Research Articles Los bancos comunitarios de semillas muestran potencial como instituciones locales para la construcción de paz
Un estudio realizado en el norte de Etiopía, una región afectada por conflictos, analizó cómo los bancos comunitarios de semillas pueden fortalecer la confianza, la comunicación, la interacción social y la capacidad para resolver conflictos, revelando un papel social que va mucho más allá de la conservación de la diversidad de cultivos.
En las comunidades rurales del norte de Etiopía, una semilla puede representar mucho más que la promesa de una cosecha. Puede preservar la memoria de una familia sobre qué cultivos prosperan en suelos difíciles, conocimientos transmitidos de generación en generación y una forma de protección frente a la próxima sequía. Nuevas investigaciones sugieren que las semillas también pueden ofrecer a los vecinos un motivo concreto para reunirse, colaborar y comenzar a reconstruir la confianza.
Un estudio publicado en Peace and Sustainability analizó los bancos comunitarios de semillas de Ayba, Melfa y Wakaye, tres comunidades vulnerables al cambio climático de la región etíope de Tigray que han sido afectadas por conflictos armados. A partir de encuestas realizadas a 393 hogares rurales, los investigadores encontraron que la vinculación con algunos de estos bancos de semillas estaba asociada con mayores niveles de confianza, una mejor comunicación, interacciones sociales más frecuentes y una mayor capacidad para abordar conflictos.
Este hallazgo amplía la comprensión convencional de los bancos comunitarios de semillas. Estas instituciones gestionadas a nivel local se crearon originalmente para conservar la agrobiodiversidad y mejorar el acceso de los agricultores a semillas adaptadas a las condiciones locales. Su labor cotidiana suele incluir la multiplicación e intercambio de semillas, la selección participativa de variedades de cultivos, el almacenamiento colectivo y la preservación de conocimientos indígenas y locales. En el norte de Etiopía, los tres bancos surgieron a través de la iniciativa Seeds for Needs, que ayudó a los agricultores a identificar y probar variedades adecuadas para unas condiciones climáticas cada vez más variables.
Sin embargo, las mismas prácticas necesarias para gestionar un recurso compartido, como las semillas, también pueden transformar las relaciones entre las personas. Los agricultores se reúnen para tomar decisiones, acordar normas, compartir información y resolver desacuerdos sobre el acceso, las responsabilidades o la devolución de semillas. Mediante la cooperación continua en torno a un recurso que todos necesitan, un banco de semillas puede convertirse en un espacio donde los miembros de la comunidad aprendan que los compromisos se cumplen y que los problemas colectivos pueden resolverse.
Esta posibilidad ya se había planteado antes, principalmente a partir de investigaciones cualitativas, estudios de caso y evidencia anecdótica. Lo que hace relevante este nuevo estudio es su esfuerzo por medir esta relación de manera sistemática. La investigación evaluó seis dimensiones de la cohesión social: confianza, unidad, flujo de comunicación, interacción social, mitigación y resolución de conflictos, y percepción de seguridad.
Diferentes bancos de semillas, diferentes resultados sociales
Los resultados muestran que los beneficios para la construcción de paz no se generan de manera uniforme en todos los bancos comunitarios de semillas. En comparación con Melfa, los hogares vinculados al banco de semillas de Wakaye reportaron niveles significativamente más altos de confianza. Este resultado sugiere que Wakaye puede funcionar como una institución confiable y regida por normas, en la que los miembros de la comunidad confían en que los acuerdos serán respetados. En lugares donde los conflictos y las interrupciones han debilitado las instituciones formales, esa confianza puede convertirse en una base importante para la acción colectiva.
Ayba mostró un patrón más amplio. La vinculación con su banco de semillas se asoció con mayores niveles de confianza, una comunicación más sólida, una interacción social más frecuente y una mejor capacidad para gestionar conflictos, en comparación con Melfa. Estos hallazgos sugieren que parte del valor del banco puede residir en las actividades periódicas que promueve: intercambiar semillas, gestionar existencias, compartir conocimientos y tomar decisiones de forma colectiva.
Las diferencias entre los tres sitios son importantes. Un banco comunitario de semillas no genera cohesión por el simple hecho de almacenar semillas o llevar la etiqueta de "comunitario". Su forma de gobernanza, el liderazgo, los procesos de toma de decisiones y la capacidad de incluir a distintos grupos contribuyen a determinar si llega a convertirse en una institución común que goza de la confianza de la comunidad.
Las reglas transparentes para el préstamo de semillas, los registros abiertos, el acceso equitativo a las variedades y un liderazgo responsable pueden reforzar la percepción de equidad. Las jornadas de trabajo conjunto y el mantenimiento colectivo pueden fomentar un sentido compartido de responsabilidad. Las reuniones, los mecanismos de retroalimentación y los comités participativos pueden reducir la desinformación y ofrecer vías estructuradas para abordar los desacuerdos antes de que escalen.
Por ello, el estudio presenta los bancos comunitarios de semillas como posibles "infraestructuras para la paz": instituciones arraigadas en el territorio que generan oportunidades recurrentes de diálogo, cooperación y resolución no violenta de problemas. Su contribución a la construcción de paz se integra en la vida agrícola cotidiana, en lugar de plantearse como una intervención separada.
Un propósito común arraigado en las necesidades cotidianas
Las comunidades afectadas por conflictos no dejan sus desacuerdos fuera de un banco de semillas. Las divisiones relacionadas con la identidad, los recursos, el liderazgo o los agravios del pasado pueden persistir. Sin embargo, la dependencia compartida de un acceso confiable a semillas crea un propósito concreto en torno al cual la cooperación se vuelve posible y necesaria.
Los agricultores necesitan material de siembra adaptado a las condiciones locales. También necesitan sistemas para conservar variedades que, de otro modo, podrían desaparecer, así como mecanismos para preservar conocimientos sobre cultivo, alimentación y clima que rara vez quedan registrados en bases de datos formales. Gestionar estos recursos de manera colectiva puede favorecer un contacto sostenido entre las personas y hacer visible la cooperación.
Aquí reside el potencial social de los bancos de semillas. La confianza rara vez se reconstruye en una sola reunión; se fortalece cuando las personas intercambian información de forma recurrente, respetan las reglas acordadas, comparten responsabilidades y comprueban que los acuerdos colectivos generan beneficios concretos. Un banco de semillas que funciona bien puede aportar esa continuidad a la cooperación.
Otros hallazgos refuerzan la importancia de los espacios cotidianos. El acceso al agua por tubería mostró una fuerte asociación con una mayor interacción social y, en menor medida, con una mejor comunicación. Los investigadores sugieren que la infraestructura puede funcionar como un punto de encuentro social, al generar espacios y motivos para que los vecinos se reúnan. Por su parte, el empleo remunerado entre los jefes de hogar se asoció con puntuaciones más bajas en cinco de las seis dimensiones de cohesión, posiblemente porque deja menos tiempo disponible para participar en la vida comunitaria.
El acceso a internet arrojó otro resultado llamativo. La conectividad se asoció con una mayor unidad y un mejor flujo de información, pero también con menores niveles de confianza, menos interacción cara a cara, una menor capacidad para resolver conflictos y una percepción más baja de seguridad. El hallazgo no demuestra que el acceso a internet cause estos efectos, pero pone de relieve la importancia que siguen teniendo los espacios físicos donde las relaciones pueden mantenerse y los desacuerdos abordarse de forma directa.
Los beneficios de la construcción de paz requieren un diseño intencional
Los investigadores advierten que el estudio es transversal y se basa en gran medida en percepciones reportadas por los propios participantes. Aunque identifica asociaciones relevantes, no permite demostrar que la participación en un banco de semillas haya causado los resultados sociales observados ni determinar si estos se mantendrán con el tiempo. Estudios longitudinales, registros de asistencia y resultados documentados de resolución de conflictos podrían aportar evidencia más sólida.
A pesar de estas limitaciones, la investigación plantea una línea prometedora para el desarrollo agrícola, la adaptación al cambio climático y la recuperación posterior a los conflictos. Los programas que apoyan los bancos comunitarios de semillas podrían dar seguimiento a los cambios en la confianza, la participación y la resolución de conflictos, además de monitorear la diversidad y el acceso a semillas. La financiación climática y las iniciativas de desarrollo rural también podrían considerar la cohesión social como un resultado esperado, y no solo como un beneficio secundario.
Sin embargo, la principal lección es práctica: conservar semillas de manera colectiva también puede ayudar a preservar las relaciones, pero solo cuando la equidad, la inclusión, la rendición de cuentas y la sensibilidad al conflicto forman parte del diseño de la institución. Un banco de semillas mal concebido puede reproducir desigualdades existentes o profundizar la exclusión. En cambio, uno bien gestionado puede proteger la diversidad de cultivos y, al mismo tiempo, ofrecer un espacio común para comunicarse, cooperar y gestionar recursos esenciales.
En regiones que enfrentan de forma simultánea los efectos del conflicto y el cambio climático, la recuperación depende de algo más que restaurar los campos y la infraestructura. También exige reconstruir las relaciones que permiten a las comunidades actuar de manera colectiva. Este estudio sugiere que parte de ese proceso puede comenzar en un espacio ya familiar para los agricultores: alrededor de las semillas que necesitan para la próxima temporada de siembra.
El equipo
Carlo Fadda
Director de Agrobiodiversidad
Carolina Gonzalez
Thematic Leader
Augusto Castro-Nunez
Senior Scientist Low-Emissions Food Systems
Mary Ngaiwi
Research Specialist
Alexander Buritica
Postdoctoral Fellow
