From the Field Una exploración de las dimensiones, funciones y barreras del empoderamiento de la mujer en la ganadería de Colombia

En el municipio de La Montañita, Caquetá, las mujeres se levantan antes del amanecer para cuidar del ganado, procesar la leche y ocuparse de las tareas domésticas. Sus jornadas son largas, sus responsabilidades muchas y, sin embargo, su contribución como ganaderas suele pasarse por alto.

La Montañita es uno de los municipios del departamento del Caquetá, Colombia, donde la ganadería de doble propósito es la actividad productiva predominante y muchas mujeres rurales desempeñan un papel muy activo en ella. A pesar de la relevancia del sector para el bienestar de las mujeres y sus hogares, el papel de las mujeres en la producción ganadera, y cómo estos roles contribuyen a su empoderamiento, ha recibido poca atención.

Este fue el principal objetivo de un estudio que exploró cómo el papel de las mujeres, su reconocimiento como ganaderas y su acceso a recursos y oportunidades dentro del sector ganadero influyen en su empoderamiento. A través de entrevistas y grupos de discusión, el análisis se centró en cuatro dimensiones clave: reconocimiento, acceso a recursos, acceso a oportunidades y poder de decisión. A continuación se presentan las principales conclusiones:

An Exploration of the Dimensions, Roles, and Barriers to Women's Empowerment in Livestock Farming in Colombia - Image 1

A través del estudio, se identificó que muchas mujeres actúan como cuidadoras primarias del ganado, pero a menudo carecen de autoridad para tomar decisiones sobre asuntos críticos, como el tratamiento de animales enfermos. En cuanto a la transformación de la leche en productos lácteos (uno de los subproductos más apreciados de la región es el queso Caqueteño), las mujeres tienen más control y autonomía sobre el proceso, pero su participación en las decisiones relacionadas con la comercialización de la leche y la venta de animales (sobre todo en los sistemas ganaderos de doble propósito) es notablemente limitada. En algunos casos, incluso cuando las mujeres son directamente responsables de la producción y el procesamiento de la leche, el control de los ingresos sigue en manos de sus esposos.

Las mujeres también tienen que cumplir simultáneamente múltiples funciones además de las productivas, ya que son las principales responsables de las tareas domésticas, a menudo con poco o ningún apoyo de sus parejas. La participación en asociaciones locales implica asistir a reuniones y asumir también responsabilidades de liderazgo. La superposición de estos roles (productivo, doméstico y social) subraya la complejidad de su vida cotidiana y las múltiples exigencias que se les plantean.

Las participantes señalaron que sus familiares reconocen sus funciones domésticas y productivas. Sin embargo, algunas mujeres creen que no se las reconoce, ni en privado ni en público, como propietarias del ganado. Las asociaciones locales constituyen un mecanismo importante a través del cual las mujeres pueden obtener reconocimiento como ganaderas, especialmente en el contexto de proyectos dirigidos por instituciones gubernamentales y privadas. Las que forman parte de asociaciones no oficiales no son reconocidas formalmente por los actores públicos o institucionales como ganaderas, lo que limita su visibilidad y su acceso a oportunidades más amplias.

El acceso de las mujeres a los recursos está muy condicionado por su participación en asociaciones comunitarias. Esto les garantiza el acceso a conocimientos (capital humano); conexiones con otras mujeres e instituciones (capital social); reconocimiento institucional como ganaderas (capital político); acceso a recursos compartidos e individuales como tractores, piensos y cercados (capital físico); e incluso acceso a otros tipos de ganado, como aves de corral (capital natural). Sin embargo, no es fácil obtener créditos o acceder a nuevas oportunidades de comercialización (capital financiero).

Las mujeres encuestadas afirmaron que los ingresos procedentes del ganado se comparten con sus compañeros. Sin embargo, algunas mujeres afirmaron que la gestión les corresponde principalmente a ellos. La mayoría de las mujeres declararon que tenían acceso a ingresos regulares provenientes de la ganadería y que utilizaban la mayor parte de ese dinero para reinvertir en sus fincas y en suministros para el ganado. Las mujeres también mencionaron que utilizaban los ingresos de la ganadería para fines personales y familiares (como la nutrición y la educación de los niños).

Se determinó que el hecho de que las mujeres desempeñaran funciones directivas en las asociaciones facilitaba la creación de redes, el reconocimiento y un mayor poder de decisión. Asimismo, las mujeres encuestadas en este estudio informaron que los roles que actualmente tienen en la cadena de valor (particularmente en las etapas de producción y procesamiento) se han logrado gracias a la capacitación o a cursos que recibieron a través de las asociaciones comunitarias, especialmente aquellas legalmente formalizadas. Las mujeres que actualmente son solteras o lo fueron durante un periodo muestran un mayor poder de decisión, ya que la responsabilidad del negocio ganadero recae únicamente en ellas.

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Grupo focal en La Montañita, Caquetá, Colombia.

Las mujeres implicadas explicaron cómo perciben que las barreras que dificultan su empoderamiento no están necesariamente vinculadas a su género, sino que reflejan retos más amplios a los que se enfrenta el sector ganadero y que afectan a todos los productores, independientemente de su sexo. Sin embargo, las barreras identificadas por estas mujeres (conflicto armado, infraestructura vial, acceso al agua, asistencia sanitaria y acceso a los conocimientos) podrían examinarse en profundidad para determinar si generan impactos diferenciados por género.

En La Montañita, la ganadería y los roles que las mujeres asumen en ella contribuyen significativamente a su empoderamiento. Las actividades ganaderas proporcionan a las mujeres acceso a diversas formas de capital y refuerzan su identidad como productoras. A medida que ganan reconocimiento público como ganaderas, surgen nuevas oportunidades que les permiten asumir roles que aumentan su poder de decisión y, en consecuencia, su empoderamiento. Por último, cabe destacar que las mujeres con mayor acceso a recursos y mayor poder de decisión (es decir, las más empoderadas) reportaron avanzar en la producción pecuaria hacia prácticas más sustentables.

Ana María Mesa es ecóloga de la Universidad Javeriana. Blog basado en investigaciones realizadas gracias a la iniciativa Sistemas Alimentarios de Bajas Emisiones de CGIAR (Mitigar+), y al Programa Científico de Acción Climática de CGIAR, bajo la supervisión de Luz Ángela Rodríguez, Profesora Asistente de la Pontificia Universidad Javeriana, y con el apoyo de Martha Vanegas Cubillos, Investigadora Asociada Senior de la Alianza. Editado por José Luis Urrea-Benítez, Especialista en Comunicación Científica de la Alianza.


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