Blog Después de la emergencia: cómo decidir qué reconstruir y cómo hacerlo
En la primera entrega de esta serie exploramos cómo un terremoto puede afectar los sistemas alimentarios más allá de los daños visibles: desde las fincas y los mercados hasta las familias que dependen de ellos. Ahora damos un paso más: ¿qué información puede ayudar a decidir cómo recuperar y cómo reducir los riesgos futuros? De la emergencia a la resiliencia. Segunda entrega
Después de un terremoto, las primeras preguntas suelen ser urgentes: ¿cuántas víctimas? ¿qué se dañó?, ¿cuánto se perdió?, ¿qué hay que reparar?
Pero cuando empieza la recuperación aparece otra pregunta, menos visible y más compleja: ¿cómo reconstruir sin volver a quedar expuestos a los mismos riesgos?
Para Deissy Martínez-Barón, investigadora de la Alianza de Bioversity International y el CIAT, líder regional del área de Acción Climática en LAC, parte de la respuesta está en mirar más allá de los daños físicos.
“Lo primero que ocurre no siempre es lo más visible: el daño físico a cultivos, suelos e infraestructura se ve, pero la ruptura del ciclo agrícola es más profunda. Un agricultor que pierde su semilla pierde un insumo y también pierde el punto de partida de la siguiente temporada”, dice Deissy.
Una emergencia puede interrumpir años de trabajo. Puede afectar semillas, infraestructura, acceso a los mercados o las redes de conocimiento que permiten a una comunidad responder ante cambios en el clima, por ejemplo. Y cuando esos elementos se pierden, también se debilita la capacidad para enfrentar lo que viene.
La recuperación plantea entonces otra tarea que es entender qué estaba funcionando antes del desastre, qué fallaba y qué capacidades permanecen.
“La pregunta clave antes de intervenir es ‘¿qué estaba fallando aquí antes, y por qué?’”, señala la investigadora.
Del daño al riesgo
Responder esa pregunta requiere información sobre el territorio y sobre las condiciones que pueden aumentar los riesgos en los próximos meses. Ahí entran herramientas como la modelación agroclimática y los pronósticos climáticos.
Camilo Barrios, investigador de la Alianza, líder del equipo de modelación agroclimática del Área de Acción Climática, explica que después de un evento como el terremoto de magnitud 7.4 que golpeó el Occidente de Colombia el pasado 10 de agosto, estas herramientas pueden ayudar a anticipar cómo se comportarán variables como las lluvias, la temperatura y el balance hídrico, mientras las comunidades reorganizan sus actividades productivas.
También pueden ayudar a identificar periodos secos o de lluvias intensas que agraven problemas en suelos afectados por el sismo, y a definir mejores momentos para sembrar o cosechar.
Tener los datos plantea otro reto y es convertirlos en información útil para la toma de decisiones que van desde cuándo sembrar, qué variedad utilizar, cómo proteger un cultivo que no sufrió daños hasta dónde conviene invertir nuevamente.
Camilo Barrios, investigador de la Alianza, en una parcela digital donde se monitorean variables agroclimáticas para apoyar la toma de decisiones en el campo.
“Lo importante está en traducir los datos técnicos en productos útiles o accionables, y de fácil interpretación”, explica Camilo. Esto puede incluir mapas de riesgo, alertas tempranas y recomendaciones agronómicas, desarrolladas junto con las entidades territoriales y los gremios para que respondan a las necesidades reales del territorio.
Reconstruir también es aprender
Pasar de los datos a las decisiones implica cambiar la forma de mirar la recuperación.
Camilo Barrios plantea el reto como un paso de un enfoque descriptivo, saber cuánto se perdió y dónde, a uno prospectivo: utilizar esa información para construir escenarios y decidir qué hacer después. “La buena reconstrucción no radica en solo reponer lo que se perdió, también en usar la evidencia disponible para tomar decisiones que reduzcan la exposición futura”, señala el investigador.
¿Dónde tiene sentido reconstruir una infraestructura como estaba y dónde sería necesario rediseñarla? ¿qué cultivos ofrecen mejor relación entre resiliencia y sustento económico? ¿Qué alternativas pueden reducir los riesgos sin afectar los medios de vida de las familias?
Para Deissy Martínez, estas decisiones tampoco pueden tomarse únicamente desde afuera. Una innovación puede ser técnicamente adecuada, pero no funcionar si no responde a la demanda de quienes viven en el territorio. Por eso, dice, “recuperar también significa escuchar qué existía antes del desastre y qué capacidades permanecen”.
Entre ellas están las redes de conocimiento y confianza que sostienen buena parte de la vida rural: vecinos que intercambian información sobre las lluvias, grupos de mujeres que comparten semillas, líderes locales que conectan a las comunidades.
“Un desastre puede romper esas redes sin que aparezcan en un informe de daños. Y ese tejido es, con frecuencia, el activo más importante que tiene una comunidad para recuperarse. Sin él, cualquier intervención externa tiene que empezar de cero”, destaca finalmente Deissy Martínez.
La recuperación implica decidir qué vale la pena recuperar, qué necesita cambiar y qué información puede ayudar a reducir la exposición frente a futuros eventos extremos.
La ciencia puede contribuir precisamente allí: conectando datos, conocimiento del territorio y evidencia para que las decisiones de recuperación sean más específicas y estén mejor informadas.
Porque reconstruir mejor significa aprender de lo ocurrido para tomar mejores decisiones sobre lo que viene.
Científicos
Deissy Martínez-Barón
Líder regional de Acción Climática en América Latina y el Caribe
