Blog Unidos Venceremos: cuando el conocimiento se queda en la comunidad
En Higuerón Adentro, una comunidad rural del cantón Portoviejo, Ecuador, el trabajo no empieza con discursos ni con diagnósticos técnicos. Empieza con una minga. Con varias manos alrededor de un tanque, con turnos definidos y con una rutina que se repite cada mes. Allí, un grupo de agricultores prepara biol, un fertilizante orgánico que hoy sostiene cultivos, ingresos y una forma distinta de organizarse.
Doña Alfredina Intriago Vergara coordina sin levantar la voz. Es agricultora, viuda y administradora de su propia finca. Desde hace más de una década hace parte de Unidos Venceremos, una asociación nacida en 2011 cuando un grupo de productores decidió trabajar juntos para salir adelante.
“Comenzamos solo como compañeros”, recuerda. “Hacíamos mingas, nos ayudábamos de brazo en brazo. Después entendimos que unidos podíamos hacer más”.
Primero fueron las mingas. Luego llegó la organización. Más adelante, la personería jurídica. Con el tiempo, el apoyo de la Fundación Maquita les permitió acceder a herramientas básicas: bombas de fumigar, máquinas de poda, algo de asistencia técnica. Pero el verdadero desafío no estaba en las herramientas, sino en cómo producir mejor sin depender siempre de otros.
Durante años, Unidos Venceremos produjo biol para uso propio y para vender a vecinos de la zona. Pero algo empezó a fallar. Los ingredientes clave dejaron de conseguirse. La fórmula se alteró. Dos tanques completos se dañaron.
“Nosotras mismas nos dimos cuenta de que no estaba funcionando”, cuenta Alfredina. “Las plantas no respondían igual. Algo estaba mal”.
El problema no era menor. El biol era el corazón del trabajo colectivo. Sin él, el grupo perdía ingresos y sentido. Fue en ese momento cuando, a través de Maquita, llegó Clima-LoCa. El Proyecto y la asociación presentaron una clara sintonía en sus objetivos, ya que uno de los componentes centrales del Plan de Acción desarrollado en el cantón Portoviejo fue el fortalecimiento de la productividad de los cultivos de cacao bajo un enfoque de sostenibilidad. En este marco, una de las acciones clave consistió en promover modelos de negocio asociativos orientados a la producción de bioinsumos, considerando tanto sus beneficios agronómicos como su potencial para escalar futuras tecnologías orientadas a la mitigación de la contaminación por cadmio.
No llegaron con soluciones cerradas. Llegaron a escuchar.
Guillermo Zambrano, líder de Clima-LoCa en Ecuador, fue uno de los primeros en sentarse con ellos y propiciar que más integrantes y especialistas del equipo se sumaran con más conocimiento. Hubo talleres, visitas, charlas largas. Se habló de suelos, de cultivos, de cadmio, pero también de costos, de organización y de sostenibilidad económica.
“No vinieron a decirnos qué hacer”, dice Alfredina. “Nos explicaron, nos enseñaron y nos ayudaron a entender”.
Con el acompañamiento de Clima-LoCa y la ESPOL, se revisó la fórmula del biol. Se analizaron sus componentes. Se identificaron los ingredientes que no podían faltar. Se mejoró el proceso. Y, sobre todo, se dejó capacidad instalada.
De sobrevivir a sostenerse
Antes, vender biol apenas alcanzaba para reponer los insumos. Cada poma se vendía a 10 dólares. No había margen. No había crecimiento.
Hoy, la historia es otra. “Ahora lo vendemos a 30 dólares la poma de 20 litros”, cuenta Alfredina con orgullo. “Y la gente viene porque ve que funciona”.
El biol mejorado comenzó a circular entre productores vecinos. Sirve para cacao, limón y otros cultivos. Mejora la nutrición del suelo y del follaje. Los resultados se ven en plantas más fuertes y cosechas más estables.
Unidos Venceremos se organizó mejor. Definieron turnos de trabajo: unos producen, otros filtran, otros envasan. Todo se hace en colectivo. Todo se aprende en colectivo.
“Ahora hay personas que quieren entrar al grupo”, dice Alfredina. “Porque ven que sí resulta”.
Más que un fertilizante
El trabajo de Clima-LoCa no se quedó solo en la técnica. Hubo capacitaciones en costos, planificación y valoración del trabajo propio. Por primera vez, muchos entendieron cuánto costaba realmente producir un tanque de biol y cuánto debía valer para que el esfuerzo tuviera sentido.
Eso cambió la mentalidad. “No es solo producir – explica Alfredina –, es saber cuánto gastamos y cuánto debemos ganar para seguir”.
Ese aprendizaje quedó. No depende de que el proyecto vuelva o no. Hoy, Unidos Venceremos puede sostener su producción, mejorarla y transmitirla a otros.
El legado
Clima-LoCa cerró su ciclo, pero no se fue del todo. Lo que dejó no fue solo un biol mejorado, sino una forma distinta de relacionarse con el conocimiento.
“Estamos muy agradecidos”, dice Alfredina. “Aprendimos bastante. Ojalá vuelvan, pero aunque no vuelvan, lo que nos enseñaron ya lo tenemos”.
En Higuerón Adentro, el biol sigue fermentando en los tanques. Las mingas continúan. El trabajo se organiza por turnos. Y el conocimiento, ese que no siempre llega al campo, ya no se va.
Porque cuando una comunidad aprende a producir, a organizarse y a decidir con información, el desarrollo deja de ser un proyecto externo. Se vuelve propio.
Disclaimer:
Este artículo fue creado con el apoyo financiero de la Unión Europea. Su contenido no necesariamente refleja la opinión de la Unión Europea.