From the Field Una ola de cambio: cómo el éxito de una finca puede inspirar a toda una comunidad
En el corazón de la soleada región de Marange, en Zimbabue, donde escasean las lluvias y son frecuentes las malas cosechas, un agricultor desafía las probabilidades. Las tierras del Sr. Maocha, alguna vez resecas e improductivas, se han transformado en un próspero oasis. ¿Su secreto? Una combinación de técnicas innovadoras de captación de agua y mejoras en la salud del suelo han convertido sus tierras en un faro de esperanza para otros pequeños agricultores que luchan contra la sequía y los bajos rendimientos.
Los pequeños agricultores de África que viven en condiciones semiáridas se enfrentan a unas duras condiciones que merman la productividad: además del suelo, la escasa agua de lluvia se pierde cada vez más por escorrentía. Se calcula que más del 50 % del agua de lluvia se pierde por escorrentía superficial y evaporación, y solo entre el 15 y el 30 % queda retenida en el suelo. Esta agua retenida es insuficiente para la producción de cultivos, y este reto ha aumentado la inseguridad alimentaria debido al fracaso de los cultivos perennes; por ejemplo, en Marange, el rendimiento del maíz ha caído hasta 0,4 toneladas por hectárea: más de tres veces inferior a la media nacional (1,39 t/ha).
Los agricultores de Marange han probado diversas estrategias de adaptación, como la recolección de agua en el campo, el cambio de las fechas de siembra, el uso de cultivos alternativos y el ensayo de semillas mejoradas. Sin embargo, estas prácticas por sí solas no se han traducido en aumentos significativos de la productividad de los cultivos. Ante los fenómenos meteorológicos extremos y la crisis climática, aumentar la capacidad de los pequeños agricultores para mejorar la salud del suelo y aprovechar al máximo la escasez de lluvias es esencial para aumentar la resiliencia y la capacidad de absorción de las comunidades vulnerables.
Implementar una combinación de prácticas para la captación de agua y la mejora de la salud del suelo podría ser una solución a estos retos, ayudando a transformar la productividad de las tierras agrícolas en zonas de escasas precipitaciones. ¿Cómo se puede motivar a los agricultores para que prueben este enfoque? El método más convincente es ver la historia de éxito de un vecino, y aquí es donde la granja de Sadreck Maocha – un campeón local de la agricultura en Marange – está marcando la diferencia.
Una alianza entre la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas (SLU), la Universidad de Educación Científica de Bindura (BUSE, por sus siglas en inglés), la Alianza de Bioversity International y el CIAT, y la Universidad Estatal de Michigan (MSU, por sus siglas en inglés) ha llevado a cabo, desde 2019, experimentos de campo en Zimbabue, de diferentes opciones de agricultura sostenible adaptada al clima. El señor Maocha fue uno de los primeros en adoptarlas con más entusiasmo.
Sus terrenos se encuentran en el borde de una zona de captación rocosa, lo que brinda la oportunidad de dirigir toda el agua de escorrentía a través de canales y zanjas, favoreciendo la recarga de aguas subterráneas. Para aprovechar el agua de escorrentía de la captación rocosa, se implementaron diversos sistemas, como la canalización del agua hacia el campo mediante zanjas en curvas de nivel, la instalación de travesaños a lo largo de estas zanjas, el refuerzo de las zanjas con pozos de infiltración y el uso de técnicas de cosecha de agua dentro del campo, como los caballones y las redes subterráneas de retención de agua.
Para mejorar la salud del suelo, se adoptaron diversas técnicas como los cultivos intercalados, los cultivos mixtos, el uso de abonos orgánicos, los principios de las 4A de administración de nutrientes (fuente adecuada, dosis adecuada, tiempo adecuado y situación adecuada), así como la gestión integrada de la fertilidad del suelo mediante la mezcla de abonos orgánicos con una reducción en el uso de fertilizantes inorgánicos para mejorar los resultados agrícolas.
Cultivo intercalado de maíz y caupí (izquierda) y una zanja en curva de nivel con travesaños que retienen el agua de escorrentía, 24 horas después de una lluvia.
Resultados
Tras la construcción de las diversas tecnologías de captación de agua, el Sr. Maocha notó la aparición de varios manantiales en su finca. Estos manantiales eran perennes y podían satisfacer las necesidades de agua de su familia. El Sr. Maocha también decidió construir un estanque cerca del manantial, donde almacenaría el agua y el exceso de escorrentía gracias a las estructuras modificadas de cosecha de agua en curvas de nivel. Una vez el estanque se llenó, el Sr. Maocha decidió construir una pequeña represa de tierra, que se llenó en su primera temporada.
El Sr. Maocha de pie junto al estanque. Fuente: YouTube.
Más abajo de las presas (en los huertos), el Sr. Maocha construyó varios pozos perennes que suministran agua para el riego de los cultivos, el ganado y el uso doméstico durante todo el año. También construyó un pozo comunitario donde todos los vecinos pueden recoger agua. Por último, con el agua sobrante acumulada en los pozos, los estanques y la represa, el Sr. Maocha puso en marcha un proyecto de acuicultura, con el que abastece a su hogar de pescado y vende el excedente a la comunidad, aportando así un flujo adicional de ingresos familiares y una fuente de nutrición.
Pozo comunitario en el jardín del Sr. Maocha. Fuente: YouTube.
En sus tierras, el Sr. Maocha también estableció un huerto adicional con una variedad de cultivos que incluyen tomate, repollo, arroz, trigo, ñame, batata, zanahoria, guisantes y maíz. La disponibilidad de agua le ha permitido cultivar varios productos y cosechar alimentos durante todo el año, lo que ha aumentado los ingresos de su familia y la seguridad alimentaria local.
Miembros de la familia Maocha trabajando en el huerto familiar con tomates y repollos. Fuente: YouTube.
Combinando estas numerosas prácticas sostenibles adaptadas al clima, el Sr. Maocha transformó los suelos arenosos de su finca en islas de productividad. Se calcula que la pérdida de suelo y agua por escorrentía en sus tierras se ha reducido en más de un 50 % y un 75 %, respectivamente. El rendimiento del maíz ha aumentado a 4-6 toneladas por hectárea. La producción de hortalizas también se ha multiplicado por 10, y su familia tiene ingresos y fuentes de alimentos más seguros que los vecinos que no adoptaron estos nuevos enfoques.
Algunos vecinos curiosos probaron un par de técnicas, pero se encontraron con varios problemas, como la falta de disponibilidad del equipo necesario y la ausencia de recursos financieros, así como conocimientos técnicos e información insuficientes sobre tecnologías sostenibles y de bajo costo para la captación de agua y la mejora de la salud del suelo.
Por eso, tras ver el éxito de la finca de Maocha, el profesor Jiri – ex director del Departamento de Extensión, Agricultura, Desarrollo Rural y Servicios de Asesoramiento (ARDAS, por sus siglas en inglés) – propuso establecer sistemas similares en todo el país. El Ministerio de Tierras, Agricultura, Agua, Pesca y Desarrollo Rural se ha comprometido a establecer 900 sitios piloto y de aprendizaje, para demostrar los principios de la recogida integrada de agua de lluvia y las mejoras en la salud del suelo, y repetir este éxito en todo el país; este podría ser el comienzo de una verdadera revolución agrícola dirigida por los propios agricultores.
Blog escrito por George Nyamadzawo, profesor de Suelos y Ciencias Ambientales, científico agrícola consultor en la Alianza Bioversity & CIAT; con aportes de Job Kihara, científico principal en la Alianza de Bioversity & CIAT. Editado por José Luis Urrea-Benítez, especialista en Comunicación Científica en la Alianza Bioversity & CIAT.