Blog ¿Sabías que ALC tiene una de las mayores brechas de género en seguridad alimentaria a nivel mundial y una de las dietas más dulces del mundo?

América Latina alimenta al mundo; sin embargo, las dietas saludables están fuera del alcance de la mayoría de la población de esta región, que además presenta la mayor brecha de género en materia de inseguridad alimentaria: las mujeres se enfrentan a una inseguridad alimentaria mucho mayor que la de los hombres en comparación con otras regiones del mundo. Al mismo tiempo, esta parte del mundo produce una cantidad de azúcar considerablemente superior a la necesaria según las recomendaciones dietéticas. ¿Cuál es la situación de la alimentación en América Latina y el Caribe y qué estamos haciendo al respecto?

 

Un nuevo informe panorámico, elaborado por un equipo de la Alianza de Bioversity International y el CIAT y el Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá (INCAP), replantea la forma en que entendemos la seguridad alimentaria y las dietas en América Latina y el Caribe (ALC), y cómo estos factores contribuyen a las inequidades en salud en la región. En ALC, la carga económica de las diversas formas de malnutrición es considerable (entre el 5 % y el 15 % del PIB), por lo que es muy importante comprender cómo se pueden integrar los sistemas alimentario y de salud para mejorar el bienestar y reducir dicha carga.

En primer lugar, examinamos la seguridad alimentaria por género y por ubicación (urbana/rural). De acuerdo con el informe HLPE sobre sistemas alimentarios urbanos y periurbanos, el 75 % de las personas con inseguridad alimentaria en Latinoamérica y el Caribe residen en zonas urbanas y periurbanas. Esto tiene implicaciones tanto en lo que respecta a la medición (la necesidad de evaluar la seguridad alimentaria de hombres y mujeres) como en la revisión de los programas gubernamentales y de desarrollo actuales para abordar mejor la seguridad alimentaria en las zonas periurbanas y urbanas. Nuestra colega, Susan López, de la Unidad Técnica de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Honduras, analiza el enfoque del gobierno para abordar la inseguridad alimentaria.

En segundo lugar, utilizando el marco recientemente desarrollado sobre dietas saludables, que se basa en cuatro principios —adecuación, equilibrio, diversidad y moderación—, evaluamos las dietas en la región. La población adulta solo cumplía con uno de los principios (diversidad). Entonces, ¿qué políticas y esfuerzos programáticos se están implementando para mejorar el cumplimiento de los demás principios? Nuestras colegas —Elisa M. Cadena, Irieleth Gallo y Victoria Eugenia Soto de PROESA— muestran el impacto del etiquetado en la parte frontal de los envases. Por su parte, Elizabeth Valoyes Bejarano de la UNAL ha realizado un trabajo fantástico en el que operacionaliza guías alimentarias basadas en diferentes perfiles de biodiversidad en Colombia, mientras que la integrante de nuestro equipo, Sara Rankin, compartió sus conocimientos sobre los análisis del costo de las dietas saludables en Cali, Colombia, realizados conjuntamente con la PUJ.

Nuestra evaluación de los cuatro principios de una dieta saludable en América Latina. Fuente: Adaptado de FAO y OMS, 2024.

Nuestro equipo comparte algunas reflexiones sobre la elaboración de este informe:

Ramya Ambikapathi,
Científica de la Alianza Bioversity & CIAT.

Las brechas de género en materia de seguridad alimentaria en la región se encuentran entre las más elevadas del mundo y superan incluso a las de África y Asia, donde suele centrarse el debate. Esto justifica una investigación más profunda y revela un problema fundamental con los datos: solo unos pocos conjuntos de datos recogen la inseguridad alimentaria tanto de hombres como de mujeres, y estos datos solo se remontan a los últimos diez años. En segundo lugar, los hombres consumen más alimentos poco saludables, pero las intervenciones rara vez examinan su impacto específico en los hombres o cómo responden estos a herramientas como las etiquetas en la parte frontal de los envases. Esta falta de atención por parte de las políticas es importante porque las muertes relacionadas con la alimentación por enfermedades cardiovasculares y diabetes afectan de manera desproporcionada a los hombres en toda la región.

Johana Marcela Castillo Rivera,
Investigadora Asociada de la Alianza Bioversity & CIAT.

Lo que me llamó la atención fue la marcada disparidad entre lo que producen América Latina y el Caribe y lo que consumen. La región es una potencia agrícola que produce frutas, verduras y legumbres; sin embargo, paradójicamente, debido a las políticas orientadas a la exportación, la mayor parte de su población no alcanza los niveles mínimos de consumo recomendados para estos alimentos. Además, existe un alto consumo de bebidas azucaradas, presente en hasta el 92 % de los adultos en Honduras y el 74 % en Colombia, y de aperitivos ultraprocesados. Esta contradicción refleja no solo fallos en los sistemas alimentarios, sino también políticas que priorizan las exportaciones por encima de la nutrición local. Otra preocupación son los bajos niveles de actividad física y las altas tasas de sobrepeso. En países como Bolivia, el 89 % de las mujeres y el 82 % de los hombres son físicamente inactivos. En cambio, a nivel regional, el 67 % de los adultos tiene sobrepeso u obesidad, y el 37 % de los niños y adolescentes (de 5 a 19 años) se enfrenta al mismo problema. El verdadero reto para la región no es producir más, sino comer mejor: reorientar la producción, las políticas públicas y los entornos urbanos hacia una nutrición sostenible alineada con las necesidades reales de sus poblaciones.
 

Mónica Mazariegos,
Investigadora del Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá (INCAP)

El informe me hizo reflexionar sobre cómo la inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe sigue siendo un fenómeno urbano, desigual y profundamente marcado por las diferencias de género, y sobre cómo, incluso en una región rica en diversidad alimentaria, muchas personas se enfrentan a obstáculos para acceder a una alimentación que favorezca su salud, especialmente cuando el consumo de productos poco saludables está tan extendido, lo que nos recuerda que transformar los sistemas alimentarios implica situar estas desigualdades en el centro de la agenda.

Gina Kennedy,
Científica principal de la Alianza de Bioversity & CIAT. 

En primer lugar, los cuatro principios de una dieta saludable ofrecen una valiosa herramienta de comunicación que explica claramente qué son las dietas saludables, especialmente para públicos que no son expertos en nutrición. Me emocionó aplicar este marco al trabajo que estamos realizando en América Latina y el Caribe. Lo que me pareció interesante es que, si bien América Latina y el Caribe muestra una diversidad alimentaria impresionante en general (6 de 10 grupos de alimentos en promedio), las legumbres siguen siendo subconsumidas a pesar de su aceptación cultural. El consumo de azúcar es otro hallazgo llamativo. Actualmente, entre el 20 % y el 30 % de las calorías provienen del azúcar, y existe un desajuste grave entre las recomendaciones de consumo de azúcar (20-50 g al día), el suministro nacional de azúcar (12 veces el nivel recomendado) y el consumo promedio (99 gramos al día). También me sorprendió ver un consumo adecuado de hierro, vitamina A y zinc en esta población, aunque estos consumos de nutrientes son inadecuados en las comunidades de bajos ingresos de América Latina y el Caribe, especialmente entre los niños y las mujeres con diferentes necesidades fisiológicas.

Jenny Wiegel,
Líder para las Américas de la Alianza Bioversity & CIAT.

Lo que más llamó la atención fue el carácter eminentemente urbano y periurbano del desafío de la seguridad alimentaria. Normalmente pensamos en la seguridad alimentaria como un problema rural. Sin embargo, los datos muestran que se trata cada vez más de una cuestión urbana y periurbana, donde muchas personas dependen de los mercados para adquirir alimentos. Esto plantea cuestiones importantes sobre cómo abordamos estos desafíos en América Latina, especialmente teniendo en cuenta los sistemas alimentarios orientados a la exportación de la región. Los diferentes sectores deben desarrollar políticas que mejoren la seguridad nutricional. Por ejemplo, ¿existen políticas que aborden las brechas salariales de género en la producción y las cadenas de valor? ¿Cómo influyen los entornos alimentarios en la alimentación de las comunidades donde predominan las actividades agrícolas orientadas a la exportación? Hemos presentado este trabajo a los consejos gubernamentales de seguridad alimentaria y a las organizaciones internacionales de desarrollo, y siguen estando muy sorprendidos (al igual que nosotros) al ver unas brechas de seguridad alimentaria de género tan elevadas en América Latina y el Caribe.

Mark Lundy

Director, Food Environment and Consumer Behavior

Mark Lundy,
Director del Área de Investigación de Entorno Alimentario y Comportamiento del Consumidor en la Alianza Bioversity & CIAT.

A la gente siempre le sorprende la persistencia de la inseguridad alimentaria en las Américas. Se trata de un problema antiguo con múltiples dimensiones. Incluso dentro de la Alianza, el Grupo Consultivo (CG) y las comunidades dedicadas al desarrollo y las políticas, existe la idea de que hemos resuelto la seguridad alimentaria en la región, de que todo se reduce a las calorías para las comunidades rurales. Este informe pone de manifiesto una gran desconexión entre este paradigma y la realidad de la región. Las percepciones y las acciones deben basarse en la evidencia y replantear la inseguridad alimentaria de una manera mucho más integral para las Américas.

¿Cuáles son tus reflexiones? ¿Has encontrado algo sorprendente en el informe? ¡Nos encantaría conocer tu opinión!