Press and News En Cali, comer saludable es un reto que muchas familias no pueden pagar
El 36 % de las familias no puede pagar la dieta recomendada, incluso destinando todo el dinero que ganan a la alimentación. Así lo revela un estudio de la Universidad Javeriana Cali y la Alianza Bioversity International y el CIAT, publicado en la revista Cambridge University Press.
Cali es una ciudad de personas que no ganan lo suficiente para pagar una dieta saludable y variada, que incluya carnes, lácteos, frutas y verduras. Es la conclusión de un reciente estudio realizado por la Universidad Javeriana y la Alianza Bioversity International y el CIAT, y publicado en la revista Cambridge University Press.
Según la investigación, el 36,1% de las familias no puede pagar una dieta que cubra sus necesidades básicas de vitaminas, calcio, hierro y zinc. Ni siquiera lo lograrían si destinaran todo el dinero que ganan en el mes exclusivamente a alimentos nutritivos. Además, el 42,7% de los hogares ni siquiera podría cubrir sus requerimientos mínimos de calorías diarias.
La investigación calculó el costo real de tres tipos de dieta —desde la más básica en calorías hasta la más equilibrada en nutrientes— y analizó si son asequibles para los hogares de Cali.
“Este estudio muestra que comer bien no es solo una decisión individual: también es un asunto económico”, explica Sara Rankin, investigadora de la Alianza Bioversity & CIAT. “Hay barreras estructurales que impiden a muchas personas acceder a una dieta variada y equilibrada, como lo recomienda el Ministerio de Salud en las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos”, agrega.
Sara Rankin-Cortázar
Senior Research AssociateHay una crisis sobre la insuficiencia de ingesta de alimentos nutritivos, y el entorno alimentario no ayuda. Un recorrido por los comedores comunitarios de la ciudad confirma el hallazgo: sus usuarios, en su mayoría madres cabeza de hogar, migrantes, adultos mayores y ciudadanos que se ganan la vida prestando servicios —zapateros, emboladores, vendedores ambulantes—, argumentan que lo que ganan a diario no les alcanza para comer tres veces en el día.
El precio de la salud
La investigación de la Universidad Javeriana y la Alianza comparó tres tipos de dieta: calóricamente adecuada, es decir, aquella que cubre las necesidades energéticas mínimas; nutricionalmente adecuada que, además de calorías, incluye todos los nutrientes esenciales y, por último, la dieta saludable recomendada, que incluye variedad de alimentos.
Los datos de la investigación demostraron que los nutrientes más difíciles (y costosos) de conseguir en Cali son las vitaminas C, A, B12 y el calcio. Hierro y zinc también escasean en algunas dietas, sobre todo en niños pequeños.
Parte del problema es que tres grupos de alimentos: carnes, lácteos, frutas y verduras representan más del 70 % del costo total de una dieta saludable. Pero son precisamente estos los alimentos que muchas familias eliminan o restringen cuando el bolsillo aprieta.
En otras palabras, comer arroz con huevo o con salchicha puede saciar el hambre, pero no significa alimentarse bien. Y cuando esa es la única opción diaria, se está ante un problema serio de inseguridad alimentaria que no se refleja en las estadísticas oficiales de pobreza y que además pone en riesgo la salud de millones de personas. Por cierto: las mujeres requieren dietas más costosas, especialmente si están embarazadas o lactando, debido a sus mayores necesidades nutricionales.
Los investigadores igualmente compararon cuánto cuestan los alimentos en Cali con lo que consumen los hogares según sus ingresos. Encontraron que más del 40% de los hogares de menores ingresos no pueden ni siquiera cubrir los requerimientos básicos calóricos. Además, ninguna familia en los estratos más bajos puede permitirse una dieta rica en nutrientes; y solo quienes tienen ingresos moderados, tal vez la considerada clase media, puede acceder a la dieta recomendada, que incluye carnes, lácteos, legumbres, frutas y verduras.
“El hambre no da espera”
Para María del Pilar Zea, directora del Departamento de Alimentación y Nutrición de la Universidad Javeriana y una de las autoras de la investigación, el problema de fondo en Cali es doble: los bajos ingresos y el alto costo de los alimentos.
“Vivimos en una ciudad con alta desigualdad. Los hogares más pobres, especialmente de estrato uno y dos, no pueden acceder a una dieta adecuada, ni siquiera si gastaran el 100% de sus ingresos en comida. Solo la clase media logra pagar una dieta saludable y completa”, comenta.
Comer arroz con huevo o comida ultraprocesada puede saciar el hambre, pero no significa alimentarse bien.
La investigadora también llama la atención sobre el sistema alimentario que rige en la ciudad: la mayoría de los alimentos deben traerse de otras regiones, y esa intermediación incrementa el precio final que pagan los consumidores.
“Se requieren políticas e intervenciones integrales: subsidios para los más vulnerables, comedores comunitarios, pero también formación para el trabajo y fomento del emprendimiento. La única forma de acceder a los alimentos en la ciudad es económica: si no hay recursos, simplemente no hay acceso, así existan huertas comunitarias”, agrega Zea.
La investigadora advierte además que la falta de una dieta nutritiva repercute directamente en la salud pública, especialmente en niños y mujeres gestantes, los grupos poblacionales más vulnerables, y agrava enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes o el cáncer.
Pese a este panorama, hay esperanza. Cali cuenta con un Comité Territorial de Seguridad Alimentaria y Nutricional que está activo y ya trabaja en el tema.
“Eso es una buena señal de gobernabilidad. Se está pensando el problema de manera integral: no solo con comedores, que son urgentes porque el hambre no da espera, sino también con empleo, educación, regulación de ultraprocesados, revisión de precios y calidad de los alimentos. Porque comer bien no es una decisión individual, sino el resultado del entorno en que vivimos”, concluye María del Pilar Zea.
Lo que está en juego
El hallazgo de la investigación, entonces, es contundente: el umbral de pobreza alimentaria debe repensarse. Si se mide solo por la capacidad de comprar calorías, se subestima e invisibiliza el drama de miles de familias que comen todos los días, pero no se alimentan.
“Este es un estudio muy valioso para la toma de decisiones y el diseño de políticas públicas que cambien esta realidad de miles de personas. Por ejemplo, el costo de una alimentación saludable, que debe considerar cuánto cuesta comer bien en Colombia”, explica Sara Rankin, investigadora de la Alianza Bioversity y el CIAT.
El estudio también propone mirar más allá del asistencialismo y sugiere una combinación de estrategias contra la malnutrición, que va desde subsidios focalizados, programas de apoyo a madres gestantes, educación nutricional desde la primera infancia y políticas que fortalezcan la producción local y el abaratamiento de alimentos saludables.
El informe completo aquí. Disponible en inglés.
Tablero PlaSA: ¿de dónde viene lo que comemos?
La Alianza Bioversity & CIAT, en asocio con otras organizaciones, lanzó un nuevo tablero para PlaSAColombia, una herramienta digital que muestra cómo se produce, se transporta y se consume la comida en Colombia. La plataforma, reúne la información sobre de dónde viene lo que comemos, cuánto contamina mover los alimentos desde el campo hasta la ciudad, cuánto cuesta realmente una alimentación saludable, qué municipios son claves en la producción de alimentos, entre otros datos relevantes para optimizar el sistema alimentario del país. Este nuevo tablero dedicado al impacto ambiental del sector agrícola presenta información sobre las toneladas de gases efecto invernadero que emiten los principales cultivos, dónde se concentra la huella de carbono en el territorio nacional y la movilización de alimentos en Colombia.
La plataforma y todos sus tableros son de acceso público y se puede consultar en la página www.plasacolombia.com. Allí, con solo unos clics, se pueden ver mapas, gráficos y datos por ciudad o municipio.