Research Articles La ganadería sostenible que está cambiando la Orinoquía colombiana
La Orinoquía colombiana, una de las regiones con mayor potencial productivo del país, está demostrando que es posible producir más carne con menor impacto ambiental. En el departamento de Vichada, la Hacienda San José, con el apoyo del Programa de Forrajes Tropicales de la Alianza Bioversity International y el CIAT, transformó un sistema ganadero tradicional en un modelo sostenible que hoy incrementa la productividad, reduce las emisiones y fortalece la resiliencia frente al cambio climático.
Esta región, que comprende departamentos como Arauca, Casanare, Meta y Vichada, enfrenta condiciones complejas: suelos ácidos, baja fertilidad, altas temperaturas y una marcada variabilidad climática, con períodos de sequías prolongadas y lluvias intensas. En este contexto, prácticas como la quema de sabanas se han utilizado durante décadas para renovar pasturas y sostener la producción durante las épocas secas. Sin embargo, también se han asociado con la degradación del suelo, la pérdida de biodiversidad y una baja eficiencia productiva.
Los resultados reflejaban las limitaciones de este modelo productivo. En zonas como Vichada, se requerían cerca de 18 hectáreas para sostener un solo animal, con ganancias de peso promedio de apenas 540 gramos diarios y una producción anual cercana a 11 kilogramos por hectárea. Esta baja eficiencia no solo restringía el potencial productivo de la región, sino que también incrementaba la vulnerabilidad de los sistemas ganaderos frente al cambio climático.
Como explica Jacobo Arango, líder del Programa de Forrajes Tropicales, el problema se originaba en la base misma del sistema: “se basaba en pasturas degradadas, con baja productividad y limitada capacidad de carga, lo que se traducía en animales con bajo desempeño y ciclos productivos largos”. Desde una perspectiva técnica, Juan Andrés Cardoso, ecólogo y fisiólogo vegetal de la Alianza Bioversity International y el CIAT, señala que la baja calidad de las pasturas es uno de los principales factores que limitan la productividad de los sistemas ganaderos tropicales, ya que reduce tanto la capacidad de carga como el desempeño nutricional y productivo de los animales.
Frente a este panorama, la Hacienda San José decidió replantear su modelo productivo. En una finca de 8.670 hectáreas, establecida sobre suelos de baja fertilidad, se implementó un sistema orientado a mejorar la base alimenticia del ganado, acompañado de un manejo más eficiente del suelo y de las pasturas.
La transformación se sustentó en cuatro pilares: la eliminación de la quema, la implementación del pastoreo rotacional, la introducción de forrajes mejorados y el monitoreo ambiental. El cambio más significativo fue la incorporación de Urochloa humidicola, un pasto forrajero tropical adaptado a las condiciones de la Orinoquía, capaz de crecer en suelos ácidos, resistir períodos de sequía y contribuir a la recuperación del suelo gracias a su sistema de raíces profundas.
Pero el cambio no se limitó al tipo de pasto, sino también a la forma de manejarlo. En la práctica, el sistema consiste en mover el ganado entre potreros de manera planificada. Esto permite que el pasto se recupere, mejora la alimentación de los animales y optimiza el uso del suelo. Como resultado, aumenta la disponibilidad de forraje y se mantiene la producción incluso en condiciones climáticas adversas.
Los resultados evidencian un cambio significativo en la productividad. La cantidad de pasto disponible se multiplicó por seis, pasando de 0,4 a 2,4 toneladas por hectárea. Esto permitió mejorar la alimentación del ganado, cuyo aumento de peso pasó de aproximadamente 540 gramos diarios a cerca de 1 kilogramo por día.
En conjunto, estos cambios se reflejan en un aumento significativo de la producción: se pasó de aproximadamente 11 a 365 kilogramos de carne por hectárea al año. En otras palabras, hoy se produce mucho más en la misma área de tierra.
Esto no solo mejora la eficiencia del sistema, sino que también reduce la necesidad de expandir la frontera agrícola hacia nuevos ecosistemas. A nivel ambiental, los beneficios también son evidentes. Las emisiones de gases de efecto invernadero por kilogramo producido se redujeron entre un 46 % y un 64 %. Además, el sistema alcanzó una huella de carbono negativa, lo que significa que captura más carbono del que emite, almacenando cerca de 2 toneladas adicionales de C por hectárea al año.
Otro elemento clave es la resiliencia. Las pasturas mejoradas utilizadas pueden tolerar condiciones extremas, incluyendo periodos de encharcamiento de hasta 30 días, lo que permite mantener la productividad en contextos de alta variabilidad climática. Esta capacidad de adaptación es fundamental para que el sistema no solo funcione en una finca, sino que también pueda replicarse en toda la región.
En ese sentido, el impacto de esta experiencia ya se proyecta más allá de la Hacienda San José, extendiéndose a aproximadamente 200.000 hectáreas en fincas cercanas y demostrando su potencial de escalamiento. Para lograrlo, será clave garantizar la disponibilidad de semillas, así como la asistencia técnica y el acompañamiento a los productores durante la implementación.
Lo que está ocurriendo en Vichada va más allá de un caso puntual. Demuestra que la Orinoquía no solo es una región ganadera, sino también un territorio estratégico para el desarrollo de sistemas productivos sostenibles. Más allá de aumentar la producción, esta transformación responde a un desafío global: producir más alimentos sin incrementar la presión sobre los ecosistemas ni las emisiones de gases de efecto invernadero.
La evidencia es clara: la clave no está en expandir la frontera agrícola, sino en transformar la manera de producir. Lo que hoy ocurre en Vichada demuestra que la ganadería, bien manejada, puede pasar de ser parte del problema a convertirse en parte de la solución.
Así, en una región históricamente marcada por el uso del fuego y la baja productividad, comienza a consolidarse una alternativa que combina mayor producción, mejor manejo del suelo y una respuesta concreta frente al cambio climático. Como coinciden Jacobo Arango y Juan Andrés Cardoso, mejorar la base alimenticia del ganado no solo transforma la productividad, sino que también abre el camino hacia una ganadería más resiliente y sostenible en el trópico.
Lo que hoy ocurre en Vichada demuestra que es posible producir más en la misma área, reducir las emisiones y adaptarse mejor a un clima cada vez más variable. Más que una experiencia aislada, este modelo integra productividad, sostenibilidad y resiliencia, y ofrece una ruta concreta para transformar la ganadería en Colombia y en otras regiones tropicales con desafíos similares.
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