Research Articles ¿Cuándo se vuelve ecológica la ganadería? La curva ambiental de Kuznets
La ganadería suele estar en el punto de mira de los debates medioambientales por ser una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero y un factor de deforestación. Sin embargo, el ganado también es el medio de vida de millones de personas y la columna vertebral de las economías rurales de muchos países en desarrollo. Esto plantea una cuestión crucial: A medida que los países se desarrollan y sus industrias ganaderas crecen, ¿empezará a disminuir su impacto ambiental? ¿Sigue la ganadería una "curva ambiental de Kuznets", en la que la contaminación aumenta, alcanza su punto máximo y luego disminuye a medida que aumentan los ingresos? Un estudio reciente, publicado en la prestigiosa revista Nature Scientific Reports, analiza esta cuestión en América Latina, África y el Sudeste Asiático. Los resultados son reveladores y constituyen una llamada a la acción.
La curva ambiental de Kuznets es una teoría que sugiere que el medio ambiente sufre inicialmente cuando una economía crece, pero a partir de cierto nivel de prosperidad, un mayor crecimiento conduce a una mejora medioambiental. Es como una curva en "U" invertida: al principio, más crecimiento implica más contaminación, pero a partir de un punto de inflexión (el pico de la "U"), las economías más ricas empiezan a invertir en tecnologías más limpias y en políticas más estrictas, con lo que la contaminación disminuye. En el punto álgido de la curva, se produce un cambio hacia industrias menos contaminantes y servicios de mejor calidad, lo que ayuda a frenar la degradación ambiental. Después de ese punto de inflexión, el aumento de los ingresos suele ir acompañado de una mayor demanda de un medio ambiente limpio y más recursos para inversiones ecológicas. En resumen, a partir de una determinada fase de desarrollo, la gente puede hacer crecer la economía y ecologizar el medio ambiente al mismo tiempo, al menos en teoría.
La curva ambiental de Kuznets no se observa automáticamente en todas partes; el punto de inflexión depende de factores como la tecnología, la concientización pública y las políticas gubernamentales. En el contexto de la ganadería, la hipótesis de la curva ambiental de Kuznets sugiere un escenario esperanzador: tras un crecimiento suficiente, los ganaderos y los gobiernos podrían adoptar prácticas más ecológicas —como una mejor gestión del estiércol, sistemas silvopastorales o innovaciones que reduzcan el metano—, lo que llevaría a un descenso de las emisiones por unidad de producción.
La gran pregunta es si este patrón de la U invertida se manifiesta realmente en el mundo real de la producción ganadera, o si los impactos ambientales no hacen más que aumentar.
Ganadería y retos medioambientales en las regiones en desarrollo
Antes de profundizar en las conclusiones del estudio, conviene entender por qué la ganadería es tan crucial, y tan difícil, en estas regiones. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la ganadería proporciona ingresos a cerca del 60% de las familias rurales de los países en desarrollo y contribuye aproximadamente con el 12% de las emisiones de gases de efecto invernadero de esos países. En términos más sencillos, las vacas son el sostén de las familias a la vez que grandes emisoras. Esta doble importancia implica que cualquier política medioambiental debe equilibrar los medios de subsistencia de las personas con la salud del planeta.
Cada región tiene sus propias características. América Latina tiene enormes industrias ganaderas y ha sufrido una gran deforestación, aunque ahora está empezando a adoptar prácticas más sostenibles. África tiene una ganadería a menor escala limitada por la tierra y el clima riguroso, aunque la mejora de los forrajes tolerantes a la sequía ofrece la esperanza de aumentar la productividad sin ampliar los rebaños. El sector ganadero del sudeste asiático es relativamente pequeño, pero está creciendo y la mejora de los sistemas de alimentación está empezando a mostrar beneficios en cuanto a productividad. A pesar de sus diferencias, las tres regiones se enfrentan al mismo reto: cómo hacer crecer las economías ganaderas protegiendo al mismo tiempo el medio ambiente.
Iniciativas, como el aval GANSO, y el monitoreo de la deforestación en las redes de abastecimiento de carne en Colombia permiten evaluar y monitorear las prácticas sostenibles, conservar el ecosistema y medir el impacto ambiental de las fincas ganaderas en términos de emisiones de gases de efecto invernadero. Crédito: GANSO
El estudio: Prueba de la curva ambiental de Kuznets para el ganado vacuno (2000-2020)
El estudio examinó datos de 2000 a 2020 en docenas de países productores de ganado vacuno de América Latina, África y el Sudeste Asiático. Comparó el crecimiento del sector ganadero (utilizando el valor bruto de producción de ganado vacuno de carne y leche) con el impacto ambiental, medido por las emisiones equivalentes de CO2 específicas del sector y la huella ecológica de la ganadería. Mediante modelos estadísticos, los investigadores comprobaron si la relación sigue una forma de U invertida, como predice la teoría de la curva ambiental de Kuznets. También incluyeron en el análisis variables como la calidad de la gobernanza, la eficiencia energética, la urbanización y la financiación del desarrollo para ver cómo afectaban estos factores institucionales y socioculturales a la relación entre ganadería y medio ambiente.
Principales conclusiones: Más ganado, más emisiones, sin punto de inflexión (todavía)
En las tres regiones, el estudio concluye que, en la actualidad, una mayor producción ganadera implica más emisiones, con un aumento de la contaminación de casi uno a uno a medida que aumenta la producción. Los países con los mayores sectores ganaderos (Brasil, Argentina, Etiopía, etc.) son, de hecho, los que registran las mayores emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con el ganado, y este patrón se mantuvo estable entre 2000 y 2020. Y lo que es más importante, ninguna región ha alcanzado aún el punto de inflexión de la curva ambiental de Kuznets en el que las emisiones empezarían a disminuir. En la práctica, América Latina, África y el Sudeste Asiático se encuentran todavía en el lado "ascendente" de la curva: el aumento de la producción ganadera va unido a un incremento de la degradación medioambiental. Incluso la economía ganadera más avanzada (Brasil) no había alcanzado el umbral de inflexión en 2020: era la que estaba más cerca, pero aún le faltaban decenas de miles de millones de dólares de producción para llegar al punto de inflexión estimado. En resumen, el descenso previsto de las emisiones no se ha materializado hasta ahora en estas regiones, lo que subraya que el crecimiento por sí solo no ha conducido a resultados más ecológicos.
¿Por qué no se ha invertido la curva? El papel de la gobernanza y la tecnología
La razón por la que aún no se ha producido ningún descenso es que los cambios estructurales que impulsan la fase descendente de la curva ambiental de Kuznets no están generalizados. Las emisiones solo descienden después del pico si se afianzan tecnologías más limpias, prácticas eficientes y políticas sólidas. Las conclusiones del estudio lo corroboran: los países con mejor gobernanza e instituciones tienden a tener menos emisiones para un mismo nivel de producción ganadera. En otras palabras, los esfuerzos deliberados —como invertir en eficiencia energética, adoptar métodos de producción más limpios y hacer cumplir la normativa medioambiental— pueden acelerar el punto de inflexión en lugar de esperar a que llegue por sí solo. Un ejemplo llamativo es cómo se utiliza la financiación: el estudio observó que las ayudas internacionales para la protección general del medio ambiente se correlacionan con una reducción de las emisiones del sector ganadero, mientras que las ayudas dirigidas a la agricultura tradicional (sin condiciones de sostenibilidad) se correlacionan con un aumento de las emisiones. Esto demuestra que la forma en que se produce el crecimiento importa mucho. Sin mejoras proactivas en las prácticas y políticas, el crecimiento económico de la ganadería seguirá agravando el daño medioambiental, alejando la fase "más verde" de la curva.
Perspectivas regionales: América Latina, África y el Sudeste Asiático
Aunque el patrón general es similar, cada región presenta retos únicos. América Latina alberga algunas de las mayores economías ganaderas del mundo y, como consecuencia, ha sufrido una gran deforestación. Sin embargo, recientemente muchos países están impulsando prácticas ganaderas más sostenibles para mitigar el daño ambiental. En toda África, el ganado es vital para la subsistencia, pero la producción se ve a menudo limitada por la escasez de tierras y las condiciones climáticas extremas. La mejora de los forrajes adaptados al clima se considera una oportunidad crucial para aumentar la productividad ganadera sin degradar más la tierra. La cría de ganado vacuno en el Sudeste Asiático es relativamente a pequeña escala, ya que predomina otro tipo de ganadería. Aun así, el valor económico del ganado vacuno está aumentando, y los nuevos sistemas (como mejores forrajes y métodos de alimentación) están mostrando beneficios en la productividad, lo que indica que estos países podrían hacer crecer sus sectores ganaderos de una manera más sostenible.
Implicaciones políticas: Doblar la curva
Para que la ganadería evolucione hacia la sostenibilidad, no bastará con el crecimiento económico. Los países necesitan actuar deliberadamente mediante prácticas ganaderas más inteligentes, una gobernanza más sólida e incentivos financieros que recompensen la sostenibilidad. Las siguientes orientaciones políticas indican cómo acelerar esta transición.
- Adopción de prácticas agrícolas climáticamente inteligentes: Promover tecnologías y prácticas que reduzcan las emisiones por animal. Esto incluye mejores piensos (para reducir el metano de la digestión), una mejor gestión del estiércol (para capturar o minimizar el metano) y la integración de árboles o arbustos en los pastos (que pueden absorber carbono y mejorar los suelos). Estas prácticas permiten a los ganaderos producir carne o leche con una menor huella medioambiental.
- Fortalecimiento de la gobernanza y las políticas: Los gobiernos deben hacer cumplir la normativa medioambiental (por ejemplo, leyes contra la deforestación y límites a las emisiones de metano) y ofrecer incentivos a la agricultura sostenible. También es importante integrar el sector ganadero en los planes nacionales de acción por el clima. La buena gobernanza —transparencia, rendición de cuentas y planificación a largo plazo— crea un entorno en el que pueden prosperar las innovaciones sostenibles.
- Alineación del apoyo financiero con la sostenibilidad: Reorientar las subvenciones, la ayuda al desarrollo y las inversiones hacia prácticas respetuosas con el medio ambiente. La financiación de la ganadería debería ir acompañada de condiciones ecológicas, como exigir a los beneficiarios que utilicen tecnologías y prácticas respetuosas con el clima. Los programas internacionales de financiación climática y créditos de carbono pueden recompensar a los agricultores y a las comunidades por reducir las emisiones; por ejemplo, pagando por cada tonelada de gas de efecto invernadero que eviten o por cada hectárea de tierra degradada que restauren. Apoyar a los agricultores en esta transición, a través de la educación, la asistencia técnica y el acceso al crédito para nuevas tecnologías, es crucial para que la sostenibilidad no se produzca a costa de sus medios de vida.
Los ganaderos del distrito de Lushoto, en la región tanzana de Tanga, están encontrando la manera de aumentar su producción y reducir su impacto ambiental mediante la siembra de forrajes mejorados. Créditos: Georgina Smith/CIAT
Una llamada a la acción
Este estudio demuestra que, para la ganadería de América Latina, África y el Sudeste Asiático, la sostenibilidad no llegará automáticamente con el crecimiento económico. A diferencia de la esperanzadora visión de la curva ambiental de Kuznets, ninguna de estas regiones ha visto aún cómo las emisiones alcanzan su punto máximo y disminuyen, al menos no sin una intervención deliberada. Sin embargo, el futuro no está escrito en piedra. Si tomamos ahora medidas proactivas en materia de tecnología, política y prácticas agrarias, podemos acortar el tiempo hasta ese punto de inflexión en el que la producción ganadera deje de significar degradación ambiental. Los autores del estudio subrayan que los continuos esfuerzos institucionales y socioculturales acelerarán el momento en que el crecimiento del sector ganadero deje de dañar el medio ambiente. En esencia, tenemos que doblar la curva nosotros mismos mediante decisiones inteligentes y una gobernanza sólida. Si lo hacemos, la ganadería podrá dirigirse hacia pastos más verdes, alimentando a la población y, al mismo tiempo, cuidando nuestro planeta.
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