Blog El Valle del Cauca avanza hacia la regeneración del suelo y la vida

Dicen que el ave fénix es capaz de renacer más fuerte de sus propias cenizas. Simboliza la posibilidad de volver a empezar, incluso cuando todo parece haberse acabado. A 1.800 metros sobre el nivel del mar, en el corregimiento de Coyuyos, a hora y media de Ginebra, esa idea deja de ser un mito y toma forma en la finca El Porvenir, en donde, hace más de una década, algo también volvió a nacer.

Rodeada por el paisaje del Valle del Cauca, Amparo Acosta trabaja en recuperar la vida del suelo mientras produce alimentos. Desde su finca, la vista se abre en panorámica: el río Cauca, Cerrito y, en los días más despejados, se alcanza a ver un pedacito de Cali. Llegar no es fácil. Hay que subir por una carretera destapada, de esas que se recorren en moto o caminando, con los zapatos llenos de tierra.

Amparo ha entendido que regenerar no es una técnica: es un proceso. Lleva más de 15 años metida en el cuento de la agroecología y aplicándolo en su territorio. “Cambié la vida en las pasarelas como diseñadora de modas por la tierra en las uñas”. Hace parte de la quinta generación de agricultores de su familia, y cuidar la tierra es, además de su modo de vida, una forma de honrar su memoria indígena.

Para ella, regenerar es recuperar el suelo, pero también mejorar la alimentación, el aire y la salud; es, en sus palabras, “regenerar el tejido social desde el suelo hasta el cielo”. En su finca, esto se traduce en una huerta agroecológica, en no usar químicos y en haber dejado que hectáreas de bosque vuelvan a crecer. Poco a poco, la vida ha regresado: hoy hay fauna que antes no se veía.

Como Amparo, cada vez más agricultores están apostándole a cuidar los territorios, a regenerar. Es parte de una transformación más amplia que empieza a tomar fuerza en el Valle del Cauca.

Cuidar el suelo para la transformación del sistema alimentario

En Colombia se estima que cerca del 40% del territorio presenta algún nivel de erosión. Las lluvias torrenciales y los largos periodos de sequía afectan las características físicas del suelo. La compactación de este, causada por la falta de humedad, pierde su capacidad para retener agua y nutrientes, haciendo que cada vez sea más difícil producir alimentos sin depender de insumos externos. El costo se traduce en suelos más frágiles, en sistemas productivos más vulnerables y en alimentos cada vez más costosos.

En medio de esta realidad, nacen iniciativas como la agricultura regenerativa, que combinan la innovación científica con prácticas tradicionales de agricultura; prácticas en donde se aprende a producir alimentos buscando un equilibrio con el medio ambiente; sin restarle, sin degradarlo; restaurando y fortaleciendo la biodiversidad.

Valle del Cauca: un Hub para la regeneración

Pero entender la regeneración no es suficiente: también es necesario medirla. Porque lo que se mide, se entiende; y lo que se entiende, permite evidenciar su valor. Y esta es precisamente la idea central del proyecto Valle Regenerativo.

El pasado 25 de marzo, más de 50 actores del departamento, entre productores, empresas, academia e instituciones, incluida Amparo, participaron en el primer taller del Hub Valle Regenerativo, donde se empezó a construir de manera conjunta una ruta para medir y fortalecer estos procesos en el territorio.

“Para lograr un impacto duradero es necesario invertir en instituciones, alianzas y soluciones escalables. A través del Hub Valle Regenerativo, la Fundación Rockefeller reúne al CIAT y a la Fundación para la Aplicación y Enseñanza de la Ciencia (FUNDAEC), dos instituciones para las que ha ayudado a sentar las bases, junto con su beneficiario la Coalición para la Alimentación y Uso del Suelo (FOLU) y otros socios”, asegura Maya Rajasekharan, Directora Gerente para las Américas de la Alianza Bioversity y el CIAT.

Este proyecto busca desarrollar un sistema de monitoreo y validación que permita evaluar la regeneración, con énfasis en la salud del suelo, y generar evidencia sobre sus impactos ambientales, sociales y económicos.

“Esperamos generar una línea base y unir a los actores involucrados para medir los avances en la implementación de prácticas regenerativas. Uno de los grandes impactos es poder registrar ese avance. El Valle del Cauca es la primera región que se une con actores públicos y privados, empresas e instituciones para implementar estas prácticas”, afirma María Fernanda Álvarez, científica de la Alianza Bioversity y el CIAT.

Durante el encuentro participaron organizaciones como ICESI, la Universidad Javeriana, Cavasa, Hacienda El Hatico, Asohofrucol y Agrosavia, junto a productores que ya vienen labrando este camino. Allí se identificaron posibles indicadores, se compartieron experiencias y se definieron líneas de trabajo para iniciar su medición durante los próximos dos años.

Más allá de los datos, el proceso refleja algo más profundo: una región que empieza a reconocerse en la necesidad de regenerar sus suelos y transformar la manera en que produce. La articulación entre actores públicos y privados, empresas, academia y productores muestra que la regeneración no es solo una práctica individual, sino una apuesta colectiva.

Para Peiman Milani, director del área de sistemas alimentarios para América Latina de la Fundación Rockefeller, este tipo de iniciativas solo son posibles desde una mirada integral: “El sistema alimentario es profundamente multidimensional, y es necesario integrar todas las perspectivas; de lo contrario, es muy difícil lograr un enfoque sistémico que genere beneficios reales para toda la sociedad. La dinámica, el espíritu de colaboración y la visión compartida que se están construyendo en el Valle del Cauca son clave para transformar los sistemas alimentarios en el territorio”, afirma.

Este proceso se desarrolla en el marco de la coalición de sistemas alimentarios del departamento, un espacio en el que la Gobernación del Valle del Cauca y diversas organizaciones articulan esfuerzos para transformar el sistema alimentario y posicionar al departamento como un referente en agricultura regenerativa. A ello se suma la ordenanza del Plan Agroecológico Departamental, que convierte al Valle del Cauca en el primero del país en contar con este instrumento.

“Me llevo mucho optimismo en que podamos encontrar el camino para que el campo siga produciendo y siga siendo la base de la humanidad y de nuestros pueblos”, concluye Amparo.

Project Leader