Research Articles Más allá de los silos: el cambio esencial hacia una contabilidad climática integral

El costo climático de la alimentación es mayor de lo que pensamos. Mary Ngaiwi, científica de la Alianza, aboga por una contabilidad integrada de los gases de efecto invernadero (GEI) para subsanar la fragmentación de los datos e impulsar el avance hacia los objetivos climáticos del Acuerdo de París.

Imagina cualquier producto fresco del supermercado, una lechuga o un racimo de uvas colocados en una estantería. Antes de llegar hasta allí, han pasado por toda una cadena de procesos: se han refrigerado en cámaras frigoríficas, se han transportado a largas distancias en camiones que consumen combustible y se han envuelto en embalajes diseñados para que duren más tiempo y resulten atractivos para los compradores. Sin embargo, cuando medimos su impacto, los informes oficiales suelen centrarse en una sola pieza del rompecabezas —por ejemplo, la agricultura o el transporte— y la presentan como si fuera la historia completa. Esta visión limitada oculta la complejidad del sistema y tergiversa el verdadero costo medioambiental.
Es un hecho bien establecido que el sistema alimentario mundial es responsable de aproximadamente un tercio del total de las emisiones de GEI. Sin embargo, la mayoría de los marcos de información tratan cada etapa del sistema por separado. Esta contabilidad fragmentada oscurece la verdadera magnitud de las emisiones y oculta las oportunidades más eficaces de reducción, lo que hace que el objetivo de 1,5 °C del Acuerdo de París sea mucho más difícil de alcanzar.

El mito de los datos completos

Durante décadas, la política climática se ha basado en un supuesto erróneo: que nuestros métodos actuales para medir las emisiones de GEI ofrecen una imagen completa. Y no es así. El enfoque predominante divide el sistema alimentario en segmentos desconectados: producción, transporte, consumo y residuos, cada uno de ellos tratado como una fuente aislada.

Mito: nuestros datos sobre emisiones son exhaustivos

Muchos asumen que si medimos las emisiones de granjas y vertederos, hemos captado todo el problema. Pero esta compartimentación impide una acción climática eficaz. Contabilizar las emisiones en silos oculta cómo interactúan las distintas partes de la cadena alimentaria.

Realidad: Los datos fragmentados ocultan soluciones reales.

Los informes tradicionales crean conjuntos de datos aislados bajo etiquetas como energía, agricultura y residuos. Como resultado, los responsables políticos no pueden ver el impacto climático completo de una sola intervención.

Considere la reducción del desperdicio de alimentos: reducir el desperdicio disminuye las emisiones del combustible utilizado en el transporte, los fertilizantes en la producción de cultivos y el metano de los vertederos. Sin embargo, como estos ahorros se contabilizan por separado, el beneficio global permanece oculto.

Esta misma fragmentación en la contabilidad es la cuestión central que aborda un nuevo artículo titulado "Methodologies for quantifying greenhouse gas emissions in food systems: a comprehensive review" publicado en Environmental Research: Food Systems, que pone de relieve este reto y apunta hacia una forma más completa de entender las emisiones en todos los sistemas alimentarios.

El estudio —dirigido por Mary Ngaiwi, científica del equipo de Paisajes de Bajas Emisiones de la Alianza Bioversity & CIAT— revela un fallo crítico: las emisiones declaradas para sistemas alimentarios similares pueden diferir hasta el doble, lo que significa que la estimación de un estudio puede ser el doble que la de otro. Estas incoherencias no se deben a errores científicos, sino a diferencias en los límites de los sistemas (qué se incluye), las opciones metodológicas (cómo se miden las emisiones) y las fuentes de datos (de dónde procede la información). Esta variabilidad limita seriamente la fiabilidad de la planificación climática actual.

El gran avance: un enfoque integral

La revisión ofrece una solución clara: adoptar un marco integral de contabilidad del sistema alimentario que conecte las emisiones a lo largo de toda la cadena de valor.

El documento identifica cinco etapas que, en conjunto, representan la huella climática completa de un sistema alimentario:

1. La preproducción (como la fabricación de fertilizantes)
2. Actividades agrícolas (incluida la producción agrícola y ganadera)
3. Procesamiento (transformación industrial y empaquetado)
4. Consumo (distribución, venta al por menor y uso doméstico)
5. Desperdicio (pérdida de alimentos, eliminación y reciclado)

Al vincular estas etapas, el documento identifica lo que denomina "puntos de alto aprovechamiento": intervenciones que aportan múltiples beneficios en todos los sectores. Integrar la contabilidad de este modo permite a los responsables de la toma de decisiones:

1. Encontrar beneficios ocultos: Los enfoques integrados revelan acciones, como la reducción de la pérdida de alimentos, que reducen las emisiones simultáneamente en la agricultura, el transporte y la gestión de residuos. Como señalan los autores: "Integrar los sectores de la producción, el consumo y los residuos a través de enfoques de sistemas alimentarios puede ayudar a identificar oportunidades de mitigación rentables y de alto aprovechamiento que a menudo quedan ocultas en los informes sectoriales".

2. Maximizar la inversión: los gobiernos y los inversores pueden dirigir los recursos hacia soluciones que generen las mayores y más fiables reducciones de emisiones en todo el sistema.

La autora principal, Mary Ngaiwi, resume el propósito del documento:

"Si realmente nos tomamos en serio los objetivos climáticos, no podemos permitirnos que los datos sobre emisiones varíen hasta el doble según el estudio que se consulte. Nuestro trabajo busca aportar claridad y coherencia al debate sobre el clima para que cada inversión en mitigación cuente".

Las palabras de Mary ponen de relieve que la acción por el clima comienza con la alineación. Cuando el mundo mide las emisiones con el mismo rasero, todos los esfuerzos ganan peso, todos los resultados cuentan y los avances se hacen tangibles.

El nuevo mandato: la integración como imperativo

Este cambio hacia una contabilidad integrada es más que un perfeccionamiento técnico; es un nuevo mandato para una acción climática coordinada. Aborda dos objetivos clave:

I. Progreso verificable: La contabilidad integrada permite un seguimiento preciso de los esfuerzos hacia el objetivo de 1,5 °C del Acuerdo de París. También refuerza las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) para garantizar que sean ambiciosas y se basen en pruebas.

II. Desarrollo sostenible: Al revelar ineficiencias y puntos conflictivos, como la pérdida y el desperdicio de alimentos, la contabilidad integral apoya el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) sobre el hambre, la producción responsable y la acción climática, al tiempo que mejora la seguridad alimentaria.
La contabilidad fragmentada ha distorsionado durante mucho tiempo la respuesta climática. Para alcanzar los objetivos globales, debemos acabar con el mito de la separación y adoptar la realidad de la interconexión. Un marco contable unificado favorece una acción climática eficaz, coordinada y duradera.