¿Qué tanto sabes del Sistema Alimentario de Cali?

Nací en Cali – no voy a decir hace cuántos años – y te aseguro que, si no hubiera participado en el desarrollo de este Perfil del sistema alimentario de la ciudad, me habría rajado en el siguiente test... ¿Quieres probar cómo te iría a ti?:

¿Te rajaste tú también? Estas son las respuestas:

1. Más del 40% de niños y adolescentes (entre 5 y 17 años) consume dulces y gaseosas diariamente. Sí, ¡diariamente!

2. Diariamente se desperdician 1.800 toneladas de residuos sólidos. Sí, ¡diariamente! 1.300 de esas toneladas son de alimentos aprovechables.

3. El 65% de los productos alimenticios que consumimos provienen de dos departamentos vecinos: Cauca y Nariño. De Nariño, vienen principalmente los tubérculos y plátanos, las hortalizas y los lácteos.

4. Cuando disminuyen los ingresos, los alimentos que primero suprimen los habitantes de Cali de su canasta familiar son principalmente la proteína animal y las frutas, lo que afecta directamente los nutrientes y las vitaminas que la familia recibe.

5. El 75% de las consultas médicas en la ciudad son por enfermedades crónicas no transmisibles como la hipertensión y la diabetes, relacionadas directamente con malos hábitos alimenticios.

6. La mayoría de los alimentos más consumidos por los habitantes de la ciudad son de bajo valor nutricional, como el arroz, el café y el pan.

Cuando la Covid-19 tocó a la puerta de nuestras casas en 2020, la realidad de un sistema alimentario que ya tenía muchos problemas, prorrumpió también a las puertas de la ciudad, y este perfil nos muestra por qué: la cantidad de hogares encabezados por mujeres (55%) y por desempleados (75%) que no alcanzaban a cubrir los gastos mínimos con sus ingresos, la cantidad de hogares (51,3%) que no estaban accediendo a una alimentación adecuada y suficiente, la cantidad de niños (65,7%) entre los 6 meses y los 2 años que no tenían una dieta mínima aceptable, o la cantidad de basura que estábamos produciendo cada día (1.800 toneladas), son apenas algunos de los datos que demuestran que, desde antes de la Pandemia, el sistema alimentario de nuestra ciudad ya presentaba serios puntos de quiebre. Luego, en 2021, vino el Paro Nacional en Colombia, que demostró cuánto depende nuestra ciudad de otros municipios y regiones aledañas para su abastecimiento. La figura 1 lo ilustra bien: Cali no se puede analizar como una isla porque es parte de todo un sistema de dinámicas regionales.

Procedencia de los principales alimentos consumidos en la ciudad y participación de los municipios vecinos en el abastecimiento de estos alimentos. Fuente: Rankin S; Hurtado LJ; Bonilla-Findji O; Mosquera EE; Lundy M. 2021. Perfil del Sistema Alimentario de Cali, ciudad-región. Centro Internacional de Agricultura Tropical, Cali, Colombia. 27 p. Disponible en línea en: https://hdl.handle.net/10568/114362

Así que, en los últimos 18 meses, la ciudad ha enfrentado dos grandes pruebas de resiliencia: la Pandemia, que evidenció un problema en cuanto a la demanda de alimentos: la gente no tenía dinero para comprar; y el Paro nacional, que evidenció un problema en cuanto a la oferta: dependemos de la entrada de alimentos a la ciudad para su posterior distribución al interior de ella.

Qué hacer con lo que sabemos… ahí está la cuestión

Ahora bien, lo verdaderamente importante aquí en realidad no es cuánto sabemos sino qué hacemos con lo que sabemos. Como equipo, estamos muy contentos de poder entregarle este perfil a la ciudad, pero somos muy conscientes de que las complejidades y los retos que presenta el sistema alimentario de Cali no se resuelven con un evento, sino que requieren convertir el conocimiento en acción, y acción compartida. Puede sonar muy trillado, pero es verdad. En palabras de Carlos Alomía, gerente de CAVASA – la principal central de abastos para la ciudad –, uno de nuestros grandes retos es la construcción de comunidad en torno a la alimentación.

En 2020 nos unimos con FOLU Colombia, la Secretaría Municipal de Desarrollo Económico de Cali, la Corporación Biotec, la Pontificia Universidad Javeriana Cali, el Programa Mundial de Alimentos, WWF, RAP Pacífico, Arrocera La Esmeralda, la Reserva Natural El Hatico y la Gobernación del Valle del Cauca en una Alianza por la Alimentación y el Uso del Suelo, que propende por un sistema alimentario de ciudad-región inclusivo, resiliente y sostenible que alimente a todos los miembros de la sociedad. Esta alianza es una iniciativa abierta a la participación de todos y retomará el perfil del sistema alimentario que estamos presentando hoy, para validar, enriquecer y consolidar la información existente a través de procesos consultivos con actores clave. Esto dará como resultado una hoja de ruta con recomendaciones y acciones prioritarias para orientar y articular iniciativas en un horizonte de 10 años. Se espera que esta hoja de ruta también permita identificar y priorizar aquellas acciones escalables que pueden ser implementadas o fortalecidas a través de coaliciones público-privadas.

Figura 2. Datos clave sobre los resultados del sistema alimentario. Fuente: Ibid. Disponible en línea en: https://hdl.handle.net/10568/114362

Un sistema alimentario es en sí mismo complejo; involucra tantas partes y es tan grande, que no existen fórmulas mágicas o recetas estándar para repararlo o mejorarlo. Cada quien, desde el lugar que ocupa en dicho sistema, suele tener solo un fragmento visual de la foto total; y desde allí, lo que ve como solución, puede representar problemas mayores para otros. Sin ir más lejos, el sistema está demandando cambios sustanciales en los hábitos alimentarios de miles de personas en la ciudad, pero esto entra directamente en conflicto no sólo con las costumbres culturales, sino también con la realidad de que la gente no tiene dinero para comprar frutas y verduras o no tiene tiempo para prepararlas porque debe trabajar para mantener a su familia, cuando tiene trabajo. Así que no siempre es cuestión de gusto, no siempre es cuestión de desinterés, no siempre es cuestión de falta educación, ni siempre es falta de voluntad política, o culpa de la Industria. Algunas veces puede que sí, y otras veces puede ser un poco de todo esto, pero se pueden generar soluciones concertadas, discutidas y dialogadas, en las que sean claros cuáles son los posibles impactos que estas soluciones van a tener sobre los diferentes actores del sistema: quiénes van a ganar y quiénes van a perder; asegurando, por supuesto, que los que pierden no son los más vulnerables. Para esto, necesitamos dejar fuera de la mesa los lentes que estamos acostumbrados a llevar puestos, para poder ver lo que antes no hemos visto. La invitación está abierta y los interesados pueden contactarnos para averiguar cómo participar.

 

Para mayor información:

Contacto: Sara Rankin Cortázar, asociada de investigación del área Entorno Alimentario y Comportamiento del Consumidor, Alianza de Bioversity Internacional y el CIAT, s.rankin@cgiar.org