Con matemáticas, los agricultores colombianos conjuran una temible plaga para el maíz: Dalbulus maidis

La Alianza de Bioversity International y el CIAT lidera una estrategia para el control del Dalbulus Maidis, un insecto capaz de transmitirle enfermedades al maíz y generar pérdidas de hasta el 70% de los rendimientos de la cosecha. El manejo propuesto desde la Alianza se fundamenta en el monitoreo: contar qué tantos insectos hay en una plantación y a partir del resultado tomar una decisión informada sobre si se debe, o no, aplicar plaguicidas. Fincas que hacían entre cinco y ocho aplicaciones, las redujeron a cero, lo que ha beneficiado no solo el bolsillo de los agricultores sino la sostenibilidad del medio ambiente. 

El insecto tiene un nombre extraño: Dalbulus maidis. La primera noticia que se tuvo de él fue en 1945, cuando se reportó su presencia en el Valle del Río Grande en Texas, Estados Unidos. Desde entonces se ha ido desplazando por toda América, hasta el sur de Argentina, a través de los cultivos de maíz, el único lugar donde se reproduce.  

A Colombia llegó en 1973, lo que quiere decir que ya son casi 80 años en los que los agricultores han debido lidiar con él. Aunque el problema no es tanto el insecto, sino su habilidad para transmitir tres patógenos, tres enfermedades diferentes, al maíz: el virus del rayado fino del maíz; el Spiroplasma y el Fitoplasma. De cada 100 Dalbulus Maidis, se lee en la literatura científica, diez están infectados. 

La consecuencia, no importa el patógeno que transmita, es la misma: ‘Complejo de Achaparramiento del Maíz’. Es una enfermedad que hace que la planta no se desarrolle, lo que explica las estadísticas; el Complejo de Achaparramiento del Maíz ha generado pérdidas de hasta el 70% en los rendimientos de las cosechas en América Latina.

La presencia del insecto está reportada en todos los departamentos de Colombia donde se siembra maíz, como el Valle Geográfico del río Cauca, el Valle Geográfico del río Magdalena, la Orinoquía, el Caribe Húmedo y la Zona Cafetera. En los años 2015 y 2016, los patógenos que transmite el Dalbulus maidis causaron estragos en el Huila. Las pérdidas de las cosechas fueron del 100%. Durante dos años consecutivos no se sembró una sola mata de maíz en esa zona de Colombia.  

Tres años después se reportó por primera vez la enfermedad en los cultivos de maíz del Valle del Cauca. Las pérdidas igualmente fueron considerables, lo que repercutió en el aumento del precio final al consumidor debido a la poca oferta. Por ello, desde 2019, la Alianza de Bioversity International y el CIAT, junto a otras entidades como el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, (Fenalce), y la industria de semillas, comenzaron a trabajar en alternativas para controlar la plaga.
 

Uno de los objetivos que se trazaron los investigadores fue diseñar una estrategia que permitiera alejar al insecto de los cultivos de maíz y mitigar un problema ambiental: los agricultores, al sentirse amenazados por la noticia de la presencia del Dalbulus maidis en Colombia, lo que hacían era incrementar el uso de plaguicidas (insecticidas), sin tener la certeza de que tenían, o no, el insecto en sus cultivos. 

Hubo agricultores que llegaron a aumentar las aplicaciones de químicos de dos hasta diez veces, solo por el temor de que llegara el insecto. Al aumentar el uso de insecticidas, por supuesto, aumentaba el costo de sembrar maíz, así como los daños en el medio ambiente. 

Lo que se propusieron desde la Alianza de Bioversity International y el CIAT fue garantizar una agricultura limpia en el departamento y replicar el modelo en América Latina. Al frente del proyecto está Jairo Rodríguez Chalarca, Coordinador Senior del Área de Cultivos para la Nutrición y la Salud de la Alianza. 

A Jairo, junto al equipo de expertos que le acompaña, se les ocurrió implementar el monitoreo del Dalbulus maidis en los cultivos de maíz. Porque sucedía lo siguiente: los agricultores les aseguraban tener “muchos” insectos en sus lotes, pero a ciencia cierta no sabían cuántos eran. Lo que les propuso Jairo fue ponerle un número concreto a ese “muchos” para, a partir de esa información verificada, aplicar, o no, plaguicidas. 

“Lo que hacemos es usar bolsas plásticas para embolsar el cogollo de la planta del maíz y contar cuántos insectos hay. O, más sencillo aún, se les toman fotos con el celular a varias plantas de manera aleatoria y se cuentan los insectos que aparecen en la imagen. Por cada 0.7 insectos que se encuentran se toma una decisión de control del Dalbulus maidis. Ese es el umbral que hemos adaptado de la literatura”, explica Jairo. 

Los resultados ya comienzan a evidenciarse. Según las compañías distribuidoras de semillas en el Valle del Cauca, entre el 70% y el 80% de los agricultores de maíz de la región han adoptado el monitoreo como herramienta para la toma de decisiones de aplicación de medidas para el control del insecto. 

Hubo fincas que pasaron de diez aplicaciones de insecticidas o plaguicidas a cero o máximo una o dos gracias a esta estrategia y las otras medidas diseñadas desde la Alianza de Bioversity International y el CIAT, como controlar las malezas no solo del lote donde está el maíz, sino de los alrededores y de los predios de los vecinos. Con ello se logra prevenir, o en el peor de los casos retrasar, la llegada del insecto al cultivo. La idea es que, si llega, el maíz ya esté desarrollado. 

Además, se están usando trampas amarillas (control etológico) con pegamento, para de esta manera monitorear el momento exacto en el que llegan los insectos a los lotes. 

“Lo que queremos es que los agricultores tomen decisiones de aplicación o no de agroquímicos de manera informada. Así, aplicando cuando se necesita y en las cantidades adecuadas, bajamos costos de producción y vamos a impactar positivamente el medio ambiente. Se le está garantizando un mejor margen de ganancias a los agricultores de maíz”, dice el investigador Jairo Rodríguez Chalarca.

El modelo ya comienza a ser implementado en Ecuador, Perú, Honduras y Panamá, donde los agricultores también están amenazados por el Complejo del Achaparramiento de maíz transmitido por Dalbulus maidis. 
 

Datos


- El Valle del Cauca sembró y registró para la vigencia 2021, 18,032.23 hectáreas de maíz. 15,883.42 de maíz tecnificado para grano duro, (857.82 de maíz dulce, 385,2 de maíz para producción de semilla y 905.79 de Maíz para choclo, ensilaje y alimentación animal (Fuente: ICA 2021).

- La presencia del Dalbulus maidis en Colombia ha llevado a que las fechas de siembra de maíz sea regulado por el ICA. En el país el único cultivo regulado para su fecha de siembra era el algodón, que tiene fechas de siembra en el centro y en el norte del país para controlar el picudo del algodón al romper los ciclos de los cultivos. El ICA igualmente concentra la siembra del maíz en fechas específicas, para evitar tener un maíz de diferentes edades, lo que favorece la reproducción del insecto.