Semillas de arroz de origen CIAT, el complemento perfecto para la siembra directa

El programa de arroz de la Alianza de Bioversity International y el CIAT contribuye con la seguridad alimentaria y nutricional basado en uno de los alimentos más consumidos en América Latina. Entre otras acciones, ha realizado un mejoramiento continuo del cultivo, en las últimas cinco décadas, con el objetivo de aumentar la productividad, disminuir su impacto ambiental y adaptarlo al cambio climático, lo que ha favorecido al trabajo digno de los hombres y mujeres que lo cultivan y cosechan, desde diversas partes del mundo.

La siembra directa es una modalidad de siembra en seco que se ha extendido a lo largo y ancho de la región, asociada a prácticas de cero o mínima labranza del suelo con lo cual se conserva no solo la tierra donde se cultiva, sino también el agua de riego, y se facilitan otras prácticas agrícolas sustentables. Desde 1967, el CIAT (ahora Alianza Bioversity - CIAT) ha puesto su semilla con el fin de que agricultores de toda la región se adapten fácilmente a ella.

La labor del equipo del Programa de Arroz de la Alianza Bioversity - CIAT, actualmente liderado por la PhD en fitomejoramiento María Fernanda Álvarez, y en el que han trabajado renombrados fitomejoradores, ha sido fundamental, ya que ha permitido el desarrollo de un germoplasma que cuenta con las características necesarias para este método de siembra de las semillas del arroz directamente al suelo, sin realizar el proceso de fangueo, con lo cual se ahorra de manera significativa el agua usada y el laboreo del suelo.

“Nuestras semillas son vigorosas, con un crecimiento radical apto para la siembra directa y de fácil adaptabilidad a diferentes regiones del continente. Para lograrlo, llevamos más de tres décadas de intenso proceso de evaluación y mejoramiento”, explicó la investigadora.

Este tipo de práctica se implementó inicialmente en las siembras que el Programa de Arroz realiza en el corregimiento de Santa Rosa, Villavicencio, Meta, donde funciona el centro experimental de la Federación Nacional de Arroceros de Colombia (Fedearroz), socio clave, y posteriormente en algunas siembras en la sede del campus en Palmira, Valle del Cauca. El germoplasma obtenido llega a los socios de la Alianza en Latinoamérica, lo que ha facilitado que países como Uruguay, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, México y Venezuela también puedan aprovechar estos materiales para la selección de variedades adaptadas a la siembra directa en sus territorios.

“Nosotros trabajamos directamente con los centros de investigación nacionales, así como con algunas empresas de semillas. En toda América Latina, uno de nuestros principales aliados es el Fondo Latinoamericano para Arroz de Riego (FLAR) con quien, a través de su programa de mejoramiento y agronomía, hemos contribuido a posicionar la siembra directa”, destacó Álvarez.

De igual manera, en la actualidad se están haciendo evaluaciones para utilizar el germoplasma de la Alianza en varios países de África, como Ghana, Sierra Leona, Madagascar y Nigeria, donde sería fundamental tener esta opción de cultivo para aumentar su productividad y sostenibilidad.

De trasplante y fangueo a siembra directa

Varios países de América Latina se han visto favorecidos con la transición del trasplante y fangueo a la siembra directa, gracias a la creciente adopción de tecnologías como el uso de semillas mejoradas y la mecanización, en especial para la preparación del suelo y el manejo del agua. Según cifras del Observatorio del Arroz, los países que están más adaptados a esta modalidad han incrementado sus niveles de producción y exportación. Por ejemplo, para 2018, Brasil exportó más de 1.400 millones de kilogramos de arroz; Uruguay, más de 828 millones de kilos, y Argentina, cerca de 351 millones, siendo estos dos últimos exportadores netos del cereal.

Por su parte, en países del trópico como Perú y Colombia, el sistema de siembra directa empieza a llegar gradualmente a algunas regiones, en las cuales el germoplasma generado por la Alianza y seleccionado por sus socios en esos países, también demuestra una adecuada adaptación.

El tema ambiental es otro de los factores que se benefician del uso de dicho método, debido a que se realiza una preparación muy suave de la primera capa del suelo, sin la necesidad de removerlo o labrarlo, evitando que se genere erosión y una extracción exagerada de nutrientes. Igualmente, se cumple con un uso más racional del recurso hídrico en el cultivo.

“Esperamos que más agricultores adopten la siembra directa, pero sabemos que eso dependerá de la inversión en programas de transferencia de tecnologías, en especial para los pequeños agricultores. No obstante, desde los diferentes programas de investigación de la Alianza de Bioversity - CIAT se generan conocimientos que promueven otras buenas prácticas, en términos de agronomía, sin importar cuál sea el sistema de siembra predominante. A través del FLAR hemos extendido el uso de siembra directa y, desde la Alianza, participamos de proyectos que buscan reducir el consumo de agua en el cultivo de arroz y las emisiones de gases de efecto invernadero, como lo es el sistema de riego y drenaje alternado (AWD, por sus siglas en inglés)”, destacó la investigadora.

En esta labor, los donantes del CGIAR, como las organizaciones estadounidenses USAID y Bill & Melinda Gates Foundation, han sido fundamentales, gracias a la estabilidad y consistencia que le han dado a todo el proceso de investigación de la semilla y fomento de la siembra directa, que han facilitado el cumplimiento de objetivos en todas las etapas de mejoramiento.

“Sabemos que la producción de arroz se incrementó un 13% en la última década, y que hoy es la segunda fuente principal de calorías en la dieta de los latinoamericanos y el tercer alimento de origen vegetal más consumido. Por esto, tenemos el propósito de investigar su sostenibilidad, desde el punto de vista de los recursos para los agricultores, y la estabilidad que se le debe dar, en términos de disponibilidad del alimento y en precio del mercado”, mencionó Álvarez, quien lidera el Programa desde 2019, con la pasión de seguir de cerca los cambios en las semillas y aplicar herramientas, como marcadores moleculares, para el mejoramiento genético e impulsar la resiliencia del cultivo.

Su equipo, conformado por 35 colaboradores, cuenta con diversas experticias, como fisiología, fitopatología, genética y mejoramiento, con diferentes niveles de experiencia y enfoques en trabajo de campo y laboratorio, lo que les ha permitido seguir de cerca los provechos de la siembra directa y su adaptabilidad, así como en el cerramiento de brechas de productividad, desde el punto de vista de híbridos de arroz, resistencia a enfermedades y al cambio climático.

“Continuaremos aportando nuestro esfuerzo en lo que tiene que ver con el manejo de la piricularia, el virus de la hoja blanca y el estrés abiótico, que es la tolerancia a las altas temperaturas nocturnas y a la baja radiación cuando hay exceso de nubosidad, y esperamos seguir creciendo en los campos de América Latina, para así entregar un alimento más sostenible al mundo”, concluyó.