From the Field En cuidados intensivos: la carrera por salvar un fríjol silvestre
En la Unidad de Recursos Genéticos de la Alianza de Bioversity y el CIAT, investigadores trabajan para conservar un fríjol silvestre en riesgo de extinción cuya reproducción es extremadamente difícil. En condiciones controladas, cada semilla es casi un milagro.
El 11 de diciembre de 2003, en San Isidro de El General, al sur de San José, Costa Rica, el científico Daniel Debouck se encontraba en una de sus muchas expediciones para hallar variedades de fríjol. En una zona montañosa y húmeda, a más de mil metros de altura entre neblina, lianas y helechos, encontró una nueva especie de fríjol silvestre.
A simple vista, parecía un fríjol común y corriente. Para muchos, uno más en medio de tanto bosque. Debouck, sin embargo, que llevaba años recorriendo la región en busca de parientes silvestres del fríjol y tenía ojo entrenado para encontrar la aguja en el pajar, se detuvo y colectó unas semillas de Phaseolus hygrophilus.
Con el pasar de los años, el mismo camino que alguna vez recorrió Debouck ya no mostraba el mismo horizonte. Las tierras donde antes crecía este fríjol silvestre empezaron a cambiar; y, en su lugar, se dio paso a cultivos de café, haciendo que el hygrophilus fuera cada vez más difícil de encontrar.
Tiempo después, Phaseolus hygrophilus comenzó a ser reconocida como una especie en peligro de desaparecer.
Una “UCI” para variedades en estado crítico
Todos los días, a las ocho de la mañana sin falta, empieza la ronda. La rutina en la unidad de cuidados intensivos se repite: abrir el libro de registro, mirar las plantas una a una, revisar que estén bien, tomar nota de sus signos vitales y darles los cuidados necesarios para acercarlas, lo más posible, a las condiciones del lugar del que provienen.
En seis cámaras de crecimiento de más de 3 metros de altura que desde afuera parecen cajas fuertes, se monitorean y controlan la temperatura, humedad y luz de las plantas, como si de pulso, presión y respiración se tratase. Cada contenedor tiene una pequeña ventana de vidrio y basta ver a través de él para saber si las plantas siguen bien. Sin exponerlas al aire, la luz o la humedad del exterior.
Cámara de crecimiento Conviron.
“Las cámaras de crecimiento Conviron, adquiridas hace 10 años gracias al apoyo del Bundesministerium für Wirtschaftliche Zusammenarbeit und Entwicklung (BMZ) de Alemania, son el espacio propicio para controlar factores climáticos como temperatura, luminosidad, horas de luz y humedad relativa, en condiciones extremas como páramo, desierto u otras a las cuales no tenemos acceso cercano en la operación del banco”, afirma Marcela Santaella, Gerente de Operaciones del Banco de Germoplasma.
Marcela Santaella
Research Team LeaderDesde 2019, las variedades de fríjol silvestre Phaseolus hygrophilus y Phaseolus albicarminus procedentes de Costa Rica, fueron trasladadas al campus de la Alianza Bioversity – CIAT, en Palmira. Allí empezó otra forma de vida para ellas: lejos del bosque, pero rodeadas de un cuidado pensado para salvaguardar su existencia.
Para el investigador Ramiro Sabogal Carvajal y el técnico Edgar Hernán Escobar, trabajadores de esta “UCI” de plantas, mantenerlas vivas también se ha vuelto un reto personal. No se trata solo de revisar contenedores o medir temperatura y humedad. Se trata de lograr que esas plantas tan difíciles de multiplicar vuelvan a dar semillas.
Ramiro Sagobal Carvajal en la "UCI" para variedades críticas explicando el funcionamiento de las cámaras de crecimiento.
Flores de Phaseolus hygrophilous
“No es que sea difícil que produzcan semillas, es que no hemos encontrado las condiciones específicas necesarias”, les dijo alguna vez el científico ya retirado Daniel Debouck.
En esta “UCI”, como en cualquier otra, cada momento cuenta. Una hora sin las condiciones adecuadas son suficientes para marcar la diferencia entre conservar una planta o perderla para siempre.
Una vez al año, si las condiciones son favorables, la planta florece. Entonces deja ver sus flores blancas, a veces con tonos rosados, entre hojas de un verde oscuro brillante. Con la flor también llega la espera; de los próximos cuidados puede depender de que se forme la vaina de fríjol y, dentro de ella, nuevas semillas.
Desde su llegada a su nuevo hábitat hace siete años, solo una vez, tras varios intentos, ha ocurrido el milagro. En 2023 en la estación que antes existía en Tenerife, la variedad Phaseolus albicarminus logró dar siete semillas. Sí, siete semillas.
Javier Gereda, coordinador del equipo de Regeneración y Multiplicación de Germoplasma de la Unidad de Recursos Genéticos, junto a las cámaras de crecimiento.
Para Javier Gereda, coordinador del equipo de Regeneración y Multiplicación de Germoplasma de la Unidad de Recursos Genéticos, el reto no está únicamente en mantener viva la planta, es lograr que “sus niñas” -como las apoda de cariño- produzcan suficientes semillas para su conservación a largo plazo: se necesitan por lo menos 2.000 semillas para conservar, monitorear y distribuir esta variedad.
Esta “UCI” forma parte del banco de germoplasma Semillas del Futuro, donde se conservan más de 67.000 materiales de cultivos como fríjol, yuca y forrajes tropicales, recursos genéticos clave para la seguridad alimentaria y nutricional del mundo.
Para Marcela Santaella, el reto no está solo en conservar estas semillas, sino en entender qué necesita cada especie para volver a multiplicarse. “el banco de semillas de la Alianza Bioversity - CIAT en Palmira tiene un reto importante para conservar vivas y multiplicar las semillas de estas variedades, y así tenerlas a disposición de usuarios investigadores, mejoradores y productores en todo el mundo y a perpetuidad”, explica.
Conservar estas plantas y lograr que produzcan semillas significa evitar que una especie desaparezca, pero también mantener una copia de seguridad capaz de responder en momentos de crisis. Como ejemplo de esto, en Ruanda, África, tras la guerra de 1994, el banco de germoplasma de la Alianza Bioversity & CIAT funcionó como un tipo de seguro de vida genético: el equipo de trabajo del programa de Recursos Genéticos logró recuperar 1,5 toneladas de semillas de fríjol, con más de 275 líneas genéticas distintas, que sirvieron para apoyar la restauración de la agricultura de este país.
“Conservar semillas es salvar el futuro alimentario de una comunidad o región. Tal vez está en nuestras manos una variedad con la que nuestros antepasados indígenas alimentaban a sus comunidades y no lo sabemos, por lo menos hasta ahora”, señala Javier Gereda.
En los contenedores de esta unidad de cuidados intensivos, una flor no es solo una flor. Una vaina no es solo una vaina, y siete semillas, aunque parezcan pocas, pueden ser el comienzo de una nueva oportunidad para una variedad que lucha por no desaparecer.
Equipo de Regeneración y Multiplicación de Germoplasma. De izquierda a derecha: Edgar Hernán Escobar, Javier Gereda y Ramiro Sabogal Carvajal.