Research Articles Innovación con perspectiva de género: mujeres liderando la resiliencia agrícola

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la Alianza de Bioversity International y el CIAT destacan el trabajo  de las mujeres mejoradoras de cultivos y agrónomas que lideran y fortalecen la investigación y el desarrollo agrícolas. Su trabajo es clave para enfrentar los desafíos actuales de la seguridad alimentaria y avanzar hacia sistemas productivos más resilientes y sostenibles.

El cambio climático ya muestra sus efectos en los campos de los agricultores, afectando los rendimientos, la calidad de los cultivos y la estabilidad económica de los productores. Temperaturas más altas, lluvias irregulares y nuevas plagas están transformando la manera en que se producen los alimentos en el mundo.

Frente a este escenario, el mejoramiento vegetal (breeding) no es solo una disciplina científica: es una estrategia de resiliencia. Desde la Alianza, los equipos de mejoramiento genético trabajan para asegurar que los cultivos sigan siendo productivos, nutritivos y adaptables en contextos cada vez más inciertos. El mejoramiento permite gestionar la diversidad genética para desarrollar variedades capaces de tolerar la sequía, el calor, las enfermedades y los suelos degradados, sin perder la calidad nutricional ni la viabilidad comercial.

En este contexto, Rosa Jauregui, mejoradora del Programa de Forrajes Tropicales de la Alianza señala que: “El mejoramiento genético es fundamental para enfrentar desafíos como el cambio climático, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios ya que a través del mejoramiento genético se transforman los cultivos para que estos puedan responder a las demandas actuales y futuras.”

En palabras de Claire Mukankusi, mejoradora de frijol para África en la Alianza, el mejoramiento es la ciencia que garantiza que los cultivos continúen proporcionando alimento, nutrición e ingresos en un mundo cambiante. Esta definición marca un punto clave: no se trata únicamente de producir más, sino de sostener sistemas alimentarios completos.

El impacto de este trabajo es visible a nivel global. Nuevas variedades de frijol, arroz y yuca, entre otros cultivos, han permitido estabilizar las cosechas, reducir las pérdidas por sequía y mejorar la calidad nutricional de los alimentos. Jennifer Wilker, mejoradora de frijol para Latinoamérica, trabaja para expandir y aprovechar la diversidad genética, de manera que los agricultores puedan cultivar variedades más resistentes y mejor alineadas con las demandas de sus mercados. Su enfoque conecta la genética con la realidad productiva y la dinámica de la cadena de valor.

El mejoramiento vegetal integra la ciencia de datos, herramientas genómicas, modelos predictivos e inteligencia artificial para acelerar los procesos de selección y aumentar su precisión. Sin embargo, más allá de la tecnología, sigue siendo un proceso profundamente humano: depende de la experiencia en campo, del conocimiento del territorio y de las decisiones estratégicas sobre qué características son realmente valiosas para la sociedad.

Paola Mosquera, mejoradora del programa de arroz en la Alianza, lo resume con claridad: el mejoramiento es arte y ciencia. Es arte en la interpretación del comportamiento de una planta bajo condiciones reales; es ciencia en la rigurosidad genética y estadística que sustenta cada decisión. También ha puesto sobre la mesa una dimensión poco visible: la experiencia cotidiana de hacer ciencia de campo como mujer. Trabajar durante horas bajo el sol, evaluar cientos de plantas y mantener el rigor técnico incluso en condiciones físicamente exigentes forman parte de la realidad de la investigación agrícola. Esta experiencia fortalece la resiliencia, la disciplina y la atención minuciosa a los detalles que pueden definir la selección de una variedad. No es una narrativa simbólica; es la dimensión humana de la ciencia aplicada.

La innovación, sin embargo, no depende únicamente del esfuerzo individual. María Fernanda Álvarez, directora de Cultivos para la Nutrición y la Salud en la Alianza, destaca que avanzar en la ciencia requiere masa crítica, articulación entre equipos y una cultura que promueva la experimentación. Sin cohesión científica ni intercambio constante entre disciplinas, el progreso se ralentiza. El mejoramiento genético requiere un diálogo interdisciplinario y una visión estratégica compartida, para transformar el conocimiento en impacto.

En este marco, la diversidad en los equipos se convierte en un activo metodológico. Sandra Salazar, integrante del equipo de mejoramiento de yuca en la Alianza, explica que la diversidad amplía la forma en que se identifican los problemas y se diseñan soluciones. Integrar distintas perspectivas permite considerar variables sociales, productivas y comerciales que inciden directamente en la adopción de las nuevas variedades.

Asimismo, incorporar una perspectiva de género no es un gesto simbólico, sino una decisión técnica. Jennifer Wilker señala que esta mirada permite comprender la cadena de valor en su totalidad: desde el campo hasta la cocina y el mercado. Esto implica desarrollar variedades que no solo tengan alto rendimiento, sino que también respondan a las preferencias de consumo, a roles productivos diferenciados y a barreras de acceso.

En el centro de todo este trabajo está una dimensión ética. Claire Mukankusi lo expresa con claridad: el objetivo es asegurar que nadie quede excluido. Cada decisión genética tiene implicaciones para la seguridad alimentaria, los ingresos y las oportunidades de millones de personas.

El mejoramiento genético desarrollado por la Alianza constituye una inversión estructural en la resiliencia agrícola. Cada nueva variedad representa años de investigación, análisis de datos, evaluación en campo y trabajo colaborativo. Pero también representa estabilidad para los productores, una mejor nutrición para las familias y una reducción de riesgos en contextos climáticos inciertos. En un mundo donde la seguridad alimentaria enfrenta desafíos crecientes, las semillas mejoradas no son solo una innovación agrícola: son una infraestructura estratégica para la estabilidad global.