Research Articles Cuando las crisis y la democracia abren la puerta: lo que Perú y Kenia revelan sobre la dimensión política de la agroecología
Los investigadores analizaron las políticas relacionadas con la agroecología en Perú y Kenia durante las últimas dos décadas y encontraron que las crisis, el trabajo de incidencia y las reformas democráticas contribuyeron a que la agroecología ganara respaldo en las políticas públicas. El estudio muestra que una transformación duradera de los sistemas alimentarios depende de cambios políticos y no solo de las prácticas agrícolas.
A menudo se habla de la agroecología como una forma de producir alimentos de manera más sostenible: suelos más sanos, fincas más resilientes, sistemas alimentarios locales más sólidos y mejores oportunidades para los pequeños productores. Un nuevo estudio sobre el panorama de las políticas agroecológicas en Perú y Kenia muestra que el futuro de la agroecología puede depender tanto de la política como de las prácticas en el terreno.
El artículo "Of crises, advocates, and framings. The formation of agroecology policy landscapes in Peru and Kenya", publicado recientemente en World Development Sustainability, plantea una pregunta oportuna: ¿cómo surgen realmente los entornos políticos favorables a la agroecología? La respuesta no es sencilla. Las políticas no surgen de forma aislada ni siguen una secuencia clara desde la evidencia hasta su adopción. Se van configurando con el tiempo a partir de las crisis, las instituciones, las coaliciones de defensa y las narrativas que los responsables políticos construyen sobre la agricultura, el desarrollo, la seguridad alimentaria y los medios de vida rurales.
Al comparar Perú y Kenia, el estudio constata que ambos países han avanzado hacia marcos políticos más favorables para la agroecología en las últimas dos décadas. Sin embargo, este cambio sigue siendo incompleto. En ambos casos, la agroecología ha ganado visibilidad, pero sigue compitiendo con modelos políticos profundamente arraigados que favorecen la agricultura industrial, la liberalización de los mercados, la intensificación orientada a la productividad y los intereses corporativos. Esta es la conclusión principal que merece la pena destacar: la agroecología está entrando en los espacios políticos, pero aún no ha transformado las reglas del juego.
Los investigadores analizan el cambio de políticas a través de cuatro factores que interactúan entre sí: acontecimientos desencadenantes, como crisis o disturbios sociales; cambios en las instituciones; procesos de incidencia política, y marcos cognitivos, es decir, las ideas y narrativas que definen cuál es el problema y qué soluciones se consideran legítimas. Este marco ayuda a explicar por qué la agroecología avanza en algunos momentos y se estanca en otros.
Agricultor de la cuenca del Cañete, Perú. Foto: CIAT/N. Palmer
En Perú, la historia tiene sus raíces en una larga trayectoria de luchas agrarias, en los sistemas de conocimiento indígenas y andinos y en un sólido movimiento agroecológico. El panorama de las políticas públicas pasó de un período de inestabilidad y contradicciones durante la reforma agraria a un contexto muy desfavorable en la década de 1990, cuando las reformas neoliberales, la privatización, las tecnologías de la Revolución Verde y la agricultura industrial marcaron el rumbo del sector. Sin embargo, desde comienzos de la década de 2000, el país ha experimentado un cambio gradual hacia políticas más favorables.
Ese cambio no se produjo por casualidad. Las organizaciones de la sociedad civil, las redes de agricultores, el mundo académico, las ONG y los movimientos de consumidores desempeñaron un papel decisivo. Organizaciones como la Red de Agricultura Ecológica, la Red de Acción sobre el Uso de Agroquímicos, la Asociación Nacional de Productores Ecológicos y el Consorcio Agroecológico Peruano contribuyeron a ejercer presión para que se adoptaran políticas que reconocieran la producción ecológica, la agricultura familiar, los mercados locales, las asociaciones de agricultores y las alternativas a la agricultura industrial.
Un detalle especialmente relevante es cómo unas alianzas inesperadas ayudaron a que la agroecología llegara a un público más amplio. En Perú, las organizaciones de agricultores colaboraron con chefs, universidades y el sector gastronómico para vincular la agroecología con la identidad nacional, la biodiversidad y la cultura alimentaria. La Feria Gastronómica Mistura, por ejemplo, se convirtió en algo más que un evento gastronómico; contribuyó a construir un discurso público que relacionaba la gastronomía local con la producción agroecológica.
Entre los hitos políticos de Perú se incluyen el reconocimiento legal de la producción ecológica, la incorporación de la agricultura familiar a la política nacional y el Plan Nacional Concertado para la Promoción y el Fomento de la Producción Ecológica de 2021. El estudio señala que el término «producción agroecológica» se incorporó a la política peruana a través de este plan, lo que refleja un cambio más amplio en la forma de enfocar la agricultura: no solo como producción, sino también como vía para el desarrollo rural, la reducción de la pobreza, la soberanía alimentaria y la protección del medio ambiente.
La trayectoria de Kenia es diferente. Allí, la agroecología ha comenzado a formar parte de los debates sobre políticas públicas más recientemente, en un contexto históricamente marcado por el despojo de tierras durante la época colonial, el enfoque de la Revolución Verde, la influencia de los donantes, la agricultura industrial y el clientelismo político. La Constitución de 2010 marcó un punto de inflexión al ampliar los espacios para la participación ciudadana, la descentralización, los derechos ambientales y la innovación en las políticas públicas a nivel subnacional. Esto creó oportunidades para el desarrollo de políticas agroecológicas a nivel de condado, entre ellas la Política de Agroecología del Condado de Murang’a, adoptada en 2022, y la Política de Agroecología del Condado de Vihiga, aprobada en 2025.
A nivel nacional, Kenia elaboró en 2023 la Estrategia Nacional de Agroecología para la Transformación de los Sistemas Alimentarios. Esto representa un hito importante, ya que incorporó la agroecología al lenguaje de las políticas públicas nacionales. Sin embargo, el estudio concluye que la estrategia sigue enmarcada en una visión fuertemente orientada al productivismo y la modernización. En otras palabras, la agroecología aparece en el texto de la política, pero con frecuencia desde una perspectiva centrada en la productividad, la eficiencia, la comercialización y la agricultura «moderna», lo que la acerca más a la intensificación sostenible que a una agenda agroecológica transformadora.
Este contraste entre Perú y Kenia constituye uno de los principales aportes del artículo. Perú demuestra cómo la incidencia sostenida desde las bases puede construir una visión más integral de la agroecología. Kenia, por su parte, muestra cómo la agroecología puede abrirse camino en los espacios de formulación de políticas, pero también cómo corre el riesgo de verse limitada cuando siguen predominando las agendas de los donantes, la agricultura industrial y las narrativas que priorizan la productividad.
El estudio también destaca el papel de las crisis. En ambos países, los momentos de disrupción abrieron ventanas de oportunidad para impulsar cambios en las políticas públicas: levantamientos campesinos, conflictos por la tierra, crisis económicas, tensiones electorales, el cambio climático y la COVID-19. Estos acontecimientos dejaron al descubierto las debilidades de los sistemas alimentarios y generaron oportunidades para replantear las políticas agrícolas. Sin embargo, las crisis por sí solas no fueron suficientes. Solo adquirieron relevancia política cuando quienes promovían la agroecología lograron presentarla como una alternativa creíble.
La conclusión del artículo es clara: si los países quieren que la agroecología pase de proyectos aislados a una transformación estructural, las políticas públicas deben hacer mucho más que mencionarla. Deben fortalecer la organización de los agricultores, la capacidad de incidencia y la toma de decisiones en los territorios; revisar las políticas que favorecen a la agricultura industrial y a los intereses corporativos, e institucionalizar una visión coherente de la agroecología en los gobiernos y en los espacios de formulación de políticas. Es decir, una perspectiva coherente, bien estructurada, integral, inclusiva e institucionalmente consolidada que se mantenga fiel a los principios fundamentales de la agroecología.
Quizá el mensaje más importante sea que la agroecología no representa solo una transición técnica, sino también una transición democrática. Ampliar su alcance requiere otorgar a los agricultores, a las comunidades y a las instituciones locales un mayor poder para definir los sistemas alimentarios de los que dependen. De lo contrario, la agroecología corre el riesgo de convertirse en una etiqueta más dentro de las políticas públicas: visible en las estrategias, pero incapaz de transformar las estructuras que hicieron necesaria esa transformación desde el principio. Los espacios democráticos para la incidencia y la participación de la sociedad civil en Perú, junto con el entorno más democrático generado por la Constitución de Kenia de 2010, ilustran este camino.
Este estudio se llevó a cabo en el marco de los programas de CGIAR sobre Innovación en políticas y Paisajes multifuncionales.
Foto de portada: FAO/Liana John y CIAT/N Palmer