Blog Cacao con equidad: sembrando cápsulas de igualdad de género en Río San Juan

El proyecto NICACAO realizó un taller participativo con promotores locales en Río San Juan, Nicaragua, para fortalecer la integración del enfoque de género en los Sistemas Agroforestales de cacao. La iniciativa busca promover equidad, sostenibilidad y resiliencia en las familias productoras.

En la comunidad de Río San Juan el cultivo del cacao se ha convertido en parte esencial de la economía y de la rutina de la gente. Hoy se cuenta con más de 700 manzanas ya establecidas con plantaciones de cacao, lo que refleja el esfuerzo de muchas familias que han apostado por este cultivo. Esto abre las puertas a ver el cacao no solo como un medio de vida, sino también como una oportunidad para crecer junto a otros, como comunidad.

En la actualidad el cacao se cultiva de muchas maneras en la zona: mujeres que trabajan solas sus parcelas, parejas que siembran juntos o familias que pierden su sustento cuando el esposo no puede continuar. 

Detrás de estas formas de cultivo emergen también realidades de desigualdad que afectan de manera distinta a mujeres y hombres. Así, en Río San Juan, al sureste del país, comienza a abrirse camino, silenciosamente, un tema incipiente: el enfoque de género en los Sistemas Agroforestales (SAF) de cacao.

“Para nuestra comunidad es algo completamente nuevo, y estamos dando los primeros pasos para entender su importancia, integrarlo en nuestras prácticas y reconocer que el cacao también puede ser una vía para la participación equitativa de mujeres y hombres en el desarrollo local”, comenta José Luis Villalta de la comunidad de la Palmera en Río San Juan.    

La Alianza de Bioversity International y el CIAT abre este espacio con un taller que busca reforzar la comprensión y práctica del enfoque de género en los SAF de cacao, un componente clave para la equidad, la sostenibilidad productiva y la resiliencia de las familias productoras de cacao.

Durante las dos jornadas, las y los participantes reflexionaron sobre los roles tradicionales de género en la producción cacaotera, exploraron conceptos fundamentales de igualdad y equidad, y discutieron cómo integrar estas perspectivas en la planificación y manejo de las fincas.
El taller incluyó dinámicas participativas como el árbol de saberes de género y la carrera de los privilegios, que permitieron visibilizar experiencias, percepciones y desigualdades. Asimismo, se abordaron temas sensibles como la violencia de género en los sistemas productivos, resaltando la importancia de prevenir y atender estas problemáticas en los territorios.

“Las mujeres somos importantes, tanto en el campo como en las actividades domésticas. ¿Por qué? Porque las mujeres equilibramos, damos un balance. El mayor cambio que este taller puede despertar en la comunidad es la inclusión de la familia y el respeto a la opinión de la mujer en torno al cultivo del cacao” nos manifiesta Ana Gabriela Siria de la comunidad del Castillo en Río San Juan.

Un momento clave en el taller fue la introducción a las Cápsulas de Género, herramientas pedagógicas que ayudan a promover la igualdad entre mujeres y hombres en los SAF de cacao. A través de ejercicios grupales, las y los promotores diseñaron y debatieron propuestas de cápsulas que buscan tocar puntos esenciales como fincas inclusivas, familias resilientes, nuevas masculinidades y fomentar la no violencia de género, pero sobre todo saber identificar la violencia que tienen lugar hasta en las palabras.

Además de fortalecer conocimientos técnicos, el espacio contribuyó al sentido de equipo y la construcción colectiva de aprendizajes, generando compromisos para seguir promoviendo la equidad en las comunidades del territorio de Río San Juan. 

Con este taller, el proyecto NICACAO avanza en su meta de garantizar la participación y el beneficio equitativo de mujeres y hombres, con la mirada puesta en la rehabilitación de 200 hectáreas de cacao en la zona, para impulsar sistemas agroforestales más justos, sostenibles y resilientes.

“La violencia de género está presente en cada eslabón de la sociedad, tan naturalizada que muchas veces pasa desapercibida, aunque sus efectos sean profundos y dañinos. Reconocerla no siempre es fácil, pero enfrentarla exige mirar hacia dentro y preguntarnos: ¿cómo estamos educando al relevo generacional?, señala Lidieth Espinoza, asociada de investigación de la Alianza. 

Este no es un papel que pueda delegarse a terceros, ni a programas ni a organizaciones externas. Es, ante todo, una responsabilidad que nace en el seno de la familia, porque es ahí donde se siembran los valores y se forman las miradas que luego moldearán a la sociedad", puntualizó la investigadora.