Blog Tejiendo políticas climáticas más justas: cuando las voces de mujeres, indígenas y jóvenes inciden en la transformación política y territorial de Guatemala
El cambio climático no es solo un fenómeno ambiental, es también un desafío social urgente. Y frente a este reto, son las mujeres y los Pueblos Indígenas quienes están alzando la voz. A través de su liderazgo, conocimientos y experiencias, están marcando el rumbo de políticas públicas más justas, inclusivas y resilientes.
Esta transformación ha sido posible gracias al proyecto “Obteniendo más evidencia sobre los desafíos y las experiencias de adaptación climática de las mujeres en las políticas a nivel nacional”, una iniciativa que busca que los saberes locales y las soluciones que emergen desde las mujeres y las comunidades lleguen a espacios de decisión como el Plan de Acción Nacional de Cambio Climático (PANCC) y la Contribución Nacionalmente Determinadas (NDC).
Impulsado por la Alianza de Bioversity International y el CIAT, con el apoyo del Gobierno de Irlanda y en colaboración con el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN), la Secretaria Presidencial de la Mujer SEPREM y el Ministerio de Agricultura Gandería y Alimentación (MAGA) entre otros actores, el proyecto ha sembrado redes de trabajo en territorios vulnerables, fortaleciendo capacidades, generando evidencia y promoviendo la participación activa de mujeres, incluiyendo mujeres indígenas en la adaptación y mitigación climática. En este esfuerzo han sido fundamentales las alianzas con organizaciones locales como CDRO y ASORECH, así como con actores regionales como PLACA, COMMCA, CAC y CEPREDENAC.
Un cierre que marca nuevos comienzos
El reciente evento de cierre del proyecto no fue simplemente una clausura, sino un punto de encuentro para mirar lo logrado, compartir aprendizajes y, sobre todo, construir colectivamente el camino que viene. A lo largo de una intensa jornada, representantes de instituciones públicas, organizaciones sociales y cooperantes internacionales, dialogaron sobre cómo integrar la igualdad de género y la inclusión social en las políticas climáticas del país y la región.
El evento inició con las voces institucionales de MARN y MAGA, que subrayaron la urgencia de generar acciones diferenciadas para mujeres y pueblos indígenas, reconociendo sus aportes y desafíos específicos. Luego, el equipo de la Alianza Bioversity y CIAT, presentó los principales resultados del proyecto: la evaluación de los 22 Planes Departamentales de Adaptación al Cambio Climático bajo criterios de género y del lente de impacto “Alcanzar, Beneficiar, Empoderar y Transformar”, la documentación de mecanismos pilotos que han fortalecido el liderazgo de mujeres en la gestión ambiental comunitaria, la adaptación al cambio climático y la elaboración de herramientas metodológicas y recomendaciones para informar las próximas iteraciones del PANCC y las NDC.
Experiencias que inspiran desde los territorios
Uno de los momentos más enriquecedores fue el panel-foro que reunió cinco experiencias diversas que han logrado avanzar en la transversalización de género en la acción climática en Guatemala. Desde el monitoreo climático liderado por mujeres mayas en el programa del WFP; pasando por el fortalecimiento de promotoras comunitarias en la gestión de los recursos naturales en CDRO; la experiencia del proyecto de la Cadena Volcánica, que ha impulsado el desarrollo local desde lo forestal; incluyendo las iniciativas de ASORECH para una agricultura adaptada al clima; hasta los enfoques de gobernanza ambiental del proyecto EbALAC de GIZ. Todas estas historias comparten un hilo común: nacen de lo local, desde la vivencia cotidiana del cambio climático, y apuestan por una transformación real que incluye a quienes históricamente han sido excluidos.
Instituciones que se suman al cambio
En una segunda etapa, el conversatorio institucional abrió un espacio para escuchar a representantes de entidades nacionales y regionales (MARN, MAGA, INAB, COMMCA, CAC, CEPREDENAC y CSUCA), quienes compartieron sus avances y los retos aún pendientes. Se destacaron buenas prácticas como la participación de mujeres rurales en los incentivos forestales, la creación de agendas de empoderamiento económico, o la incorporación del enfoque de cuidados en las políticas regionales. Al mismo tiempo se reconocieron brechas estructurales profundas que aún limitan la implementación efectiva de las políticas, especialmente en lo que respecta a presupuestos, formación técnica y coherencia institucional.
Durante el trabajo en grupos, los y las participantes reflexionaron sobre los elementos más valiosos de las experiencias compartidas y construyeron propuestas de indicadores para medir la inclusión de género y pueblos indígenas en la acción climática. Entre las propuestas se plateó rediseñar la asistencia técnica con enfoque diferencial, de visibilizar las prácticas agroecológicas ancestrales, de asegurar la participación indígena en la gobernanza de áreas protegidas y de generar información climática en idiomas locales.
Este ejercicio colectivo no solo dejó insumos concretos para las próximas actualizaciones del PANCC y la NDC, sino que también reafirmó la convicción de que solo con la participación activa de todos los sectores públicos y privados —comunidades, instituciones y organizaciones, cooperación, academia e investigación— se puede lograr una adaptación climática verdaderamente transformadora.
Una hoja de ruta para la equidad climática
El evento concluyó con un mensaje claro: el enfoque de género no es un añadido, es una condición necesaria para la justicia climática. Incluir a las mujeres no significa excluir a los hombres; significa construir espacios donde todas las personas, sin importar su origen o condición, puedan participar y decidir. Significa reconocer que las soluciones están en los territorios, en la sabiduría colectiva, y en el poder de las alianzas genuinas.
Este esfuerzo colectivo no solo ha generado evidencia y propuestas concretas para mejorar las políticas públicas, sino que ha sembrado algo más profundo: confianza, articulación y reconocimiento.
Para Guatemala, representa un paso firme hacia una acción climática más efectiva y legítima, construida con las voces de quienes viven las consecuencias del cambio climático cada día. Políticas mejor informadas y más sensibles a las realidades del país tienen mayores probabilidades de ser sostenibles y generar un impacto duradero.
Para las mujeres, especialmente en zonas rurales e indígenas, este proceso ha significado contar con un espacio donde sus experiencias no solo se escuchan, sino que se valoran como conocimiento. Su participación activa en la gestión del agua, los bosques, la agricultura y la planificación comunitaria mejora su calidad de vida y fortalece a toda la comunidad frente a los riesgos climáticos.
Para los pueblos indígenas, ha sido una oportunidad para que su sabiduría ancestral, su cosmovisión y sus prácticas sostenibles sean reconocidas como elementos esenciales para una transformación socioambiental inclusiva. Reivindicar estos saberes no es mirar al pasado, es reconocer las raíces y tejer un futuro más justo y en equilibrio con la naturaleza.
En un contexto donde la desigualdad y la crisis climática se entrelazan profundamente, procesos como este nos recuerdan que la resiliencia se construye desde la equidad, desde los territorios, y desde la participación de todas y todos.
Este es el camino para que Guatemala no solo enfrente el cambio climático, sino que lo haga de forma más unida, más justa y equitativa y con visión para proteger y transformar su presente y su futuro.