From the Field En Tumaco, dos hermanas cocinan futuro con cáscaras de camarón

En Tumaco, Nariño, las hermanas Jaqueline y Yesi Sevillano encontraron en la cáscara de camarón, que antes regresaba al mar como desperdicio, una oportunidad. Hoy la convierten en camharina, una harina que llena de sabor del Pacífico las cocinas de Cali, Tumaco y Bogotá, y que transforma el residuo en futuro con conciencia ambiental.

Diariamente, cerca de 150 canoas llegan cargadas de camarón fresco a las pesqueras de Tumaco. En tierra, las manos ágiles de mujeres peladoras separan la parte comestible de la cáscara áspera y la cabeza del camarón. Sobre la mesa se forman dos pilas: de un lado, el alimento que consumen cientos de familias; del otro, los desechos que nadie reclama y que, sumados, alcanzan siete toneladas al mes y vuelven al mar, no como alimento, sino como la huella que deja esta actividad en el Pacífico colombiano.  

“Nos llegaron cinco toneladas y media y de ellas se desecha cerca del 35%. El 65% restante se destina a la comercialización”, explica Miguel Roserro, subgerente de Pesqueras Ocean Blue. 

camaron

Jaqueline y Yesi Sevillano vieron en esa montaña de cáscaras una oportunidad. Hace cinco años, en plena pandemia, se quedaron sin empleo y comenzaron a buscar alternativas en medio de la incertidumbre. “Se fueron los esposos, se fueron los hijos y se fue el empleo, algo teníamos que hacer”, recuerda ahora entre risas Jaqueline. La situación, lejos de desanimarla, la impulsó a salir adelante y crear su emprendimiento: Camharina, que hoy transforma las cáscaras de camarón en harina y realza el sabor de la cocina tradicional del Pacífico  

“Lo que para muchos es un residuo, para nosotras es materia prima”, dice Jaqueline. Su interés por aprovechar lo que para muchos es un desperdicio viene de atrás: estudió un técnico en manejo integral de residuos sólidos en el SENA y desde entonces quiso emprender en proyectos que tuvieran que ver con sostenibilidad. “Siempre me ha llamado la atención la parte social”, asegura. Antes de llegar a la harina de camarón, soñó con fabricar papel a partir del tallo del plátano. 

Con su hermana fundó Asomefama, una asociación conformada por doce mujeres cabeza de familia y un hombre que trabajan por un futuro más amigable con el medio ambiente. Varias son parientes cercanas: tías, primas e incluso su madre. Cada mes logran transformar cerca de 800 kilos de cáscara que antes terminaban en el mar. “Tenemos un territorio muy rico, pero la falta de conciencia nos ha llevado a contaminarlo. Con Camharina aportamos nuestro granito de arena: es casi una tonelada de desechos que dejan de volver al mar”, dice Jaqueline. 

Lavar, secar y moler. Esa es la fórmula de la Camharina. Dos veces por semana recogen las cáscaras en las pesqueras de Tumaco y las cargan hasta la sede de la asociación, que además es la casa de Jaqueline. Allí las lavan varias veces, seleccionan con cuidado lo que sirve y las deshidratan durante siete horas a altas temperaturas. Finalmente, las meten en una licuadora que reduce las cáscaras en un polvo fino color salmón y da como resultado el producto. “Cuando estamos en el proceso todos salimos pasados a camarón”, dice Yesi entre risas. 

“Al principio molíamos la cáscara en el molino de la abuela, el mismo que servía para moler el maíz, y la secábamos al sol en el patio de la casa. Cuando se venía la lluvia nos tocaba correr a entrarlas, y teníamos problemas con los vecinos por el olor”, recuerda Jaqueline. Hoy, gracias al apoyo recibido por varias instituciones, tienen una licuadora y un horno industrial que les facilitan el proceso. 

De 200 kilos de cáscaras salen 10 kilos de harina. Además de evitar que el residuo vuelva al mar, la Camharina ofrece valor nutricional: es rica en nutrientes y no lleva químicos. En cada bolsa de 50, 100 o 200 gramos que comercializan se condensa un trabajo colectivo, una apuesta ambiental y un sabor del Pacífico que empieza a abrirse espacio en las cocinas tradicionales del país. 

Mar y tierra

En la cocina de Ruby Góngora, el aceite salpica agresivamente dentro y fuera de la paila. Ruby agarra el cucharón de metal y revuelve las hierbas y el guiso con los camarones y la carne de res; el metal raspa el fondo de la paila y se escucha un eco áspero. Los camarones, todavía medio crudos, se pierden en un sofrito que huele a mar y a tierra. Entonces Ruby saca una cucharadita de Camharina y la espolvorea sobre la paila. En la olla de al lado, burbujas de aceite rodean los trozos de plátano maduro que ya empiezan a dorarse.  

Esta cocina, sin embargo, no está en un restaurante: está en su casa. El verdadero negocio de Ruby, El Buen Sazón de Ruby, queda a unos cien metros de allí, al pie de la carretera que conduce a la playa del Morro. Desde el local, se escucha el ruido de las motos que pasan y se siente la brisa húmeda del mar. Pero es en esta cocina, la de todos los días, donde se prepara su sazón más auténtica: el mismo con el que alimenta a sus hijas y con el que conquista a comensales que viajan desde distintos rincones del país en busca del sabor del Pacífico. 

Ruby es una de las mujeres que decidieron apostarle a incluir la harina de camarón en sus preparaciones. Lleva 18 años cocinando y, según su experiencia, la comida del Pacífico debe llevar dos elementos esenciales: el coco y la chirará, una hierba tradicional de la cocina en la región. Hace más de seis meses, un tercer ingrediente se sumó a su cocina.  

“Las preparaciones quedan mucho más ricas, con un sabor más fuerte”, cuenta Ruby, “aparte de resaltar y ayudarnos con nuestra cocina, también es un ayudante del medio ambiente, porque la cáscara ya no va al mar”, añade.  

“El plato de mar y tierra lo implementamos precisamente por la harina”, explica. Un arroz que mezcla carne y camarón, coco y hierbas de techo como la chirará y la chilangua, y que hoy también lleva harina de camarón. Como Ruby, otras cocineras de Tumaco también han incorporado la Camharina a sus recetas. Hoy esta harina llena de sabor encocados de pescado, ceviches afrodisíacos y hasta preparaciones tradicionales con plátano. La harina ya salió de Tumaco y se sirve en restaurantes de Cali, Medellín y Bogotá, donde cada chef la adapta a su propia cocina. 

Investigación para apoyar la economía circular

En Colombia apenas se aprovecha el 10% de los residuos; el 90% restante termina en vertederos o, como la cáscara de camarón, en el mar. Para cambiar esa realidad, el emprendimiento de las hermanas Sevillano ha contado con apoyo técnico y empresarial del SENA, la Cámara de Comercio de Tumaco y el programa CircularEconomy4Colombia (CE4C), impulsado por la Alianza Bioversity International y el CIAT. 

“Apoyar y posicionar estas iniciativas como la Camharina es impulsar la economía local, de una población donde el 78% de las mujeres tienen un emprendimiento. Qué bueno que la empresa privada apadrinara y ayudara a comercializar este producto y todos los buenos emprendimientos que salen de Tumaco para Colombia”, afirma Horacio Ortiz, coordinador de proyectos y del centro de desarrollo de la Cámara de Comercio de Tumaco.

En el marco de esta iniciativa, durante los últimos dos años las hermanas participaron en capacitaciones y en un proceso de aceleración de tres meses que les permitió fortalecer su modelo de negocio. La experiencia culminó en mayo, con el Demo Day CircularEconomy4Colombia, donde Camharina fue uno de los diez proyectos seleccionados para presentar su pitch frente a un panel de inversionistas.  

“La Alianza ha brindado acompañamiento técnico y mentoría especializada, generando oportunidades de articulación con aliados estratégicos. Los resultados hablan por sí mismos: algunos emprendimientos lograron aumentar más de 30 % sus ventas, abrir nuevos canales de distribución y establecer alianzas con empresas reconocidas del sector.”, destaca Guillermo Peña, investigador senior de la Alianza Bioversity y el CIAT.

Este emprendimiento refleja el poder transformador de la economía circular: rescata un residuo del mar y lo convierte en sustento, pero también transforma vidas y abre futuro, a través de mujeres que le apuestan a la innovación desde Tumaco. “El que decide apostarle a Camharina, se convierte en un consumidor consciente porque no solo apoya a un grupo de mujeres madres cabeza de familia, sino que aporta al medio ambiente”, afirma Jaqueline Sevillano. “Nos soñamos con nuestra planta de procesos, nos soñamos poniendo estos productos en los supermercados, en los hoteles. Llenando este país de Camharina”, añade con ilusión. 

La iniciativa CircularEconomy4Colombia busca fortalecer soluciones innovadoras de economía circular en el sector agroalimentario colombiano, promoviendo la colaboración entre actores nacionales e internacionales. Es liderada por la Accelerate for Impact Platform (A4IP) de la Alianza de Bioversity International y CIAT (CGIAR), en coorganización con el International Water Management Institute (IWMI), y cuenta con el apoyo de la Universidad EAN, la GIZ – Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit, la Oficina de Negocios Verdes del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia y la aceleradora de negocios Rockstart. 

Diseños realizados por: Andrea Ramírez y Paulina Montoya