Blog Más allá de las hojas de ruta: qué se necesita para transformar verdaderamente los sistemas alimentarios en América Latina y el Caribe
A principios de abril, responsables políticos, investigadores y profesionales de toda América Latina y el Caribe se reunieron en Panamá para la 4.ª Reunión sobre la Transformación de los Sistemas Alimentarios de América y el Caribe. El ambiente fue, en muchos sentidos, alentador: los países están avanzando.
En toda la región, las «hojas de ruta para la transformación de los sistemas alimentarios» nacionales ya no son solo ideas: se están elaborando, actualizando y, en algunos casos, poniendo en práctica. Los gobiernos están empezando a vincular estas hojas de ruta con las políticas públicas, los planes nacionales de adaptación y las estrategias nutricionales. El lenguaje de los sistemas alimentarios se está afianzando.
Pero tras este progreso se esconde una realidad más compleja.
El progreso es real, pero también lo son los puntos ciegos
Un tema recurrente en todos los países fue la dificultad de pasar de la visión a la acción. ¿Cómo se traduce una hoja de ruta nacional en un cambio real sobre el terreno a nivel local? ¿Cómo se coordinan ministerios que siguen funcionando de forma aislada? ¿Cómo se toman decisiones sin disponer de datos adecuados para comprender qué está cambiando o qué no?
Estos retos no son nuevos. Pero lo que llama la atención es lo universales que siguen siendo.
Al mismo tiempo, persisten algunas lagunas importantes en la forma de entender los sistemas alimentarios.
A pesar del creciente reconocimiento de que los sistemas alimentarios abarcan mucho más que la agricultura, muchos debates siguen centrados en gran medida en la producción, las comunidades rurales y la inseguridad alimentaria. Se trata de cuestiones fundamentales, pero solo constituyen una parte del panorama.
Se presta mucha menos atención a las dietas, la salud y la realidad de las poblaciones urbanas, donde residen hoy en día la mayoría de las personas en situación de inseguridad alimentaria de la región. Y aún menos a los actores cotidianos del sistema alimentario que nos alimentan: pequeñas tiendas, vendedores ambulantes, comerciantes de los mercados y pequeñas empresas alimentarias. Como señaló uno de los participantes, «subestimamos el sector» al equiparar los sistemas alimentarios con la agricultura, cuando, en realidad, los sistemas alimentarios nos involucran a todos, cada día.
¿Qué (y quién) falta?
Algunos de los momentos más destacados de la reunión pusieron de manifiesto lo que falta en los enfoques actuales.
ONU Mujeres destacó el papel fundamental que desempeña la desigualdad —en particular, la desigualdad de género— a la hora de determinar los resultados en materia de inseguridad alimentaria y nutrición. Si no se abordan estas brechas estructurales, la transformación seguirá estando fuera de nuestro alcance.
Los actores más pequeños de la «parte intermedia» del sistema alimentario —el procesamiento, el almacenamiento, el transporte, los mercados y los vendedores— fueron señalados en repetidas ocasiones como fundamentales, pero con financiación insuficiente. Mientras tanto, el sector privado empresarial estuvo prácticamente ausente del debate, a pesar de su papel central en la configuración de las dietas y los entornos alimentarios.
Quizás lo más llamativo fue que los propios consumidores —especialmente los consumidores vulnerables—no formaban parte del debate.
Crédito de la imagen: generada por IA con NotebookLM y adaptada por el autor.
Un enfoque sistémico requiere un cambio de mentalidad
Si hubo un mensaje que caló hondo en todos los debates, fue este: los sistemas alimentarios están interconectados, anidados y profundamente arraigados en nuestras sociedades. Tal y como subrayó el Programa Mundial de Alimentos, no pueden abordarse únicamente en un solo nivel: los esfuerzos locales, nacionales, regionales y globales deben avanzar al unísono.
Pero adoptar un «enfoque basado en los sistemas alimentarios» no consiste simplemente en añadir nuevos términos a las estrategias existentes. Requiere un cambio fundamental en nuestra forma de pensar y de actuar.
Significa reconocer que el sistema no solo falla a los agricultores. También falla a los vendedores que operan en los mercados informales y, en última instancia, nos falla a todos nosotros como consumidores, en lo que respecta a la calidad, la asequibilidad y la seguridad de los alimentos que consumimos.
Significa afrontar la realidad de que, aunque disponemos de una gran cantidad de datos sobre la desnutrición, seguimos careciendo de las pruebas necesarias para abordar de manera eficaz la obesidad y las enfermedades relacionadas con la alimentación, que actualmente se encuentran entre los retos más acuciantes de la región.
Y significa reconocer que la transformación no es solo técnica, sino también social y cultural. Como destacó una de las iniciativas, la transformación de los sistemas alimentarios también requiere cambios en los valores, los comportamientos y las normas.
De la ambición a la acción
Desde nuestra perspectiva en la Alianza de Bioversity International y el CIAT, esta reunión ha ofrecido una valiosa perspectiva sobre cómo los países están abordando esta complejidad, tanto en lo que respecta a los avances logrados como a las barreras que aún persisten.
La siguiente fase está clara.
Si realmente queremos transformar los sistemas alimentarios, debemos involucrar a toda la población como consumidores, especialmente a los más vulnerables. Debemos invertir no solo en la producción, sino también en los mercados, los vendedores y los entornos alimentarios. Debemos generar mejores datos, reforzar la coordinación e involucrar de manera significativa al sector privado en el debate.
Por encima de todo, debemos dejar atrás la dinámica habitual.
Porque los sistemas alimentarios no se limitan a cómo se producen los alimentos. Los sistemas alimentarios dan forma a nuestras rutinas cotidianas. Los alimentos que comemos determinan cómo nos sentimos, cómo aprendemos, cómo trabajamos y cómo prosperamos.
Transformar los sistemas alimentarios implica mucho más que transformar la agricultura.
