Blog Steve Beebe, el ‘mejorador’ de la Tierra

Steve Beebe

El doctor Steve Beebe, anterior líder del Programa de Fríjol de la Alianza de Bioversity International y el CIAT, ha desarrollado más de 40 variedades del grano, a las que modificó para que obtuvieran mejor calidad nutricional, resistencia a plagas o sequías, y fueran el sustento de millones de campesinos en 20 países. Lo llaman el ‘mejorador’ de la Tierra, un científico que cumplió su propósito de hacer del mundo un mejor lugar. En los próximos días se retirará del programa, para darle su mejor tiempo a la familia. “No se debe perder la atención sobre la misión en la vida. Eso es lo que da la fortaleza para enfrentar la inestabilidad. Ser conscientes de la misión, pese a las dificultades”, dice. 

Steve Beebe es científico gracias a las flores. Todo sucedió cuando aún era un adolescente. Él nació en una familia de agricultores en Estados Unidos, en una granja poco común. Se hacía de todo: criaban cerdos, cultivaban maíz dulce, verduras, hasta que por último su padre se dedicó a los invernaderos: producir plantas para trasplantarlas en primavera. 

Con el negocio de las flores, Steve conoció la genética aplicada, que permitía cambios tan maravillosos en las variedades de los cultivos como resistir plagas o sequías o excesos de lluvia, y pensó que aquello podría cambiarles la vida a millones de personas en el mundo.  

–     Fue cuando me entusiasmé con la idea de ser un mejorador genético. 

Estudió el pregrado en la Universidad Estatal de Iowa, de las más prestigiosas en agricultura, y después en la Universidad de Wisconsin, donde se dictaba uno de los programas de mejoramiento genético más avanzado en la época. Uno de los profesores y el director de tesis de Steve fue un científico de prestigio, el doctor Frederick Bliss. Otro de sus profesores fue el doctor Warren “Buck” Gabelman, quien desarrolló y lanzó las primeras zanahorias y remolachas de mesa híbridas. “Buck”, como era conocido, murió el pasado 11 de junio de 2022, a los 101 años. 

–    Me siento muy afortunado de haber tenido esos dos profesores en particular, porque hicieron de la carrera algo mucho más trascendente que el esfuerzo por conseguir un grado, un título. Se trataba en realidad de una investigación intelectual permanente con el fin de encontrar soluciones a las amenazas que enfrentan los agricultores.  

Fue Frederick Bliss el que le cambió la vida en una conversación que no tardó más de tres minutos. Steve, en su segundo año como estudiante de doctorado en la Universidad de Wisconsin, se sentía agobiado. Debía cumplir con las clases, pero también con una investigación sobre la pudrición de la raíz de los fríjoles. Pensó en dejarlo todo y se lo contó a su profesor. 

Bliss lo conocía bien. Sabía que el propósito de Steve era ayudar a hacer del mundo un mejor lugar. Le mencionó dónde podría cumplir ese propósito continuando con su carrera científica: el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), en Palmira, Colombia. El plan inicial era trabajar un año en el Centro como parte de su estudio de tesis. Desde entonces han pasado cinco décadas. 

  • Steve Beebe while working at CIAT

–    Llegué a Colombia por primera vez en enero de 1977, para hacer estudios de la resistencia a los patógenos de pudrición de la raíz del fríjol transmitidos por el suelo. Estuve 15 meses en el CIAT en esa primera etapa. Después me ofrecieron un contrato como mejorador en un proyecto regional en Centroamérica, financiado por el Gobierno suizo. Me radiqué en la oficina del CIAT en Guatemala para orientar los programas de mejoramiento, junto a dos colegas colombianos: el famoso Silvio Hugo Orozco, que era agrónomo, y el doctor Guillermo Gálvez, patólogo. En este país viví durante cuatro años.

Eran días difíciles en Guatemala, donde se libraba una guerra civil. El conflicto había iniciado en 1960, y apenas terminó en 1996. Todo comenzó por un fallido golpe de Estado para derrocar al presidente Miguel Ydígoras Fuentes. Alguna vez, mientras estaba en su hotel, Steve escuchó el estruendo de un carro bomba que explotó al otro lado de la calle, y pese al susto, por su cabeza no pasó la idea de irse del país. 

En el campo se vivía otro conflicto: los campesinos lidiaban con una enfermedad llamada ‘virus del mosaico amarillo dorado del fríjol’ (BGYMV, por sus siglas en inglés), que causaba estragos en las cosechas, y Steve se puso al frente de esa lucha. Hasta 1985, cuando regresó a Colombia y nunca más se fue. 

–    Me siento un colombiano más. Mi esposa es caleña.  He viajado a muchos lugares del mundo y eso me ha permitido admirar lo que es Colombia, una nación maravillosa.

  • Steve Beebe

Por 28 años (desde 1992 hasta 2020), Steve lideró el Programa de Fríjol en el CIAT, hoy Alianza de Bioversity International y el CIAT. Junto al equipo de investigadores, ha mejorado más de 40 variedades del grano para que tengan mayor calidad nutricional y resistencia a plagas o sequías. Las variedades se han distribuido en casi 20 países. Steve, sin embargo, habla de aquello con modestia. Es un hombre sencillo, desprevenido de su talento y de la huella que ha dejado. Sus colegas, en cambio, se explayan al conversar sobre su trabajo. 

–    Los logros del doctor Steve Beebe han sido múltiples y duraderos. No menos meritorio ha sido su papel como capitán del Programa de Fríjol, cuando varios escucharon las sirenas de la facilidad y no siguieron el reto de poner al fríjol del trópico dentro de los 20 primeros cultivos a nivel mundial en productividad, en calidad nutricional y en sostenibilidad ambiental – dice por ejemplo el botánico belga Daniel Gabriel Debouck, quien durante más de dos décadas fue el director de la Unidad de Recursos Genéticos del CIAT. 

El doctor Debouck agrega: 

–    En los últimos años, Steve se ha dedicado a usar los híbridos interespecíficos para cambiar la fisiología de la planta de fríjol, frente a los problemas de sequía, calor y suelos imposibles. De manera clásica y por tantos años (arrancó con Gregor Mendel, el padre de la genética, en 1865), se usaron los híbridos interespecíficos como fuente de resistencia a enfermedades, por ejemplo, Phaseolus coccineus como fuente de resistencia contra antracnosis, o Phaseolus acutifolius como fuente de resistencia contra bacteriosis. El Dr. Beebe, en adición a estas características útiles y otras como mayores contenidos de hierro y zinc, vio la posibilidad de hacer que el fríjol común cambie su fisiología básica luego de la floración para invertir menos en partes ya no tan útiles como tallos adicionales, y al contrario, reorientar los productos de su fotosíntesis hacia los granos, la parte cosechable que interesa al campesino. Esta reorientación es clave cuando se trata de tener buenas variedades con tolerancia a calor o sequía. La preocupación por el productor de fríjol ha sido una constante en la labor del Dr. Beebe. Su espíritu innovador se volvió a ver en varios de sus trabajos más relacionados al uso de los recursos genéticos del fríjol común, de sus ancestros silvestres y de las especies cercanas. Estuve en total sintonía con él cuando propuso que teníamos que conocer más la variabilidad en los Andes del Norte. En definitiva, el Dr. Beebe es un científico moderno, como los pioneros que lanzaron el Programa de Fríjol del CIAT en 1973 para que otros en América Latina, África, y otras partes, puedan comer bien y prosperar.

  • Steve Beebe inspects bean crop

Para mejorar una variedad de un fríjol, bien sea en nutrición, rendimiento o resistencia a plagas o sequías, explica Steve, se debe entender primero de dónde vienen las diferentes especies. Porque la respuesta que se busca tal vez no esté en el ancestro de la misma especie que se pretende mejorar, sino en otro que tuvo una evolución distinta. 

Las variedades que él y su equipo han desarrollado están sobre todo en Centroamérica, desde México hasta Panamá, y en Suramérica en Colombia, Argentina y Bolivia. En África, las variedades se han sembrado en países como Etiopía, Kenia, Zambia, Malaui y Ruanda, a donde Steve viajó en 1995 tras el genocidio y se convenció de la necesidad de lograr que el fríjol no solo resistiera a las sequías, sino que fuera de mejor calidad nutricional. En África, 12 millones de familias se benefician de las variedades de semillas desarrolladas en el Programa de Fríjol, en conjunto con la Alianza Panafricana de Investigación en Fríjol (PABRA, por sus siglas en inglés).

Héctor Fabio Buendía Castellanos, coordinador de campo del programa en Latinoamérica, no duda al afirmar que Steve Beebe es el científico pionero de la biofortificación del fríjol. 

–    Al doctor Steve lo conozco desde 1999. Fue quien me dio la oportunidad de hacer mi trabajo de grado en el CIAT. De hecho, fue mi tutor. Los investigadores que trabajamos a su lado lo vemos como nuestro faro, el modelo a seguir. 

Aunque a Steve lo admiran no solo por sus adelantos científicos. Isabel Cristina Giraldo trabajó con él hace una década y aún no olvida la generosidad de Beebe: hacía suyos los problemas de sus compañeros. Héctor Fabio Buendía coincide.  

–    Uno de los aspectos que más me sorprenden del doctor Steve es su compasión. Estando pensionado, por ejemplo, y pudiendo hacer uso de su buen retiro, se mantuvo al frente del Programa de Fríjol durante situaciones tan difíciles y de incertidumbre como la pandemia del coronavirus. Es sobre todo un hombre noble. En mi caso, me dio la oportunidad de trabajar en el CIAT. Y alguna vez me equivoqué y él me dio una segunda oportunidad. El doctor Steve da oportunidades.

  • Steve Beebe educating on bean crop

Steve sigue la fe bahaí, cuyos principios son mirar al otro sin prejuicios, buscar la verdad, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, garantizar el equilibrio entre la ciencia y la religión. Hace algunos años escribió el libro: Entre la Menorá y la Cruz: Jesús, los Judíos y la Batalla por la Iglesia Primitiva (Between the Menorah and the Cross: Jesus, the Jews, and the Battle for the Early Church, título en inglés).

En los próximos días, se retirará de la Alianza, pues considera que es momento de dedicarle el mejor tiempo a su familia. Al Programa de Mejoramiento de Fríjol en todo caso lo seguirá apoyando, aconsejando, a distancia. Steve parece mirar ahora por el retrovisor de la vida. 

–    Lo que más satisfacción me ha dado en todos estos años de trabajo es haber podido ayudar a los trabajadores del campo para que estén satisfechos con lo que están haciendo con su vida, y que sus cultivos les permitan sostener a sus familias. En mi filosofía de vida, cada ser humano debe saber lo que está haciendo, su propósito. Un trabajo no debe ser de 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde y punto. Uno debe estar consciente que lo que uno está haciendo ayuda a construir a la sociedad. Por eso a los nuevos investigadores de la Alianza quisiera decirles que mi gran esfuerzo en estos años ha sido estabilizar la inversión pública en la investigación. Todavía sigue siendo un desafío. Pero mi mensaje es que mantengan su atención sobre la misión. Eso es lo que da la fortaleza para enfrentar la inestabilidad en el mundo. Ser conscientes de la misión, pese a las dificultades.

  • Steve Beebe with a colleague