Blog Preparar al sector agroalimentario de Filipinas para hacer frente a la amenaza de «El Súper Niño»
Una cosa es vivir en los trópicos. Pero tener como hogar un archipiélago de 7.641 islas, situado justo a las puertas del océano Pacífico, es vivir en primera línea y enfrentarse de primera mano al riesgo climático.
Filipinas se ha mantenido entre los primeros lugares de la lista mundial de las naciones con mayor riesgo en las últimas décadas, lo cual se ve acentuado por su elevada exposición y vulnerabilidad a los fenómenos meteorológicos extremos, agravados por la crisis climática. Este año, el país se enfrenta a lo que los científicos describen como una temporada de triple amenaza sin precedentes, ya que el océano Pacífico, más cálido de lo habitual, está gestando un «Súper Niño» que podría desencadenar sequías prolongadas, graves inundaciones e intensos tifones en diferentes regiones del país.
Precisamente este mes, la Administración de Servicios Atmosféricos, Geofísicos y Astronómicos de Filipinas (PAGASA) ha confirmado la presencia de El Niño tras el aumento de la temperatura de la superficie del mar en el océano Pacífico, que ha alcanzado el umbral de +0,5 °C. La agencia meteorológica estatal también advirtió que El Niño podría intensificarse entre octubre y diciembre, lo que ha llevado a los organismos gubernamentales a coordinar medidas de preparación rápidas para amortiguar los efectos potencialmente devastadores del fenómeno en los sectores alimentario, hídrico y energético del país hasta principios de 2027.
Aumenta la temperatura y disminuye el rendimiento del arroz
Las condiciones de sequía y las altas temperaturas se extendieron por todo el sudeste asiático durante la temporada de El Niño 2023-2024, una de las más intensas registradas en la historia. En Filipinas, 41 provincias sufrieron sequía y casi 31 se enfrentaron a periodos de escasez de lluvias, según un informe de las Naciones Unidas.
Solo en la región de Bicol, el fenómeno afectó gravemente a cuatro de sus seis provincias, lo que repercutió en más de 64.000 agricultores, cerca de 69.000 hectáreas de arrozales y al menos 171 millones de pesos filipinos (US$ 2,8 millones aprox.) en pérdidas. Los productores de arroz de Camarines Sur, una zona propensa a las catástrofes, no solo tuvieron que lidiar con la sequía, las plagas y las enfermedades, sino también con la salinidad agravada por el fuerte fenómeno de El Niño.
«Una vez que los arrozales se ven afectados por la salinidad, no hay forma de recuperar las cosechas, lo que da lugar a un rendimiento bajo o nulo», afirma la investigadora asociada sénior Jane Girly Balanza.
En Camarines Sur, la salinidad del suelo se debe principalmente a la intrusión de agua salada procedente del río Bicol. Estos altos niveles de sal en el suelo dificultan que las plantas de arroz absorban el agua de forma eficiente, lo que provoca estrés y limita su crecimiento.
«Dado que el agua es fundamental para la disolución de los fertilizantes y la absorción de nutrientes, una disponibilidad insuficiente de agua puede provocar un retraso en el crecimiento y, en casos graves, la pérdida de la cosecha».
Los sistemas de cultivo de arroz de secano sin riego complementario son especialmente vulnerables, añade Xiaojing Wei, investigador posdoctoral del equipo de Climate Action de la Alianza en Filipinas. Los cambios en los patrones climáticos, incluidas precipitaciones inferiores a lo normal, pueden retrasar la siembra en la temporada húmeda, entre junio y noviembre, lo que, en consecuencia, reduce el rendimiento.
Menos días de lluvia y aguas marinas más cálidas
La disminución de las precipitaciones también supone un doble riesgo para el cultivo del café. Wei explicó que, cuando la precipitación media desciende a niveles inusuales durante la estación seca, esto resulta perjudicial para las plantaciones de café, ya que dicha estación suele coincidir con la fase de floración del cultivo.
«La reducción de las precipitaciones y los períodos de sequía prolongados provocados por un fenómeno de El Niño extremo suponen una amenaza directa, ya que la sequía estresa a los cafetos y aumenta la mortalidad de las plántulas, reduce el rendimiento y la calidad de las cerezas y los granos, y aumenta la vulnerabilidad ante plagas y enfermedades».
En la Región Autónoma Bangsamoro en el Mindanao Musulmán (BARMM), donde el café es un medio de vida importante y un pilar cultural, el efecto de un «Súper Niño» se hace más pronunciado en una región cuyos agricultores ya se enfrentan a un acceso limitado a sistemas de riego adecuados y suficientes.
Al menos 3.300 familias de agricultores de Sulu y más de 400 de Basilán dependen del cultivo del café para su sustento.
Por otra parte, las temperaturas del agua de mar, que han alcanzado máximos históricos en las comunidades costeras de la región, podrían alterar el crecimiento normal de las algas marinas. El cultivo de algas marinas, pilar económico de las provincias de Sulu y Tawi-Tawi, representa más de la mitad de la producción total de algas marinas de Filipinas y da sustento a decenas de miles de familias de agricultores.
El alga cottonii, la especie de alga cultivada predominante, es muy sensible a la temperatura y a la salinidad. El aumento de la temperatura del agua del mar asociado al «Súper Niño» eleva el riesgo de enfermedades como el «ice-ice», un proceso bacteriano de blanqueamiento y desintegración de las ramas de las algas provocado por el estrés térmico y la salinidad. Dado que el margen de beneficio ya es escaso, Wei señaló que los agricultores disponen de muy poco margen de maniobra para absorber las pérdidas provocadas por la muerte de las plantas y la disminución de los volúmenes de cosecha.
Protección de los cultivos comerciales de Filipinas contra el calor
Aunque los efectos del «Súper Niño» no son uniformes en todo el archipiélago —debido, en gran medida, entre otros factores, a su geografía diferenciada y a su dependencia de las precipitaciones—, la agricultura filipina, que depende del monzón, constituye un argumento de peso a favor de un mejor acceso a avisos climáticos oportunos, prácticos y adaptados a las necesidades locales.
A través de nuestra colaboración con el Departamento de Agricultura (DA) y sus oficinas regionales sobre el terreno, la Alianza ha desarrollado en Filipinas el Portal de Asesoramiento Agroclimático (ACAP) que ofrece avisos con información climática a nivel de explotación agrícola para los cultivos locales prioritarios, entre los que se incluyen el arroz, el maíz, la yuca y las hortalizas. Desde su fase piloto en 2022 en la región de Bicol, la plataforma web ha recibido el visto bueno del Gobierno para su implantación a escala nacional en las 17 regiones restantes en 2024, con el fin de mejorar la capacidad de los agricultores y las autoridades locales para mitigar los riesgos críticos asociados a los cambios en los patrones climáticos.
En el marco del ACAP, la Alianza colaboró estrechamente con la Fundación Los Baños Inc. de la Universidad de Filipinas (UPLBFI) y con expertos regionales para desarrollar conjuntamente y validar recomendaciones de cultivos específicas para cada lugar, basadas en los riesgos climáticos, que integran datos meteorológicos y climáticos de PAGASA, así como las etapas de crecimiento de los cultivos a partir de la recopilación de datos sobre el terreno.
«A veces, aunque se disponga de previsiones meteorológicas, no se dan las condiciones que permitan a los agricultores actuar en función de esa información. Por ejemplo, tanto los productores de arroz como los de café pueden ser conscientes de la sequía que se avecina, pero carecer de acceso a semillas resistentes a la sequía o a sistemas de riego», afirma Wei.
Las aportaciones de ACAP fueron fundamentales para ayudar a la Alianza y al Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) a armonizar dos plataformas digitales con el fin de mejorar los servicios de información climática para los agricultores filipinos. En el marco de la Iniciativa de Resiliencia Climática de CGIAR, las recomendaciones de ACAP sobre el arroz se integraron en el calendario de cultivo de arroz de pretemporada del Rice Crop Manager Advisory Service (RCMAS), lo que permitió ofrecer a los agricultores de Camarines Sur, a través de mensajes de texto, avisos sobre riesgos climáticos y recomendaciones de nutrientes adaptadas a las condiciones meteorológicas.
Esta colaboración, una de las tres actividades de reducción de riesgos de la iniciativa «Climate+», garantiza que los agricultores de diferentes regiones y con distintos niveles de alfabetización puedan acceder a información climática esencial procedente de la oficina meteorológica estatal.
«Mientras que Climate+ se centra en el asesoramiento agrícola a nivel de campo, el ACAP se mejorará y se diseñará para ofrecer asesoramiento agrícola a nivel municipal, lo que respaldará la toma de decisiones a un nivel superior», comenta Balanza, que señala cómo estos cambios se llevarán a cabo a medida que la Alianza y el IRRI pongan en marcha el Programa Científico de Acción Climática de CGIAR en el país.
Centrado en los sistemas de producción basados en el arroz, el nuevo programa de CGIAR promoverá un asesoramiento más preciso y orientado a los agricultores, adaptado a las condiciones específicas de cada campo. Dado que los patrones climáticos son cada vez más impredecibles, el programa necesita ahora integrar múltiples capas de datos —como registros climáticos históricos, previsiones probabilísticas estacionales y previsiones a corto plazo de 10 días— en una lógica de decisión operativa con parámetros meteorológicos y umbrales adicionales, además de una lista clara de recomendaciones específicas para cada fase del ciclo de cultivo, basadas en las sensibilidades del arroz.
Durante fenómenos extremos, por ejemplo, los responsables municipales podrán tomar decisiones más fundamentadas sobre qué zonas deben priorizarse para la cosecha en función de la fase de desarrollo del cultivo o la disponibilidad de cosechadoras, por citar algunos ejemplos.
Más que información: finanzas
Un «Súper Niño» no es nada nuevo para Filipinas. Pero, si los datos históricos sirven de indicio, el país se encuentra al borde de una crisis de seguridad alimentaria, ante la perspectiva de que un fenómeno meteorológico aún más severo azote las islas en los próximos meses.
Aunque la labor en curso en materia de acción climática en el país promete transformar los datos climáticos en una herramienta de decisión que salve vidas, tal y como afirma Balanza, ella también reconoció la necesidad de otra medida de adaptación urgente. Cuando se dispone de información climática oportuna y de mecanismos de financiación eficientes, los agricultores filipinos están mejor preparados para hacer frente a los riesgos climáticos, especialmente en zonas remotas. Garantizar que los agricultores reciban las indemnizaciones de los seguros de cosechas de manera oportuna requiere esfuerzos colectivos y coherentes, desde los líderes gubernamentales hasta los expertos locales, y la Alianza sigue estando siempre dispuesta a facilitar ese proceso.
El equipo
Jane Girly Cuerdo Balanza
Senior Research Associate and Country Representative for the Philippines
