Blog Fundación Maquita, donde el conocimiento echa raíces
En Manabí, Ecuador, el cacao no se cultiva solo. Crece entre cultivos de limón, frutales y árboles nativos. Crece en fincas diversas, asociativas, donde una sola parcela puede albergar más de diez especies distintas. Y, sobre todo, crece acompañado de personas que han aprendido, durante décadas, a producir en condiciones difíciles, lejos de los centros de decisión y muchas veces fuera del radar. Ahí es donde entra la Fundación Maquita.
Antes de que la regulación europea sobre cadmio pusiera en alerta a las cadenas de cacao, Maquita ya trabajaba en algo más profundo que el cumplimiento de una norma: la construcción de capacidades en territorio. Cuando la regulación llegó, no lo hizo como una sorpresa técnica, sino como un desafío humano: cómo explicarla, cómo evitar el miedo, cómo impedir que miles de pequeños productores quedaran excluidos por una condición que no habían creado.
“Lo primero fue visibilizar el riesgo, no desde la culpa, sino desde la comprensión”, explica Stefanía, gestora territorial de Maquita. “Que los productores entendieran qué es el cadmio, por qué existe en nuestros suelos y por qué no se trata de que su cacao sea malo, sino de una característica natural del territorio”.
Ese punto fue clave. La regulación no se presentó como castigo, sino como contexto. Y ese contexto encontró en Clima-LoCa un aliado que no llegó con recetas cerradas, sino con una metodología clara e integral: diagnosticar, formar y transferir conocimiento útil no solo para enfrentar únicamente el problema del cadmio, si no para fortalecer a los productores frente a otros desafíos relacionados con productividad, manejo de insumos y la rentabilidad del cultivo.
Es así que Clima-LoCa implementó una estrategia con un enfoque integral que no solo buscó fortalecer la capacidad de los actores frente a la regulación, sino también contribuir a la solución de otras problemáticas de la cadena de valor local, como el incremento de la productividad de los cultivos, la promoción de modelos de negocio asociativos y el fortalecimiento de capacidades a nivel de finca en gestión financiera y economía del cuidado.
El primer paso fue técnico, pero con consecuencias sociales profundas: la toma de muestras. Suelo, hojas y bio-insumos. Analizar para conocer y decidir.
A partir de esos resultados, se identificaron comunidades con mayores niveles de cadmio y con retos frente a la fertilidad del suelo. y se trabajó con ellas de manera focalizada. En dos localidades se aplicaron tratamientos agronómicos escalonados en cinco fincas, combinando materia orgánica y micronutrientes —zinc, magnesio, hierro— con evaluaciones periódicas cada tres meses.
“Los análisis nos ayudaron a construir planes anuales de fertilización específicos por comunidad”, dice Aly. “Ya no era aplicar por intuición, sino por información”.
En zonas como Portoviejo, donde los suelos son altamente alcalinos, con pH de hasta 8,3; esa información fue decisiva. Permitió diseñar estrategias para reducir salinidad, ajustar enmiendas y mejorar la nutrición de no solo del cacao, sino de todo el sistema productivo asociado. Porque en Manabí, mejorar la productividad del cacao, significa mejorar el desempeño de toda la finca.
Por otro lado, estaba el cadmio que se encuentra en altas concentraciones en los granos de cacao (0,60 a 3,01 mg kg-1), Estos valores ya habían sido evidenciados en trabajos posteriores a la implementación del proyecto en la misma zona. Con la aplicación de los tratamientos y el trabajo conjunto con los agricultores, se observó una ligera reducción de cadmio en granos (entre 1,2 – 1,5 veces menor) a partir de los nueve meses, pero no de manera sostenida por lo que existen otros factores como la temporalidad (época seca o lluviosa) que deben ser considerados al momento del diseñar y analizar las nuevas estrategias de mitigación a nivel local.
Pero el corazón de esta historia no está solo en los análisis. Está en lo que se hizo con ellos. Uno de los aprendizajes más claros del proceso fue que no basta con intervenir una finca si no se transforma la forma en que se toman decisiones en esta. Por eso, Clima-LoCa y Maquita apostaron por la generación de capacidades, no por la dependencia de insumos externos.
A lo largo del proyecto se realizaron 10 talleres, que capacitaron a más de 100 personas, entre productores, productoras y técnicos locales. No fueron charlas aisladas. Fueron espacios de devolución de resultados, discusión colectiva y planificación preventiva.
“Lo más importante fue aprender a planificar”, resume Aly. “No esperar a que el cultivo esté enfermo para actuar, sino anticiparse: podas a tiempo, control fitosanitario preventivo, manejo del suelo, nutrición adecuada”.
Ese cambio de mentalidad fue clave. La agronomía dejó de ser reactiva y se volvió estratégica.
El conocimiento que se multiplica
Maquita no trabaja sola. Desde hace décadas ha construido una red de promotores y promotoras comunitarias que llevan el conocimiento de finca en finca. Esa estructura permitió que lo aprendido con Clima-LoCa no se quedara en un grupo reducido, sino que se replicara.
“De nada sirve que el conocimiento se quede en un técnico”, explica Stefanía. “Aquí la lógica es que se despliegue en las comunidades”.
Ese enfoque también se vio reflejado en experiencias como la de Unidos Venceremos, una asociación que, con acompañamiento del proyecto, fortaleció la producción de bioles. Clima-LoCa permitió analizar su calidad, ajustar fórmulas, mejorar protocolos y convertir un saber tradicional en un bioinsumo validado, con potencial de emprendimiento y escalabilidad.
Maquita: llegar donde nadie llega
Maquita nació hace más de 40 años como un movimiento social, con una premisa que sigue vigente: llegar donde nadie llega. Hoy trabaja directamente con cerca de 3.000 productores de cacao, y articula 48 organizaciones de base, en territorios donde el acceso a servicios, información o mercados sigue siendo limitado.
Cuando la regulación de cadmio entró en vigencia hubo incertidumbre, miedo y preguntas legítimas. Pero también hubo algo que marcó la diferencia: una organización capaz de traducir una norma global en acciones locales.
El paso de Clima-LoCa dejó algo que no se va con el cierre del proyecto: una reorganización del conocimiento, una forma distinta de mirar el suelo, la planta y la finca; una capacidad instalada para decidir mejor.
El cadmio sigue en los suelos. Las regulaciones seguirán cambiando pero en Manabí no quedó una respuesta para hoy, quedó una capacidad para lo que venga.
Disclaimer:
Este artículo fue creado con el apoyo financiero de la Unión Europea. Su contenido no necesariamente refleja la opinión de la Unión Europea.