From the Field Cuando el conocimiento llega al campo, la agricultura escala
En los InnovaHubs de Guatemala, conformados por los departamentos de Huehuetenango, Totonicapán, Quetzaltenango, Zacapa y Chiquimula, y con la participación adicional de Sacatepéquez en las actividades de capacitación, más de 200 agricultores, estudiantes y técnicos fortalecieron sus capacidades en postcosecha, manejo agronómico e información climática para impulsar una agricultura más resiliente en el país.
En Guatemala, la agricultura no solo representa el sustento económico de miles de familias, sino también un patrimonio cultural y una herramienta clave para enfrentar el cambio climático. Consciente de este rol, entre el 31 de agosto y el 5 de septiembre se desarrolló una intensa semana de actividades de campo y capacitación en Huehuetenango, Sacatepéquez, Zacapa Chiquimula. Más de 200 personas entre agricultores, técnicos y estudiantes, participaron en seis espacios de intercambio organizados en el marco del programa de ciencia del CGIAR,Scaling for Impact (S4I), la iniciativa AgriLAC Resiliente y NORAD (Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo) y el Área de Investigación de Acción Climática para América Latina y El Caribe, donde el objetivo principal fue fortalecer capacidades locales y acercar innovaciones directamente a los territorios.
En Huehuetenango, agricultores del proyecto Q’anil del PMA participaron en una jornada de aprendizaje dedicada a la innovación e investigación agrícola. La experiencia también involucró a estudiantes de las universidades CUNOROC, CUNZAC y CUNORI, así como a extensionistas de MAGA Sacatepéquez, quienes compartieron conocimientos en torno a tres ejes: poscosecha, manejo agronómico e información climática, por medio de estaciones de trabajo, que promovieron la participación y el intercambio de ideas.
Conocimientos que transforman
Cada temática trabajada respondía a necesidades concretas del territorio. En poscosecha, se compartieron prácticas para reducir pérdidas, conservar los granos en mejores condiciones sin recurrir a químicos dañinos, y manejar plagas y hongos. Este espacio fue especialmente valorado por las mujeres agricultoras, quienes reconocieron en estas prácticas una oportunidad para mejorar la calidad de los alimentos que producen y consumen en sus hogares.
En manejo agronómico, se discutieron plagas, enfermedades y prácticas sostenibles aplicadas al maíz, frijol y camote, resaltando la importancia de las variedades biofortificadas, que representan una innovación con impacto nutricional directo para las familias rurales. Finalmente, en información climática, los participantes aprendieron a diferenciar conceptos como clima y tiempo, a comprender qué es la vulnerabilidad climática y a usar instrumentos como pluviómetros y medidores de humedad del suelo, transformando datos en herramientas prácticas para la toma de decisiones agrícolas.
“El tema de poscosecha captó mucho la atención de las mujeres, porque conecta directamente con el trabajo que realizan día a día. Ver su entusiasmo y preguntas constantes nos mostró que la innovación tiene que partir de sus realidades”, compartió Andrea Borrayo, Investigadora de Acción Climática Guatemala, resaltando cómo estas capacitaciones logran un vínculo directo con quienes están en primera línea de la producción agrícola.
De la capacitación al escalamiento
La importancia de estas actividades no solo radica en el conocimiento compartido, sino en el potencial de transformación que generan. Al acercar innovaciones directamente a los territorios, agricultores, técnicos y estudiantes no solo adquieren herramientas para mejorar su práctica actual, sino que también se convierten en multiplicadores de saberes dentro de sus comunidades.
Como señaló Andrea Borrayo: “La riqueza de iniciar un escalamiento desde lo local es que tenemos un impacto más directo dentro de las personas, no solo con los agricultores, sino también con los técnicos y los futuros profesionales”. Esta visión refleja cómo los procesos de escalamiento construidos desde la base social y territorial tienen más posibilidades de consolidarse y generar impactos sostenibles.
En un país como Guatemala, donde la agricultura familiar es pilar de la seguridad alimentaria y donde el cambio climático ya amenaza la estabilidad productiva, fortalecer capacidades es una estrategia no negociable. Cada conocimiento compartido en campo se traduce en resiliencia, productividad y oportunidades para las generaciones presentes y futuras.
Fortalecer conocimientos en poscosecha, manejo agronómico e información climática es esencial para garantizar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los sistemas agrícolas. En poscosecha, se busca reducir las pérdidas que hoy representan uno de los mayores desafíos para los agricultores familiares, asegurando que lo que se produce llegue en buenas condiciones a las mesas y a los mercados. El manejo agronómico, por su parte, permite optimizar el uso de recursos, incrementar rendimientos y mejorar la calidad del frijol, al tiempo que promueve prácticas más sostenibles y resilientes frente a la degradación del suelo.
Finalmente, la información climática se ha convertido en una herramienta indispensable en un contexto de creciente variabilidad y cambio climático: conocer cómo interpretar los datos y usar instrumentos como los pluviómetros, medidores de humedad, ofrece a los agricultores la capacidad de tomar decisiones más acertadas sobre siembra, riego y cosecha. En conjunto, estas áreas forman una tríada estratégica que fortalece la capacidad de adaptación, impulsa la productividad y sienta las bases para que las innovaciones puedan escalar y llegar a más territorios.