Press and News La conversación entre territorio, comida y comunidad que llevó a EPINER a la COP30
En la COP30, la AgriZone, un espacio coordinado por La Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria – EMBRAPA, se convirtió en uno de los espacios más diversos del evento, un lugar donde la ciencia se mezcló con la cultura y la agricultura para mostrar cómo la alimentación puede ser una vía hacia acciones ante el cambio climático. Lejos de las salas de negociación, aquí el público pudo conocer tecnologías agrícolas, recetas amazónicas, experiencias comunitarias y propuestas que conectan la tierra con el plato y, en muchos casos, con la paz.
En ese escenario tuvo lugar la sesión “Soluciones climáticas para una mejor nutrición”, organizado por World Wide Fund for Nature (WWF). Allí se abrió una conversación para entender el futuro de nuestros sistemas alimentarios, el enfoque que une el uso de la tierra, la nutrición y el conflicto. La discusión retomó aprendizajes del proyecto EPINER “Construcción de Paz Ambiental para mejorar la Nutrición y reducir Emisiones”, financiado por el Gobierno de Irlanda, que trabaja en territorios rurales de Cauca y Putumayo, en Colombia.
La presentación estuvo a cargo de María Victoria Díaz, asociada de investigación senior del equipo de Low-Emissions Landscapes (LEL) de la Alianza de Bioversity & CIAT. Su equipo parte de la idea de que los paisajes pueden impulsar acciones de mitigación del cambio climático, conservación de bosques, restauración de suelos y construcción de paz cuando se abordan como sistemas integrados.
“En muchos contextos rurales, los problemas ambientales, las tensiones sociales y las dificultades alimentarias aparecen al mismo tiempo. Cuando los conflictos obligan a las comunidades a dejar sus tierras o a cambiar sus prácticas de cultivo, los suelos se deterioran con mayor rapidez. A esto se suma la pérdida de bosques y el uso intensivo del territorio, que reducen la capacidad de producir alimentos diversos y nutritivos”, dijo María Victoria Díaz.
Maria Victoria Diaz Lopez
Senior Research Associate
Este conjunto de relaciones es lo que el equipo LEL define como el nexo entre uso de la tierra, nutrición y conflicto. En términos sencillos: lo que pasa en el territorio afecta lo que llega a la mesa, y lo que llega a la mesa influye en la cotidianidad de las comunidades.
Durante el diálogo se destacó el papel de los cultivos biofortificados en la concepción e implementación de soluciones innovadoras. El desarrollado de estos cultivos ha sido parte del trabajo del Programa de Biofortificación de la Alianza Bioversity International y el CIAT, que desde hace 20 años promueve la siembra, cosecha y consumo de variedades de semillas mejoradas para enfrentar la malnutrición mediante alimentos más nutritivos.
En el marco de EPINER, se han cultivado fríjoles biofortificados que aportan niveles más altos de hierro y zinc que las variedades tradicionales. Además, pueden integrarse fácilmente en sistemas ya establecidos, como las parcelas asociadas con café, lo que facilita su adopción y fortalece la alimentación local.
En Cauca y Putumayo, los agricultores que participan en EPINER han compartido que ya observan plantas más resistentes y con mejor capacidad para adaptarse a las cambiantes condiciones del clima. Aunque se trata de observaciones iniciales, reflejan el potencial que estas semillas pueden tener en territorios donde las condiciones ambientales cambian con rapidez.
Otro punto central de la conversación fue la importancia de trabajar de manera con las comunidades y no solo para ellas. A través de procesos de cocreación, EPINER reúne a productores, asociaciones, instituciones y equipos técnicos para analizar necesidades, estructuras de mercado, prácticas productivas y prioridades territoriales. Este enfoque abre oportunidades para que mujeres y jóvenes participen activamente en la producción, transformación y comercialización de alimentos. Y, sobre todo, ajusta las soluciones a la realidad social, ambiental y cultural de cada territorio.
Las reflexiones compartidas mostraron cómo estos aprendizajes locales pueden nutrir debates globales sobre alimentación, ambiente y paz: las alianzas locales fortalecen la sostenibilidad de los sistemas alimentarios; la integración de alimentos nutritivos y producidos de manera sostenible en programas sociales puede mejorar la dieta y dinamizar la economía rural; la innovación funciona mejor cuando se adapta a cada territorio; y en regiones afectadas por la violencia, la confianza entre actores se convierte en un recurso tan valioso como el suelo o el agua.
Las conversaciones en la AgriZone mostraron la manera en la que la agricultura puede contribuir a regenerar suelos, mejorar la nutrición y fortalecer el tejido social. El enfoque integrado entre uso de la tierra, nutrición y conflicto permite ver los territorios como sistemas vivos, donde las soluciones no son aisladas, sino interdependientes.
En un espacio que unió ciencia aplicada, saber local y gastronomía, estas ideas encontraron un escenario ideal para inspirar a públicos diversos y recordar que transformar los sistemas alimentarios es posible, y puede comenzar desde acciones concretas, locales y accesibles.
Este trabajo es parte del proyecto “Construcción de Paz Ambiental para mejorar la nutrición y reducir emisiones” financiado por el Programa de Desarrollo Internacional del Gobierno de Irlanda mediante la Embajada de Irlanda en Colombia, y se llevó a cabo como parte del Programa de Acción Climática y Escalando para el Impacto del CGIAR.