Los sistemas agroalimentarios empiezan por el suelo
El suelo está vivo. Cuanto más saludable esté el suelo, mejor podrá sostener la vida vegetal, animal y humana.
La salud del suelo se define por su capacidad continuada para actuar como un sistema vivo vital dentro de los límites del ecosistema y del uso de la tierra.
Mientras que la gestión del suelo se ha centrado históricamente en la provisión de nutrientes y agua para la producción de cultivos, ahora reconocemos cómo el suelo regula el agua, proporciona hábitats, circula nutrientes, gestiona patógenos, reduce contaminantes y secuestra carbono.
Desafortunadamente, la capacidad del suelo para proporcionar estos beneficios se ha visto comprometida, y en la actualidad entre el 30 y el 60 % de las tierras agrícolas sufren degradación.
Mejorar la salud del suelo es uno de los objetivos clave de la agricultura regenerativa y la agroecología. Tiene importantes implicaciones para los sistemas agroalimentarios sostenibles adaptados al clima.
Medir la salud del suelo
A medida que las empresas y los responsables de la toma de decisiones ven la salud del suelo como una parte esencial de una agricultura más sostenible, los enfoques basados en la ciencia para abordar la complejidad de los suelos y sus interacciones dentro de los ecosistemas para la restauración y el seguimiento son cada vez más importantes. Es necesario tener en cuenta múltiples indicadores que representen procesos ecológicos y sean específicos de cada lugar. Comprender mejor la diversidad de las propiedades biológicas, químicas y físicas del suelo ayuda a los agricultores a adoptar enfoques pertinentes para cuidar la salud del suelo y prestar servicios ecosistémicos.