto fue inmediato: surgió un mercado estable para los agricultores, lo que ayudó a estabilizar sus ingresos y redujo de forma drástica las pérdidas asociadas a las ventas tardías, tanto para la empresa como para los productores. Sin embargo, la innovación no se detuvo en el procesamiento.
Uno de los desafíos persistentes para la empresa era el gran volumen de residuos de mango generados durante el procesamiento —cáscaras, semillas y fruta dañada—. Su disposición implicaba costos elevados, además de atraer plagas y generar preocupaciones ambientales. En colaboración con la Alianza y otros socios, la empresa introdujo una solución innovadora: el uso de la mosca soldado negra para reciclar estos residuos.
Al alimentar las larvas de mosca soldado negra con los residuos de mango, la empresa comenzó a producir fertilizante orgánico a partir del material resultante, un insumo rico y sostenible que ahora se vende a los agricultores a precios subsidiados. El efecto en cadena fue notable: la empresa redujo su volumen de residuos, los agricultores accedieron a insumos asequibles para la producción orgánica y la cría de mosca soldado negra se convirtió en una fuente viable de ingresos, a medida que el emprendimiento amplió su capacidad para aprovechar también los residuos de fincas cercanas.
Este modelo pone de relieve el papel fundamental de las mipymes en la transformación de los sistemas alimentarios mediante prácticas agroecológicas que mejoran la productividad y la salud ambiental. No es solo una historia sobre mangos, sino también sobre cómo fortalecer la resiliencia del sistema, promover la dignidad económica y fomentar la sostenibilidad a través de la innovación local.
Figuras: mango deshidratado para prolongar su vida útil y reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos. Crédito de la foto: Goshen Exporters Ltd./Alex Muli.
Imágenes: reciclaje de residuos mediante mosca soldado negra (BSF). Crédito de la foto: Goshen Exporters Ltd./Alex Muli.
Convertir los residuos de los mercados en oportunidades a través de las pymes: cómo unos mercados más limpios impulsan los negocios y la sostenibilidad en Kiambu
En muchos mercados locales, los residuos son mucho más que un problema visual: representan serios desafíos para la actividad comercial, la inocuidad alimentaria y el medio ambiente. Es comprensible que los consumidores duden en comprar alimentos a vendedores rodeados de basura. Además de ahuyentar a los compradores, los residuos orgánicos mal gestionados liberan metano, un potente gas de efecto invernadero que contribuye al cambio climático. Los malos olores deterioran la calidad del aire, mientras que los residuos se convierten en focos de proliferación de plagas y enfermedades. Cuando sus lixiviados llegan al suelo y a fuentes de agua cercanas, pueden contaminarlos con patógenos y un exceso de nutrientes, alterando los ecosistemas y poniendo en riesgo la salud pública.
¿Y si esos residuos pudieran transformarse en algo valioso?
Eso es precisamente lo que ha logrado la Iniciativa de CGIAR sobre Agroecología en el condado de Kiambu. El equipo de FECB, junto con otros miembros de la Alianza, centros de CGIAR y socios, trabajó con pymes para impulsar una solución sostenible: recolectar los residuos orgánicos de los mercados y reciclarlos para producir fertilizantes orgánicos ricos en nutrientes mediante compostaje en pilas alargadas y vermicompostaje con lombrices rojas.
Figura: Residuos del mercado. Crédito de la foto: Organic fields/Richard Mwangi.
Limpiar los mercados no solo mejora su apariencia: también beneficia de forma directa a los negocios, los consumidores, los productores y el medio ambiente. El modelo de la iniciativa es sencillo, pero eficaz:
- Recolectar los residuos orgánicos generados por los vendedores del mercado.
- Compostar los residuos mediante vermicompostaje con lombrices rojas y compostaje en pilas alargadas, para acelerar la descomposición y enriquecer el fertilizante.
- Vender el fertilizante orgánico resultante a agricultores locales, en especial a quienes practican agricultura orgánica o agroecológica.
Este enfoque de economía circular convierte un problema en una solución y genera múltiples beneficios: cultivos producidos de forma sostenible con fertilizantes orgánicos; mayor disponibilidad de alimentos sostenibles que contribuyen a dietas saludables; creación de empleo mediante la recolección de residuos y el compostaje; mercados más limpios que ofrecen un entorno de trabajo más agradable e higiénico para vendedores y clientes; mejores oportunidades de negocio, ya que los espacios limpios atraen a más compradores y favorecen las ventas; y menores emisiones, pues el compostaje reduce las emisiones de metano en comparación con la disposición de residuos en vertederos.
Un modelo para el futuro
El éxito alcanzado en Kiambu demuestra que la gestión sostenible de residuos no es solo una cuestión ambiental: también representa una oportunidad de negocio y una forma de contribuir a mejorar la alimentación de los consumidores. Al invertir en mercados limpios y soluciones circulares, las comunidades pueden generar beneficios económicos, sociales, sanitarios, nutricionales y ambientales.
Es momento de replantear nuestra visión de los residuos: no como una carga, sino como un recurso con potencial para ser transformado.
Una mirada más amplia: las mipymes como arquitectas de la resiliencia de los sistemas alimentarios
Al conectar los puntos —el vendedor de Kisumu, el agricultor de Makueni, el emprendedor de snacks inflados en Embu y los innovadores de mercado en Nairobi, Kiambu y Makueni— surge una imagen clara. No son actores secundarios. Son agentes de cambio discretos dentro de un sistema alimentario que necesita transformarse con urgencia.
Desde las hortalizas de hoja y las frutas orgánicas hasta los quioscos apoyados por herramientas digitales, los snacks tradicionales revitalizados y los modelos de reciclaje de residuos de mango y de los mercados, el trabajo del equipo de FECB demuestra que los pequeños actores pueden generar grandes transformaciones. Estas intervenciones no solo mejoran el acceso a alimentos nutritivos y su asequibilidad, sino que también generan empleo, promueven la inocuidad alimentaria, aumentan los ingresos de los actores del mercado y fortalecen a comunidades enteras.
Las mipymes pueden ser pequeñas, pero su potencial es enorme. Cuando cuentan con las herramientas, los conocimientos y el acceso a mercados adecuados, pueden convertirse en un motor fundamental para mejorar la alimentación en África.
A medida que seguimos ampliando y compartiendo estas innovaciones, nuestro compromiso se mantiene firme: trabajar de la mano con las mipymes para que los alimentos nutritivos, inocuos y asequibles estén al alcance de todos.
Sigamos construyendo: una pequeña empresa y un plato saludable a la vez. Porque, como muestran estas historias, invertir en las mipymes es también invertir en la salud y la dignidad de todo el continente.
El equipo
Christine Chege
Agri-Nutrition and Food Systems Scientist
Tosin Harold Akingbemisilu
Research Specialist
Consolata Nolega Musita
Research Fellow
Irene Mudiovo Induli
Research AssociateKevin Omondi Onyango
Senior Research Associate
Nicanor Odongo
Research Fellow
Rosina Wanyama
Scientist - Food Environment and Consumer Behavior
Yasuyuki Morimoto
Scientist
Irmgard Jordan
Senior Researcher Consultant
Céline Termote
Senior Scientist - Africa Regional Team leader Food Environment and Consumer Behavior
