Blog Tres regiones, un mismo reto

En tres regiones de Colombia, Clima-LoCa llevó análisis de cadmio a fincas de cacao para que productores e industria tomen decisiones basadas en datos. Medir el metal dejó de ser un rumor y se convirtió en una herramienta clave para competir en mercados internacionales.

Cuando el dato llega al agricultor, el cadmio deja de ser un rumor y se vuelve una decisión.

En el occidente de Boyacá, Alejandro Toro aprendió a conocer el cacao como quien aprende a conocer un territorio. No llegó por herencia campesina ni por tradición familiar. Llegó desde Bogotá, entre el 2001 y 2002, buscando algo que no encontraba en la ciudad: tiempo, tranquilidad y una manera distinta de “hacer patria” en un rincón de Colombia que muchos conocieron más por la violencia que por sus hermosos paisajes.

Diez años después, la Finca San Luis, en San Pablo de Borbur, no es solo un cultivo: es una historia viva que se cuenta caminando. Literalmente. Porque Alejandro y Vivian, su pareja, convirtieron su finca en un destino de agroturismo cacaotero. Reciben visitantes, los llevan por la ruta del cacao, les explican la flor, el fruto, la fermentación y el secado, y terminan el recorrido con una taza de chocolate hecha allí mismo, entre todos, como una pequeña ceremonia.

Para él, el turismo no es un complemento menor: es una alternativa real de ingresos y una forma de cambiar el relato de una región marcada durante décadas por la guerra esmeraldera. Hoy, el cacao y el turismo conviven como símbolos de una transformación silenciosa.

“Aquí la gente viene a conocer el cacao, pero también a conocer otra Colombia. Una Colombia tranquila, que trabaja la tierra y que quiere vivir de esto con dignidad”, asegura Alejandro.

Pero incluso en los recorridos más bonitos, hay una palabra que atraviesa todo: cadmio.

Un metal presente de forma natural en algunos suelos que se convirtió en una barrera comercial. No se ve. No se huele. No cambia el sabor del grano. Pero puede definir si un cacao entra o no a ciertos mercados internacionales.

Los análisis realizados por Clima-LoCa mostraron una realidad compleja: hay fincas con niveles altos de cadmio y otras con niveles bajos, incluso dentro del mismo municipio.

Alejandro lo resume con claridad: su finca, San Luis, salió “sana”. Por azares geológicos, más que por manejo agronómico. Sin embargo, muchos de sus vecinos no tuvieron la misma “suerte”.

“Cuando uno ve los datos, ya no es cuento. Uno sabe dónde está parado. Y eso, aunque a veces duele, también da tranquilidad para tomar decisiones”, cuenta Alejandro.

Allí, el trabajo de Clima-LoCa no trajo una cura mágica. Trajo algo más incómodo y útil: certeza.

Certeza para saber quién puede exportar, quién debe vender a mercado local, quién necesita mezclar y quién debería pensarlo dos veces antes de sembrar más cacao en suelos con niveles críticos.

El país del cacao no es un solo país

Si uno mira Colombia desde el cacao, descubre que no existe “una” historia, sino varias Colombias superpuestas.

Por un lado, está el occidente de Boyacá, donde el cacao fue sustitución de coca y alternativa frente a economías extractivas.

Está el Putumayo, donde la expansión cacaotera crece entre procesos de paz, reconversión productiva y conservación.

Está el Meta, con dos realidades en una misma geografía: zonas con cadmio muy bajo y otras donde el problema es significativo y obliga a pensar en mezclas, segmentación y alianzas comerciales.

Tres regiones. Tres contextos. Un mismo reto: cómo enfrentar el cadmio sin sacar al productor del mercado.

Eso fue lo que intentó ordenar Clima-LoCa en Colombia: no prometiendo una solución milagrosa, sino llevando ciencia aplicada a las fincas, tomando muestras, midiendo, comparando, devolviendo resultados y, sobre todo, entregando algo que en el campo suele faltar: que las personas agricultoras tengan información con la cual tomar decisiones.

Cuando el dato llega al agricultor

Para William Melo, investigador de Clima-LoCa, uno de los mayores vacíos históricos del sector no estaba en la falta de estudios, sino en quién tenía acceso a ellos.

Durante años, importadores, exportadores y grandes compradores han tenido datos sobre los contenidos de cadmio en los granos de cacao que provienen de todas las zonas productoras del país. Pero los agricultores, quienes producen el grano, casi nunca.

“El proyecto logró algo clave: que el agricultor tuviera datos de sus propios cultivos”, explica Melo. No rumores. No lo que dice el comprador. No lo que sugiere el intermediario. Datos concretos de su finca.

“Por primera vez muchos productores pudieron decir: estos son mis datos. Y eso cambia completamente la conversación”, resume Melo.

Eso cambia todo. Porque cuando el productor sabe si su cacao tiene 0,5 o 2 partes por millón de cadmio, puede decidir: si apunta a exportación, si vende a mercado nacional, si busca aliados para mezclar o si evita invertir más en una expansión que puede no ser rentable.

El cadmio deja de ser un fantasma y se vuelve una variable de negocio.

Putumayo: Cuando el reto aún no es crisis, pero ya es parte del futuro

En el Putumayo, la historia es distinta.

Allí, el cacao crece en un contexto de sustitución de cultivos ilícitos y la conservación de la Amazonia como ecosistema estratégico. Para productores como Mary Casmachin, de La Ruta del Chocolate, el cacao no solo es grano: es transformación, turismo, marca propia y relato de territorio.

Su empresa Oricao transforma el cacao dentro de la finca, ofrece experiencias de agroturismo y trabaja con una visión regenerativa: conservación, biodiversidad y valor agregado.

Los análisis de Clima-LoCa mostraron que: en gran parte del Putumayo, los niveles de cadmio son bajos, aunque con las excepciones propias de todo análisis regional. No es una alarma inmediata, pero sí una alerta temprana para ajustar las estrategias técnicas y comerciales.

“Para nosotros fue importante saber cómo están nuestros suelos y granos hoy, para no cometer errores mañana. Es mejor conocer ahora que lamentar después”, explica Mary.

Los análisis de Clima-LoCa mostraron que: en gran parte del Putumayo, los niveles de cadmio son bajos, aunque con las excepciones propias de todo análisis regional. No es una alarma inmediata, pero sí una alerta temprana para ajustar las estrategias técnicas y comerciales.

“Para nosotros fue importante saber cómo están nuestros suelos y granos hoy, para no cometer errores mañana. Es mejor conocer ahora que lamentar después”, explica Mary.

Para Mary, el valor no fue descubrir un problema, sino anticiparlo. Saber cómo están sus suelos hoy. Evitar prácticas que puedan aumentar el cadmio mañana. Prepararse para un mercado que cada vez exige más.

En Putumayo, Clima-LoCa no llegó a apagar un incendio. Llegó a instalar detectores de humo.

Meta: Dos realidades en un mismo territorio

En el Meta, el cadmio muestra su cara más contrastante. Hay zonas donde el problema es casi inexistente y otras donde los niveles son relativamente altos.

Allí, los productores han aprendido algo clave: no todas las soluciones funcionan en todos los lugares. Enmiendas minerales u orgánicas, uso de microorganismos tratamientos postcosecha, que han sido desarrollados no solo por Clima–LoCa. Muchos ensayos muestran resultados parciales, pero pocos son replicables.

El mensaje fue claro: hoy, la estrategia más efectiva sigue siendo la segmentación y mezcla inteligente de granos con altos y bajos niveles de cadmio, apoyada en análisis y trazabilidad.

No es la solución soñada, pero es la solución realista.

El verdadero legado: Democratizar el conocimiento

Si hay un hilo conductor entre Boyacá, Putumayo y Meta, no es una tecnología específica. Es algo más profundo: poner la información en manos de quien produce: que el agricultor o empresa sepa, que no dependa solo de lo que le digan, que pueda negociar, decidir, planear.

“Antes muchos productores no sabían si creerle al comprador o no. Hoy tienen sus propios números. Y eso les devuelve poder de negociación”, dice William Melo.

El cadmio no es solo un problema de regulaciones comerciales o procesos geoquímicos. Es una prueba de madurez para la cadena del cacao. Obliga a pasar del rumor al dato. De la intuición a la evidencia y del “me dijeron” al “yo sé”.

En Boyacá, en Putumayo y en el Meta, el mensaje es el mismo: el futuro del cacao no se construye con fórmulas mágicas, sino con información, colaboración, trazabilidad y decisiones conscientes.


Disclaimer: 

Este artículo fue creado con el apoyo financiero de la Unión Europea. Su contenido no necesariamente refleja la opinión de la Unión Europea.