La seguridad alimentaria moderna requiere una ciudadanía global

La dependencia del Reino Unido de las frutas y verduras de países tropicales vulnerables al clima muestra cómo el impacto local o regional del cambio climático tiene consecuencias globales.

Escrito por Colin K. Khoury (Alianza de Bioversity International y el CIAT) y Pauline F. D. Scheelbeek (Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Centro de cambio climático y salud planetaria)

Los sistemas alimentarios están vinculados intrínsecamente con muchos de los retos globales más apremiantes del mundo incluidos la desnutrición, la degradación ambiental, las inequidades sociales y la pandemia de COVID-19. Es mucho lo que se debe hacer – en muchos casos de forma urgente – para cumplir nuestros compromisos de establecer sistemas alimentarios que provean opciones asequibles, seguras y nutritivas para todos, protegiendo a su vez los recursos y procesos naturales del planeta y creando medios de vida viables.

Alinear estos diversos objetivos relacionados con el sistema alimentario presenta inevitablemente ventajas y desventajasY si bien muchas oportunidades conducen a beneficios para la economía, la salud pública y el medio ambiente, incluso las soluciones más directas conllevan complejidades

Por ejemplo, para muchos países industrializados, alentar un cambio en las dietas actuales hacia dietas más bajas en alimentos provenientes de animales (tales como la carne y los lácteos) y más altas en alimentos de origen vegetal (como frutas, verduras, leguminosas y frutos secos) es probable que reduzca enfermedades crónicas a la vez disminuyendo potencialmente las emisiones de gases de invernadero, ayudando a mitigar los impactos sobre la tierra y el agua, y deteniendo la pérdida de biodiversidadA primera vista, esta parece ser una solución gana-gana, pero las fuentes geográficas de los alimentos adicionales de origen vegetal pueden afectar el grado de sostenibilidad ambiental y la seguridad a largo plazo de la oferta.

Un análisis reciente de la disponibilidad y el origen de las frutas y verduras en la oferta alimentaria del Reino Unido encontró que un porcentaje creciente de estos alimentos eran producidos en países que son vulnerables a las sequías, el calor y otros efectos del cambio climático en curso, al tiempo que la producción nacional ha disminuido. De modo que si el Reino Unido deseara expandir la oferta de frutas y vegetales – noticia por supuesto favorable desde la perspectiva de la nutrición – traería consigo potencialmente riesgos adicionales en términos de su resiliencia.

Dado que los desafíos agrícolas aumentan día a día como consecuencia de los extremos de temperatura y lluvias, y más fenómenos meteorológicos catastróficos, la mayor dependencia en las importaciones provenientes de países vulnerables podría afectar la futura disponibilidad y asequibilidad de frutas y verduras en el Reino Unido. El cambio climático probablemente también afectará de forma adversa el tiempo de caducidad de los productos perecederos y, por tanto, incrementar las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

Los cambios reportados en la oferta alimentaria del Reino Unido en décadas recientes no son únicos. Alrededor del mundo, las naciones están cada vez más interconectadas a través del comercio de alimentos, elemento esencial del desarrollo económico, el cambio demográfico y cultural, y la globalización. La oferta alimentaria en la mayoría de países se ha diversificado durante este período – al menos en lo que respecta a productos commodity principales – y al hacerlo, se han vuelto más similares entre ellos. La oferta de frutas y verduras en el Reino Unido, por ejemplo, ha visto un incremento en la disponibilidad de frutas tropicales como el banano y la piña, acompañado de una disminución en el aporte relativo de verduras y hortalizas tradicionales como el repollo, las zanahorias y las alverjas.

Una finca de piña en Colombia. Crédito: N.Palmer

La abundancia de frutas, verduras y otros alimentos en oferta en los mercados del Reino Unido en la actualidad ciertamente da la impresión de que el sistema alimentario global no está en crisis. Las fallas del sistema quizá hubieran permanecido como conceptos abstractos para la mayoría de los consumidores y los formuladores de políticas, de no ser por la pandemia de COVID-19 y el retiro voluntario del Reino Unido de la Unión Europea, lo que de nuevo ha puesto sobre la mesa las conversaciones acerca de la seguridad alimentaria.

Entonces, ¿qué debería hacerse? En primer lugar, no cabe duda de que es necesario realizar más esfuerzos para promover un mayor consumo de alimentos de origen vegetal, como frutas, verduras, legumbres y frutos secosEl bajo consumo de frutas y verduras sigue siendo uno de los principales factores de riesgo alimentario de muertes y años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) en el Reino Unido, al igual que en el resto del mundo. En Inglaterra, sólo el 30% de los adultos y el 18% de los niños consumen las cinco recomendaciones diarias de fruta y verdura, con niveles similares o peores en Escocia, Irlanda del Norte y Gales. Trabajar para que las frutas y las verduras sean una opción atractiva, fácil y normal (por ejemplo, incluyéndolas en las ofertas de "compre uno y llévese otro gratis"), debería formar parte de una estrategia más amplia para promover una alimentación saludable.

¿De dónde obtener estos alimentos saludables? El Reino Unido depende en gran medida de las importaciones de alimentos, y la disponibilidad de tierra cultivable es una de las principales limitaciones para aumentar la producción local. Por tanto, aunque el aumento de la producción local de frutas y verduras puede tener ventajas, como la reducción de las emisiones del transporte y las nuevas oportunidades de empleo, estas solo pueden llegar a cubrir las necesidades previstas. Para reforzar su seguridad alimentaria, el Reino Unido haría bien en apoyar proactivamente la resistencia y la sostenibilidad de sus alimentos de origen internacional. Aproximadamente el 76% del agua utilizada en la cadena de suministro de frutas y verduras del Reino Unido se extrae de otros lugares, incluso de países con escasez de agua. demanda de carne. Las emisiones de gases de efecto invernadero se producen mayoritariamente durante la producción, más que en el transporte u otros aspectos de la cadena de suministro de alimentos.

Integrar las preocupaciones de sostenibilidad en los criterios comerciales del Reino Unido e invertir en tecnologías que ayuden a la agricultura mundial a prueba del clima – incluida la intensificación sostenible de las zonas de producción, así como el aumento de la eficiencia en las cadenas de suministro – ayudarán a impulsar los sistemas de producción de frutas y verduras en muchas regiones del mundo hacia una mayor resiliencia. Garantizar que sus preferencias comerciales estén en consonancia con los objetivos internacionales de desarrollo y que las nuevas tecnologías se distribuyan ampliamente para no exacerbar las disparidades dentro de los sectores agrícolas de los países de origen, también ayudaría a abordar los desafíos de la equidad.

La fusión del Departamento de Desarrollo Internacional (DFID) y la Oficina de Asuntos Exteriores y de la Mancomunidad (FCO), además de las negociaciones comerciales post-Brexit actualmente en curso, hacen que sea un momento oportuno para garantizar que el comercio se alinee con la salud humana y planetaria, así como con los objetivos de desarrollo internacional, proporcionando seguridad nutricional, sostenibilidad ambiental y progreso social no solo para el Reino Unido, sino también para los países de los que depende cada vez más para su sustento.

Estudios relacionados:

Khoury C. K. et al. Trade and its trade-offs in the food system. Nature Foodhttps://doi.org/10.1038/s43016-020-00169-6 (2020)

Scheelbeek, P. F. D. et al. The impact of global climate change on the resilience of UK fruit and vegetable supply: challenges to achieving a sustainable “5-a-day”. Nature Food https://doi.org/10.1038/s43016-020-00179-4 (2020).


*This article was supported by the Sustainable & Healthy Food Systems Project, Funded by the Wellcome Trust’s Out Planet Our Health Programme.

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