Blog Agrovoltaica en Colombia: producir alimentos y energía limpia en un mismo territorio
El 14 de mayo en Bogotá, la Alianza Bioversity & CIAT lanzó JET-AgriSOL, una iniciativa apoyada por Alemania para impulsar la agrovoltaica en Colombia y unir seguridad alimentaria, energía limpia y desarrollo rural.
La transición energética suele imaginarse en techos cubiertos de paneles solares o en grandes parques fotovoltaicos extendidos sobre amplias superficies. Pero en Colombia, donde el uso del suelo concentra tensiones históricas entre producción agrícola, conservación, acceso a la tierra y desarrollo rural, la conversación es más compleja. La pregunta no es solo cómo generar más energía renovable, sino cómo hacerlo sin desplazar la producción de alimentos, sin aumentar la presión sobre los territorios y sin dejar por fuera a las comunidades rurales que más necesitan nuevas oportunidades.
Esa pregunta estuvo en el centro del lanzamiento oficial de JET-AgriSOL, un proyecto liderado por la Alianza de Bioversity International y el CIAT, con el apoyo del Gobierno Federal de Alemania, que busca introducir y adaptar sistemas agrovoltaicos al contexto colombiano. La iniciativa, financiada por el Ministerio Federal de Medio Ambiente, Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear de Alemania (BMUKN) a través de la Iniciativa Climática Internacional (IKI) y que cuenta con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia como socio político, propone una idea tan sencilla como transformadora: producir alimentos y generar energía solar en el mismo terreno.
Durante el evento se realizó un panel de expertos sobre la agrovoltaica en Colombia: oportunidades y condiciones habilitantes para escalar soluciones que integren energía, agricultura, ganadería y desarrollo rural. Foto: CIAT/JL Urrea
El lanzamiento reunió en Bogotá el pasado 14 de mayo a representantes de gobierno, cooperación internacional, sector privado, academia, centros de investigación y organizaciones vinculadas al desarrollo rural y energético. Más que presentar una nueva tecnología, el encuentro abrió una conversación necesaria sobre cómo conectar la transición energética con la seguridad alimentaria, la resiliencia climática y los medios de vida rurales.
Colombia se ha comprometido a reducir en un 51% sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 y alcanzar la carbono-neutralidad en 2050. Al mismo tiempo, el país enfrenta desafíos estructurales relacionados con desigualdad rural, inseguridad alimentaria, vulnerabilidad climática y brechas persistentes en el acceso a energía. En muchas zonas rurales, especialmente en territorios no interconectados, la electricidad sigue siendo limitada, costosa o inestable. Allí, hablar de transición energética también significa hablar de refrigeración para conservar alimentos, bombeo de agua para riego, conectividad, transformación de productos, centros de acopio y oportunidades productivas que aún no llegan de manera estable a muchas comunidades.
Para Marcela Quintero, directora general asociada de Estrategia de Investigación e Innovación de la Alianza Bioversity & CIAT, “El reto no puede entenderse únicamente desde el sector energético. La agrovoltaica invita a mirar el territorio de forma integral: como un espacio donde convergen la producción de alimentos, la generación de energía limpia, la adaptación al cambio climático y la posibilidad de crear condiciones más justas para quienes viven y producen en el campo”.
JET-AgriSOL llega en un momento clave. Aunque la agrovoltaica ha avanzado en distintos países, en Colombia sigue siendo una innovación emergente. Todavía existen vacíos de información, regulación, financiamiento y experiencia práctica que limitan su adopción y escalamiento. Por eso, el proyecto no se propone simplemente instalar paneles solares sobre cultivos o sistemas ganaderos. Su apuesta es generar evidencia, construir capacidades y co-diseñar modelos que respondan a las condiciones reales de los territorios colombianos.
Manuel Narjes, líder de JET-AgriSOL, presentando el proyecto: visión, escalamiento e impacto. Foto: CIAT/JL Urrea
El proyecto es implementado por la Alianza Bioversity & CIAT junto con Colibri Energy SAS, el Instituto Fraunhofer de Sistemas de Energía Solar (Fraunhofer ISE), y Perspectives Climate Research. La combinación de experiencia científica, conocimiento técnico y trabajo territorial será fundamental para evaluar qué sistemas funcionan mejor en diferentes contextos agrícolas, pecuarios y climáticos del país.
Uno de los componentes centrales será la creación de un laboratorio agrovoltaico en el campus de la Alianza en Palmira, Valle del Cauca. Desde allí, y junto con la instalación de sistemas agrovoltaicos en distintos territorios, el proyecto generará evidencia sobre rendimiento productivo, generación de energía y viabilidad económica. Estos aprendizajes se traducirán en herramientas de decisión para orientar futuras inversiones, políticas públicas y modelos de escalamiento.
Los territorios priorizados reflejan parte de la complejidad rural del país. En departamentos como Caquetá, La Guajira, Cesar y Chocó, las comunidades enfrentan simultáneamente riesgos climáticos, brechas de acceso a infraestructura, exclusión financiera y limitaciones energéticas. Mujeres, jóvenes, comunidades indígenas y afrocolombianas suelen ser quienes enfrentan con mayor fuerza estas barreras. Por eso, el enfoque de género e inclusión no será un componente adicional, sino una condición para que la innovación tenga sentido social.
El proyecto promoverá la participación equitativa en consultas comunitarias, procesos de formación y diseño de modelos de negocio. Al menos el 30% de las personas participantes en consultas serán mujeres, y al menos tres de los 16 modelos de negocio agrovoltaicos previstos serán liderados por mujeres. Además, la información generada será analizada con indicadores desagregados por sexo y edad, para entender quiénes participan, quiénes se benefician y qué ajustes son necesarios para que los resultados sean más inclusivos.
El potencial va más allá de la generación eléctrica. En zonas donde las comunidades dependen de generadores diésel o enfrentan altos costos energéticos, los sistemas renovables descentralizados pueden reducir emisiones y mejorar el acceso a energía para usos comunitarios y productivos. También pueden fortalecer cadenas de valor locales mediante riego eficiente, refrigeración, procesamiento de alimentos, conectividad o pequeñas agroindustrias rurales. En algunos casos, los excedentes de energía podrían incluso venderse a través de sistemas interconectados, abriendo nuevas fuentes de ingreso para productores y organizaciones locales.
El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia es un socio político clave en este proyecto. Cecilia Medina, de la Dirección de Cambio Climático y Gestión del Riesgo, comentó:
“Qué inspirador ver cómo la agrovoltaica empieza a consolidarse como una solución real para impulsar la transición energética justa y el desarrollo rural en Colombia. Desde el Ministerio de Ambiente acompañamos y apoyamos iniciativas como JET-AgriSOL, que integran agricultura, energía renovable y resiliencia climática, especialmente en territorios rurales donde la interconexión eléctrica aún representa un gran desafío. Estos modelos no solo aportan a la descarbonización y a la seguridad alimentaria, sino que también abren oportunidades para fortalecer comunidades energéticas, mejorar la calidad de vida y promover un desarrollo más inclusivo y sostenible para las comunidades rurales del país.
Representantes de los Ministerio de Ambiente, Minas, Agricultura, SENA y Agrosavia participaron del diálogo sobre cómo implementar la agrovoltaica en Colombia. Foto: CIAT/JL Urrea
Pero para que esa posibilidad se vuelva realidad, la agrovoltaica necesita más que pilotos. Requiere modelos de negocio viables, capacidades técnicas locales, mecanismos de financiamiento adecuados, marcos regulatorios claros y evidencia robusta sobre beneficios, costos y riesgos. Por eso, JET-AgriSOL también trabajará en formación técnica y empresarial, herramientas para tomadores de decisión, casos de inversión inclusivos y recomendaciones regulatorias, financieras y técnicas que puedan alimentar una hoja de ruta nacional para la agrovoltaica en Colombia.
El lanzamiento de JET-AgriSOL marcó el inicio formal de esa conversación. Una conversación que no pertenece únicamente al sector energético ni al agrícola, sino al país que Colombia quiere construir: uno donde la transición energética no compita con la seguridad alimentaria, donde la innovación no llegue de espaldas a las comunidades y donde los territorios rurales puedan ser protagonistas de soluciones climáticas con valor económico, social y ambiental.
En un contexto global que exige acelerar la acción climática, Colombia tiene la oportunidad de explorar un camino propio para la agrovoltaica en condiciones tropicales. JET-AgriSOL no ofrece una respuesta definitiva, pero sí una plataforma para aprender, probar, ajustar y construir evidencia junto con quienes conocen mejor el territorio. Si esa apuesta logra consolidarse, producir alimentos y energía limpia en el mismo terreno podría dejar de ser una promesa tecnológica para convertirse en una herramienta concreta de desarrollo rural, resiliencia climática y transición energética justa.