From the Field De la negociación a la implementación: aprendizajes y oportunidades para América Latina rumbo a la COP31
Llevar las decisiones de las negociaciones climáticas internacionales hasta acciones concretas que realmente beneficien a quienes producen los alimentos sigue siendo uno de los grandes retos de la agenda global.
Mientras el cambio climático impacta cada vez más los sistemas agrícolas y la seguridad alimentaria, América Latina y el Caribe enfrenta el desafío de convertir los compromisos discutidos bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en medidas de adaptación que respondan a las necesidades de los productores en el territorio. Con ese propósito, representantes de gobiernos y expertos técnicos de la región se reunieron durante tres días en Palmira, Colombia, en un encuentro organizado por la Alianza Bioversity y el CIAT, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Plataforma de Acción Climática en Agricultura de Latinoamérica y el Caribe (PLACA), para dialogar sobre el futuro de la agricultura y la seguridad alimentaria en las negociaciones climáticas internacionales.
Más allá de las presentaciones técnicas y los espacios de discusión híbridos, que contaron con expertos invitados de Alemania, Andorra, Australia, España, Suecia, Turquía, en representación de delegaciones nacionales, organizaciones internacionales e instancias de la CMNUCC, el Segundo Diálogo Regional para Negociadores en Agricultura y Seguridad Alimentaria dejó una sensación compartida de urgencia, colaboración y oportunidad regional.
¿Cómo pasar de los compromisos a la implementación? y ¿cómo avanzar de manera coordinada en prioridades comunes para la región? fueron, quizás, las preguntas clave que marcaron el hilo conductor del encuentro.
En un contexto donde la agricultura enfrenta impactos crecientes asociados al cambio climático, desde sequías e inundaciones hasta pérdidas productivas y presión sobre los sistemas alimentarios, la región reconoce la importancia de participar activamente en los espacios de discusión climática y de construir una posición regional concertada y sólida, con prioridades claras que reflejen su diversidad.
Al mismo tiempo, existe consenso en que el desafío no termina en los acuerdos: también implica traducirlos en financiamiento, capacidades, tecnología y acciones concretas que beneficien a los productores de cada territorio.
Una región estratégica para la acción climática
América Latina y el Caribe ocupa un lugar único dentro de la agenda climática global. La región alberga una enorme diversidad agrícola y ecosistémica, pero también enfrenta una alta vulnerabilidad frente al cambio climático. Durante la apertura del diálogo, representantes de la Alianza Bioversity International y CIAT destacaron que la agricultura y los sistemas agroalimentarios dejaron de ser temas periféricos dentro de las negociaciones climáticas. Hoy ocupan un lugar central en las discusiones sobre adaptación, resiliencia, mitigación y seguridad alimentaria.
Al mismo tiempo, varios participantes coincidieron en que América Latina y el Caribe tiene la oportunidad de proyectar una voz regional más articulada y estratégica frente a procesos clave como la SB64 y la COP31.
Cómo convertir los compromisos climáticos en acciones para los productores
Aunque el reconocimiento político sobre la importancia de la agricultura en la acción climática es cada vez mayor, muchos participantes señalaron que las brechas para implementar soluciones continúan siendo significativas. Uno de los temas más recurrentes fue el acceso limitado al financiamiento climático para el sector agroalimentario.
Al respecto, durante las discusiones se destacó que, aunque el financiamiento climático global ha aumentado en los últimos años, la proporción destinada al sector agroalimentario sigue siendo relativamente baja. Además, gran parte de estos recursos llega en formato de deuda y no necesariamente en condiciones adecuadas para responder a las necesidades de los países.
Además del acceso a financiamiento climático internacional, también se resaltaron y discutieron otras barreras importantes como:
1. La necesidad de fortalecer capacidades técnicas e institucionales;
2. La limitada transferencia tecnológica;
3. La falta de articulación entre sectores;
4. y los desafíos para escalar soluciones más allá de experiencias piloto.
A lo largo de las discusiones surgió una idea recurrente: la región no necesita empezar desde cero. América Latina y el Caribe ya cuenta con conocimiento, experiencias y soluciones para enfrentar los desafíos climáticos en la agricultura; sin embargo, muchas de estas iniciativas aún no llegan con suficiente alcance a los productores y territorios que más las necesitan. Por ello, los participantes resaltaron la importancia de impulsar estrategias de escalamiento más intencionales y articuladas, basadas en evidencia y construidas de manera conjunta con los actores locales. El desafío no está solo en generar nuevas soluciones, sino en lograr que aquellas que ya existen puedan adaptarse, ampliarse y acelerar la acción climática, fortaleciendo así la resiliencia de los sistemas agropecuarios de la región.
Adaptación y pérdidas y daños: temas cada vez más urgentes
Las discusiones sobre adaptación y pérdidas y daños ocuparon un lugar central durante el segundo día del diálogo, específicamente en el marco del Objetivo Global de Adaptación (GGA). En este espacio, los participantes conocieron los avances en materia de métricas, indicadores y sistemas que buscan evaluar la resiliencia en agricultura y seguridad alimentaria, reconociendo que la adaptación sigue siendo mucho más compleja de medir que la mitigación.
Durante las sesiones técnicas se destacó que la vulnerabilidad no puede entenderse de manera general, sino asociada a amenazas específicas, contextos y cadenas de impacto concretas. En ese sentido, varios participantes coincidieron en la necesidad de fortalecer sistemas nacionales de información, monitoreo y reporte que permitan mostrar avances reales en resiliencia y reducción de riesgos climáticos.
Capacidades técnicas y articulación regional: inversión para una acción climática duradera
Aunque el objetivo del diálogo fue justamente fortalecer capacidades, brindar conocimientos y abrir espacios de discusión, los delegados nacionales destacaron el valor que tienen estos encuentros y sugirieron más espacios como ese para seguir robusteciendo los conocimientos y capacidades en el marco de las negociaciones climáticas. Los participantes destacaron especialmente la importancia de comprender mejor los aspectos procedimentales y jurídicos de la Convención, así como los mecanismos disponibles para que los países puedan incidir más efectivamente en los procesos de negociación.
Las sesiones sobre submissions y comunicaciones ante la CMNUCC despertaron un interés particular, ya que permiten a los países posicionar prioridades, compartir experiencias y aportar insumos que luego son considerados en informes de síntesis, talleres y discusiones oficiales. También surgieron propuestas concretas para continuar fortaleciendo capacidades regionales después del diálogo, incluyendo:
1. espacios virtuales de formación;
2. repositorios compartidos de materiales;
3. actualizaciones técnicas periódicas;
4. y mecanismos de intercambio entre negociadores de la región.
Cinco aprendizajes clave rumbo a la COP31
A lo largo de las jornadas, representantes de la región intercambiaron experiencias, prioridades y desafíos sobre adaptación, pérdidas y daños, e implementación climática. De estas conversaciones emergieron cinco aprendizajes clave rumbo a la COP31.
1. La agricultura ya es un tema central en la agenda climática: La conversación internacional avanzó rápidamente en los últimos años y hoy existe mayor reconocimiento sobre el papel estratégico de los sistemas agroalimentarios.
2. La implementación necesita más atención: Negociar compromisos es importante, pero llevarlos al territorio requiere financiamiento, capacidades, tecnología y coordinación institucional.
3. América Latina y el Caribe necesita una voz más articulada: El intercambio regional sigue siendo clave para construir posiciones comunes y fortalecer la participación de la región de cara a la CMNUCC.
4. Indicadores de Aadaptación y pérdidas y daños seguirán ganando relevancia: La región enfrenta crecientes impactos climáticos y necesita avanzar en métricas, sistemas de monitoreo y mecanismos de respuesta más sólidos.
5. Fortalecer capacidades sigue siendo una prioridad: Especialmente para nuevos negociadores y equipos técnicos que participan por primera vez en estos procesos.
“El escalamiento responsable acelera la implementación de soluciones frente al cambio climático porque, desde un enfoque relacional, reconoce que las innovaciones no escalan solo por su efectividad técnica, sino por la confianza, las relaciones y la capacidad de los actores para adaptarlas a distintos contextos socioculturales, ambientales y productivos. Además, entiende que los actores locales no son receptores pasivos, sino agentes activos del cambio, y promueve anticipar desde el inicio las posibles consecuencias ambientales, sociales y económicas, sean positivas o negativas, que pueden surgir cuando una solución crece y se usa a gran escala”.
Deissy Martínez-Barón
Líder regional de Acción Climática en América Latina y el CaribeEscalamiento responsable para acelerar la acción climática en América Latina
La COP31 marcará un momento decisivo para el futuro de la agricultura y la seguridad alimentaria dentro de la CMNUCC. En ese camino, espacios como el Segundo Diálogo Regional para Negociadores permiten algo fundamental: construir confianza, intercambiar experiencias y fortalecer una comunidad regional que, aunque diversa, comparte desafíos y oportunidades comunes.
Las conversaciones del Diálogo Regional dejaron un mensaje claro: acelerar la acción climática en agricultura no significa generar nuevas soluciones, sino lograr que las soluciones que ya existen lleguen de manera efectiva, sostenible e inclusiva a quienes más las necesitan.
En este contexto, el escalamiento responsable cobra una relevancia creciente para la región. Más allá de ampliar el uso de una tecnología o práctica, este enfoque busca transformar experiencias exitosas y pilotos en procesos sostenibles de gran escala, articulando actores, fortaleciendo capacidades y adaptando las soluciones a las realidades locales. La conversación también evidenció que el escalamiento requiere más que financiamiento: necesita articulación entre investigación, políticas públicas, sector privado y actores territoriales para acelerar implementaciones y generar impactos duraderos.
El reto ahora será mantener este impulso colectivo y seguir transformando el intercambio técnico y político en acciones concretas que permitan avanzar hacia sistemas agroalimentarios más resilientes, inclusivos y sostenibles para América Latina y el Caribe.
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